Corrida con aroma de despedida esta 14ª del abono de la Feria de Sevilla 2025. Morante de la Puebla y Daniel Luque, dos de los toreros base de los carteles de este año se despedían de la Maestranza hasta que llegue San Miguel. Lo acompañaban en el cartel Tomás Rufo, sensación de los últimos años, en su único paseíllo en esta Feria. Y los toros de Garcigrande no ayudaron a que la tarde fuera buena.
Si bien la presentación fue notable, excepción hecha del quinto, el juego no fue igual y se echó de menos esa casta que en otras ocasiones han exhibido.
Protagonismo para el presidente, Fernando Fernández-Figueroa, que si bien aguantó las exageradas peticiones de oreja en el segundo (Luque) y el en tercero (Rufo) sucumbió en quinto y sexto, seguramente usando el flojo argumento de “el conjunto de la tarde”.
Y es que las faenas de Luque, aun estando muy por encima de su toros, no dieron para trofeos, precisamente por la falta de condiciones de sus enemigos. El segundo se iba después cada lance y manseaba. El buen quite de Rufo acabó de enseñarlo, así como las veces que, al principio de la faena se coló por el izquierdo. Tras una serie para cambiarle los terrenos, engarzó una buena de derechazos y otra de naturales, procurando siempre templar mucho porque cuando el toro rozaba la muleta cabeceaba, echaba la cara arriba y no había quien pudiera con él. Cuando el de Garcigrande se fue a las tablas Luque, valiente, se metió allí con él, aunque los muletazos que dio no fueron del todo limpios. Mató de una certera estocada y tras una insuficiente petición dio la vuelta al ruedo. Hubo protestas, pero ni la petición fue mayoritaria ni la faena para oreja, ya que le faltó un punto de pulcritud que el toro no permitía. El quinto era alto, pero anovillado. Su comportamiento se fue complicando conforme avanzaba la lidia y en la muleta no fue muy distinto. Pese a eso, Luque pudo dar varias buenas tandas, destacando una por la derecha con cambio de mano por detrás, molinete y pase de pecho. Pero cada vez que parecía que la faena iba a coger ritmo, continuidad, el toro se encargaba de echar un chorrito de agua fría a la expectación para impedirlo: parón, gañafón, media embestida… La estocada cayó baja y la incomprensible petición, no mayoritaria, fue secundada por el presidente.
El lote de Rufo no estuvo del todo mal, sobre todo por la calidad que, a ratos, mostró el sexto. Distraído en los dos primeros tercios, salía de los lances para quedarse fijo mirando al tendido. Pero llegó a la muleta bien y la tomó con codicia en los primeros intentos del toledano, mostrando la raza que le había faltado a sus hermanos. El joven matador no llegó a acoplarse por el pitón derecho pero sí dio buenos naturales, con media muleta arrastrando sobre el albero, que elevaron el nivel de la faena aprovechando la clase del toro. Mató de estocada y la petición fue más de decir “aquí mandamos nosotros” (el público) que de verdadero merecimiento. Orejilla concedida. El tercero de Garcigrande se llevó unos bonitos lances de recibo culminados con tres medias. El toro embestía con codicia, pero le faltaba raza, de forma que ni los primeros derechazos de rodillas ni los siguientes naturales consiguieron transmitir que la faena estaba siendo plena. Siempre daba la impresión de que faltaba algo. Tal vez el torero debió poner algo de ese picante que faltaba en el ruedo, pero aunque Tomás Rufo tiene una cabeza mejor que bien amueblada no es esa su condición. La estocada cayó baja pero ello no fue óbice para que el púbico, fiestero, pidiera el trofeo, que quedó al final en ovación.
¿Qué decir de Morante? ¿Qué más escribir que no se haya escrito ya? ¿Por qué siempre destaca aunque ninguno de sus toros valga un pimiento? Este genio de la tauromaquia, leyenda viva de la Fiesta Nacional, tiene recursos para sacar lances lentísimos, para que se le ocurra iniciar la faena con un pase de pecho con el cartucho armado y sin desplegar la muleta, para ofrecer siempre detalles incluso aunque su enemigo, el primero de la tarde en este caso, no tuviera fuerza ni raza y, además, manseara. Dio menos de media y un descabello. Y al cuarto lo llevó a la muleta por la izquierda con pases llenos de sabor garbosamente rematados por bajo. Intentó seguir por la dcha, pero el toro se quedó parado y se vino abajo probando antes de cada embestida. Aun así, pudimos ver esos detalles únicos, hasta arrancarle una última serie de derechazos domando los cabezazos del toro y su tendencia final a acostarse, en una faena que fue un derroche de sabiduría, de valentía y de control absoluto de la lidia. Pinchó antes de dar una estocada atravesada y baja y fue avisado para después recibir una cálida ovación.
Pero no acabó ahí su tarde. Cuando se cambiaba el tercio después de picar al sexto, el genio de la Puebla se fue para él y le instrumentó dos verónicas y una media a modo de despedida de su Feria que se quedarán con nosotros eternamente.
Finalizamos hoy como empezamos la primera de José Antonio Morante Camacho, el día de su retorno más esperado, el Domingo de Resurrección 2025: ¡Larga vida a Morante!






