
El día de los enamorados y conduciendo una moto por la calle Torneo. Dios no da puntadas sin hilo, y esta vez parecía emular uno de esos bordados del manto de tu Virgen de Montserrat, que ya te ha acogido en sus amorosos brazos, esos que durante tantos años contemplaste siendo hermano mayor de una de las hermandades más representativas del Romanticismo, la que con su luz y su majestuosidad preludia en la tarde del Viernes Santo un inminente Domingo de Resurrección.
El mismo día en que ibas a repetirle, una vez más, a Quica que era la mujer de tu vida, aquella muchacha de la Compañía de María que nos presentaste a los que fuimos tus compañeros en los lejanos días de estudiantes de la Facultad de Ciencias Económicas y Empresariales, en el edificio de Matemáticas de la avenida de Reina Mercedes.
Subido en la moto, paradigma de la libertad con que siempre manifestaste tus ideas, con esa asertividad de quien está convencido de sus valores mientras no haya nadie que le muestre otros mejores. Y precisamente en la calle Torneo, desde la que tantas y tantas veces contemplamos los avances de la Expo 92, con la ilusión de quien estaba viviendo una era de cambio, y a la larga, un cambio de era.
Tuviste el honor de ser pregonero joven de la Semana Santa de Sevilla en la Hermandad de los Estudiantes; llevaste a gala el amor por el escudo blanquirrojo de los tres santos, sobre todo con nuestro añorado bético Pepe Moya, magnífico emprendedor casado con tu hermana Concha; después de tu paso por Persán, continuaste desde su Fundación impulsando programas de formación y empleo para personas en situación de vulnerabilidad; supiste transmitirnos tu profundo sentido de la justicia social con el ejemplo de tu entrega a los más pobres, los humildes habitantes de esa periferia que componen los presos, con el impulso de la Asociación por la Reinserción social Zaqueo, desde aquel día en el que sentiste en lo más profundo de tu alma la mirada del Cristo de la Conversión del Buen Ladrón; fiel enamorado de las tradiciones sevillanas, cuidaste año tras año de que la comitiva del Corpus Christi de nuestra ciudad respetara el canon litúrgico; fuiste un ejemplo de honestidad y compromiso cuando decidiste figurar en la lista de Ciudadanos al ayuntamiento de Sevilla.
Amigo Paco, nos marcaste una senda a todos los que te conocimos que a buen seguro continuarán otros, con la firme convicción de que se encontrarán contigo cuando Dios les llame. Hasta siempre, compañero.
Alberto Amador Tobaja

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