Sin que nadie se explicara las causas, los primeros transeúntes del nuevo día, camino de sus trabajos, se han llevado la sorpresa, a una hora temprana y antes de que dieran las 7,30 horas, de que la Giralda y gran parte de la Catedral se encontraran encendidas. Puede que la razón obedezca a tareas bien madrugadoras de restauración de zonas de cubiertas del templo metropolitano. A ciencia cierta, se ignora. Pero en cualquier caso ha ofrecido esta visión absolutamente inusual en el corazón de la ciudad.
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Precioso, al revés que la situación de España.
Gabe Abrahams Villaescusa