Dos aspectos llaman poderosamente la atención del Egopa publicado en la mañana de este lunes. La encuesta sobre intención de voto del considerado como el CIS andaluz pone de relieve que Ciudadanos viene como un tiro, arrasando en el panorama político, con todas las expectativas posibles y con pinta de gobernar a medio plazo en Andalucía, en los ayuntamientos y en el gobierno de la nación. La otra noticia destacable no es el descalabro del PP de Juanma Moreno, que también, sino la fortaleza PSOE de Andalucía de Susana Díaz que a pesar de los casi cuarenta años de gobierno ininterrumpidos y de la reciente crisis interna, aguanta el tirón electoral sin apenas desgaste. Lo cierto es que Ciudadanos surfea sobre la ola del éxito cosechado por el buen hacer de sus principales líderes, Albert Rivera, Inés Arrimadas y el acierto de los dirigentes municipales como en el caso de Sevilla, donde Javier Millán, destaca por ejercer la llamada «oposición constructiva». No pintaba bien Ciudadanos al inicio de esta legislatura. Una gran mayoría de sus votantes dijeron sentirse «estafados» por el apoyo de la formación naranja a Susana Díaz para permitirle formar gobierno. De aquel estado de cosas, de aquella incipiente desafección del voto a Ciudadanos en Andalucía, se ha pasado a un apoyo sin fisuras a la formación política aún emergente, que algo debe haber hecho bien, también en Andalucía, para que consiga no sólo pasar de cuarta a segunda fuerza política, sino ser también la más votada en Andalucía en caso de elecciones generales, tener al líder más valorado, Juan Marín, y ser el partido que más simpatía genera en Andalucía. Con todo, no se pueden obtener mejores datos en sólo un año.
Al margen del ascenso imparable de Ciudadanos, destaca la fortaleza del PSOE de Andalucía, partido hegemónico en esta tierra desde la instauración de la democracia. Ningún otro partido político ha gobernado la Junta de Andalucía. Los andaluces estamos apuntados al PSOE que a pesar de sus problemas internos, de gran envergadura, sus vaivenes ideológicos y, también, sus casos de corrupción, aguanta fielmente a su electorado andaluz cuyo suelo le garantiza, con apoyos puntuales, el gobierno de Andalucía. Aunque Susana Díaz no es la dirigente más valorada, con críticas mayoritarias a la labor de su gobierno autonómico, el PSOE sigue ahí, imbatible. Después de casi cuatro décadas, tendremos que concluir que los socialistas se han mantenido en el gobierno en gran medida por sus éxitos, que los ha tenido, pero sobre todo por la incompetencia manifiesta de todos los partidos de la oposición y sobre todo por un Partido Popular que nunca, jamás, ha tenido la más mínima oportunidad de gobernar en Andalucía. Por mérito propio. De seguir la deriva del PP andaluz, campo de las batallas internas internas entre María Dolores de Cospedal y Soraya Sáenz de Santamaría, lo que queda por venir es muy parecido a lo que le ocurre en Cataluña, donde el PP es ya una formación marginal e irrelevante.
En cuanto a Podemos, formación que también retrocede en intención de voto, el análisis sobre su caída es, básicamente, muy parecido al que se podría formular para analizar su situación política a nivel nacional. Las continuas ocurrencias de sus dirigentes, sus notables contradicciones, su indefinición en cuestiones nucleares, sus simpatías hacia regímenes totalitarios y, sobre todo, la gestión de sus alcaldes, explican en gran medida la caída en intención de voto de Podemos.
La encuesta del Egopa está siendo celebrada y lamentada en los despachos oficiales y de los partidos políticos andaluces. Pero hay dos personas que deben estar especialmente satisfechas. Susana Díaz, que lograría mantener el gobierno andaluz y Juan Marín que vuelve a tener en su mano la llave de la gbernabilidad. Y, probablemente, lo mejor para ambos: consiguen mandar mensajes internos muy claros a sus respectivos partidos políticos.





