Alfonso Oliva Soto nació en Camas, donde duerme el sueño del toreo de Sevilla, en 1987. Años de contrastes entre los toracos de Madrid y aquella faena inolvidable de Rafael de Paula —una de sus debilidades— a “Corchero”, de Martínez Benavides, donde el de Jerez se mareaba tras cada muletazo, que escribió el cronista. Antes, se había encerrado en el coso del Baratillo con seis toros. 1987: el año en el que le arrimaron candela a Curro Romero y la justicia sentenció que “el currismo es una religión”. El año en el que la banda de Tejera grabó lo de “Plaza de la Maestranza”, cruz de guía de cada tarde de toros en Sevilla. El año del quite de ensueño del malogrado Paco Robles en Las Ventas. El mismo año en el que Roberto Domínguez dijo “aquí estoy yo”.
Por sus venas corre sangre torera, que su a su tío Soto Vargas se le escapó la vida en el albero maestrante. Es capillita, y de nazareno sale con la hermandad del Gran Poder de Camas y con las sevillanas del Baratillo y de los Gitanos. Es flamenco y se inspira escuchando a Camarón lo de la “Leyenda del Tiempo”. Trata de mirarse ahí, en esos quejíos, en ese espejo gitano. Vive en Camas con su mujer y sus dos hijos —Alfonso y Pablo— y no para de entrenar en el campo familiar. Tampoco para de tentar, porque lo necesita, se lo pide el cuerpo: Desde El Parralejo a lo de Cayetano Muñoz, desde Soto de la Fuente a lo de El Parralejo, cuartel general de Rafael Molina Candau, su apoderado.
Oliva Soto a sus 38 años es, a qué dudarlo, un toreo distinto. Un torero —vestido de azul cielo y oro, como el maestro Pepe Luis— de esos que te dejan huella en la memoria con un detalle, con medio capotazo, con un muletazo. Pero el toreo de hoy en día, el de este siglo XXI, que pide cantidad antes que calidad, hay veces que no entiende, o no termina de entender, a ese tipo de toreros que con quince muletazos corta orejas que valen su peso en oro fino, oro de bordado en terciopelo morado. La vida ha cambiado. Y la sociedad. Y el toreo…
– ¿Qué ha pasado con la empresa de Sevilla este año para que tu nombre no aparezca en los carteles?
– Mi apoderado se puso en contacto con la empresa y no habrán creído oportuno contar conmigo. Es una pena muy grande para mí y para mis amigos, mis partidarios, mi familia. Creo que el aficionado de Sevilla gusta de mi manera de torear. Es una pena. He toreado en todo tipo de carteles y ahora no han contado conmigo por la razón que sea. Nunca le he vuelto la cara a lo que viniera bien. Ha sido mi apoderado quien llamó a la empresa interesándose y no ha podido ser. Mi sueño es que Sevilla disfrute de mi toreo.
«Hoy en día no se escucha. Ni al aficionado ni al periodista que pone un poco de orden en estas cosas»
– El toro, como bien sabes, no admite mentiras ni medias tintas. ¿Las hay en el mundo de los toros?
– En los despachos hay muchos intereses. Supongo que cada apoderado mira por lo suyo. Y cada empresario también. Quizás, en este mundo, se debería escuchar más al aficionado, que es el que llena las plazas y paga. Y hoy en día no se escucha. Ni al aficionado ni al periodista que pone un poco de orden en estas cosas.
– A los aficionados que te echan de menos… ¿Qué les dirías?
– Les diría que estoy muy disgustado por no estar en Sevilla. Y que vengan a verme a Sanlúcar la Mayor el 21 de febrero, que voy a poner, como siempre, todo el corazón y el alma. Aunque creo que sería justo que pudieran verme en Sevilla. Esperemos que la empresa recapacite, le dé una vuelta al tema, y nos meta en los carteles. Yo lo voy a dar todo.
– ¿Se quitan las ganas de ser torero con estas cosas?
