Los Toques de las Lágrimas de San Pedro

Un año más desde la Giralda, los Toques de las Lágrimas de San Pedro cruzarán el aire de Sevilla. A las doce de la noche, recién estrenado el día 29 de junio, y a las doce del mediodía, los clarineros de la Banda del Sol interpretarán por cada una de las cuatro caras de la alta torre los sones que proclaman la festividad litúrgica celebrada por el orbe católico.

Es una tradición secular de Sevilla que, sin embargo, se vio interrumpida durante mucho tiempo por diversas circunstancias históricas, hasta que el empresario Rogelio Gómez Trifón, el escritor Antonio Burgos y el canónigo Pérez Estudillo se propusieron recuperarla. Costó años de esfuerzo y trámites, pero se logró finalmente. A día de hoy, y desde su nueva etapa iniciada en 1986, ha sobrepasado nada menos que tres décadas. En ellas siempre fue la prestigiosa Banda del Sol la formación que se encargó de ejecutar, con sus clarineros, los característicos Toques de las Lágrimas de San Pedro, unas notas breves y precisas con las que hubo de hacerse casi por oído, recurriendo a la memoria. Como bien los definió el cronista por excelencia de la ciudad, Antonio Burgos, suenan como unos clarines maestrantes a lo divino. Los Toques de las Lágrimas alcanzaron incluso la categoría discográfica en grabaciones de la Banda del Sol para la firma sevillana Pasarela.

El acto en sí de la ejecución de los Toques está precedido por todo un ritual íntimo que discurre sin asistencia de público por el interior de la Catedral, en esos momentos cerrada. Lanceros y clarineros de la Banda del Sol acceden al templo metropolitano a las diez y media de la noche del día de la víspera, 28 de junio, para vestirse en unas dependencias con el uniforme de gala que lucen en las procesiones de la Semana Santa de Sevilla, como cuando acompañan a la Piedad del Baratillo. Es el conocido uniforme azul ennoblecido por el plumaje blanco de los cascos, que hace tan rápidamente identificable a la Banda del Sol, además de por sus interpretaciones impecables, conmovedoras en sus armonías. Por cierto que ese uniforme tendrá ciertas modificaciones en 2020, considerándose como uno de los grandes estrenos de la Semana Santa del próximo año.

Los lanceros y clarineros de la Banda del Sol cruzan a través de un sobrecogedor silencio las naves catedralicias, bajo las altas bóvedas, impresionando su lento desfile, que va dejando la acústica respetuosa y solemne de las pisadas de su marcha. Al llegar ante la capilla real, en la que se encuentra la Virgen de los Reyes, la formación se gira ante la Patrona de Sevilla y se arrodilla ante Ella.

Pocos han sido los privilegiados que a lo largo de treinta y tres años han tenido la ocasión de contemplar esta ceremonia, en la que se acaricia con los dedos el alma de Sevilla. Entre ellos, se cuentan personalidades que han disfrutado poder presenciarla, como en su día lo hicieron el cantautor Carlos Cano, el arzobispo de Sevilla, monseñor Asenjo, y hasta el alcalde Juan Espadas con su esposa, el año pasado.

Los Toques comienzan a partir de las doce de la noche, desde el cuerpo de campanas y tras el repique de la Giralda anunciando gloriosamente la entrada en la festividad de San Pedro y San Pablo. Son cuatro, uno por cada cara de la famosa torre, en una proclamación vibrante a los cuatro puntos cardinales, que cientos de sevillanos escuchan desde la Plaza de la Virgen de los Reyes y calles próximas a la Catedral.

Por una ocasión excepcional y al coincidir la fecha con la restauración del cuerpo de campanas, los Toques se dieron hace unos años desde la planta inmediatamente superior a la de las azucenas de la Giralda.

En la actualidad es su máximo responsable y patrocinador Rogelio Gómez Trifón. Desde que el empresario sevillano se jubilara, hay que añadir a su interés por velar el cumplimiento de esta hermosa tradición, el hecho de que se desplace desde su residencia en Santander hasta Sevilla, exclusivamente por unas horas y para que se cumplan con el rigor que tiene comprometido con el Cabildo catedralicio los Toques de las Lágrimas de San Pedro, uno de los tesoros de Sevilla, el que allá arriba de la alta Giralda se alcanzó como uno de los cielos que no perdimos.




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