– No. Nunca. Jamás. No, porque torero es uno y lo demuestra cuando se presenta la oportunidad. Ser torero es mi forma de ser y de vivir y creo que, gracias a Dios, lo hago en la plaza cuando un toro me mete la cara.
– La historia del toreo está llena de protestantes. Sin ir más lejos, Fernando Villalón, que cuando crió sus toros bravos ya no le servían a Joselito para el toreo de Belmonte ¿Cómo se podría arreglar esta política en la tauromaquia, que viene desde tan lejos?
– Lo más justo es escuchar a los aficionados. Ellos saben más de justicia que todos. Ellos pagan. Yo, con todos mis respetos, me pongo en sus manos. Cuando uno escucha al público es más justo y meritorio que los negocios de los despachos.
– En los buenos aficionados quedan tus triunfos. En Sevilla, por ejemplo, con el Conde de la Maza en 2010, que pinchaste aquel toro. O el toro de Virgen María, ¿te conformas con la oreja?
– Creo que no me benefició lo de que fuera el primer toro, que aún no está el público metido en la faena. El toro, que era de primera, tenía una presencia de Bilbao y lo tuve que torear en Sevilla, donde ya sabemos cuáles son nuestros gustos. Uno nunca sabe dónde está la suerte. Y eso que yo me atrevo con lo que venga bien.
– En el festival de los Gitanos cortaste dos orejas. ¿Qué te queda de aquellas tardes?
– Primero, mucha felicidad por hacer el paseíllo en un homenaje a Curro Romero, y después poder torear a gusto, cuajar al toro y sentirme feliz y torero.
– Antonio Nazaré y Agustín de Espartinas, gente de tu quinta, se aburrieron. ¿O los aburrieron?
– En mi época, de cuando yo empecé, hay muy buenos toreros. Escribano, Emilio De Justo, Luque, Pepe Moral… Pero la vida es diferente para cada uno. La suerte y el momento son fundamentales. Y todos tenemos nuestras circunstancias y nuestras motivaciones.
«Que tu familia se dedique al toro de toda la vida, que tu tío haya perdido la vida en la Maestranza, que tu abuelo hubiera sido picador de toros con figuras del toreo… eso marca desde que uno está en la cuna»
– Se habla mucho de que los toreros con reata llevan el lastre de los antepasados. También, de los que nacen en determinado lugar, pues hay pueblo que se identifican con el toreo. El ser Soto y el nacer el Camas, ¿hay sido rémora o aliciente?
– Un aliciente siempre. Que tu familia se dedique al toro de toda la vida, que tu tío haya perdido la vida en la Maestranza, que tu abuelo hubiera sido picador de toros con figuras del toreo… eso marca desde que uno está en la cuna. Para mí es un orgullo, y un respeto muy grande, poder dedicarme a esta profesión. La sangre y la memoria son muy importantes.
– Han pasado ya 17 años de tu alternativa en Sevilla. ¿En qué ha cambiado aquel niño que ilusionó a la afición?
– El mundo del toro es un mundo muy bonito, de muchos valores, sacrificio y Arte, donde un hombre se juega la vida para expresarse y eso es lo más importante. Por eso durante el tiempo, perdura la Tauromaquia y la pureza.
– ¿El futuro, para remontar, puede estar en Francia?
– Todas las plazas son importantes. Y más hoy día, con las redes sociales y demás. Lo importante es la próxima fecha de Sanlúcar el 21, luego llegará Francia, Gimeaux, el 8 de marzo.
– Eres muy madrero. ¿Qué significa esa mujer, ese apellido?
– Una madre es lo más importante, quien te da la vida. Y como buen hijo pues igualmente se da la vida por ella y por hacerla feliz, como por cualquier familiar o amigo querido.
«La Maestranza me tiene en el corazón desde que me presenté»
– Soy consciente de que Sevilla te espera y el que no estés este año duele al aficionado. ¿Qué le dices al afionado?
– Es muy bonito y un orgullo. Que la mejor afición del mundo taurino te aprecie y te quiera es un sueño. Esto, gracias a Dios, puedo decirlo en voz alta y clara. La Maestranza me tiene en el corazón desde que me presenté.






