El fanatismo laico protesta por los paneles de la Virgen Macarena en el Hospital Virgen Macarena del barrio de la Macarena

Los talibanes de la religión laicista siguen a su rollo y no desaprovechan la menor ocasión en su soberbia de hacer el ridículo. “Denuncian” ahora, dicen los tíos, que el Hospital Virgen Macarena, que está en el barrio de la Macarena, justo donde se encuentra la Basílica de la Virgen Macarena, y todo así, que han decorado una planta (es la primera, no la segunda como dicen ellos) con iconografía del rostro de la Virgen pintada por siete artistas. Nuria Barrera, Javier Jiménez Sánchez-Dalp, José Ciruelo, José Tomás Pérez Indiano, Irene Dorado Miret, César Ramírez Martínez y Pepillo Gutieérrez Aragón

A su juicio, esto es mezclar la religión con el Estado (que es aconfesional, no laico como pretenden ellos), lo mismo que cabría decir de un Museo, que al pertenecer al Estado tampoco debería contar, según el mismo silogismo rancio, con iconografía artística vinculada a religión alguna…, aunque luego se les desliza la impostura y entienden que debe haber de todas las religiones o de ninguna: o sea, que no es la religión en general lo que parece molestarles aunque se pretendan a sí mismos representantes de una neutralidad imbécil, sino que les jode la simbología y la iconografía cristiana y nada dicen cuando visitan el Alcázar y contemplan las suras del Corán escritas por todas partes.

La falsaria actitud de estos personajes, al igual que las tropas incandescentes del feminismo radical o de los colectivos LGTBI y etc, suele esconderse siempre detrás de un logotipo para ocultar que detrás de los cientos de siglas que acumulan para cobrar subvenciones de nuestros impuestos caben todos en un taxi (hay más del doble de asociaciones feministas en Andalucía trincando subvenciones que pueblos tiene la comunidad autónoma).

Asimismo, actúan como un vector fanático y dogmático o como de una secta, que es lo que son, porque lo que desearían no es eliminar ninguna religión sino imponer la suya, con sus dogmas, sus asertos, sus ritos, sus liturgias, su predicación, sus códigos morales, sus profecías, sus conversiones…

No hay en el trasfondo de un ateo o un fanático del laicismo otra cosa que una religión que combate sin descanso a otras religiones asentadas durante milenios y que ellos impondrían no mediante la convicción que puede otorgar la Fe individual, sino mediante el uso de la herramienta más propia del Estado, que es la Ley, de forma que jamás separan su laicismo, que no es agnosticismo, sino firme voluntad y Fe en la inexistencia de Dios ni de otra Cultura que la suya, de la propia materia que reclaman para el resto.

Para ellos la religión es el Estado, no la propia voluntad compartida de los individuos, de los ciudadanos libres, y desean someter a su propia y minúscula voluntad vertical e intolerante a todo el resto, al corpus social que defiende una señas compartidas y elegidas.

A saber qué es lo que le impide a los tres o treinta y tres majaras que se esconden detrás unas siglas diseñadas para el trinque de subvenciones la exhibición artística de un muro creado por artistas andaluces que vinculan a la gran mayoría de ciudadanos con el tránsito difícil de esperanza ante el dolor y la enfermedad o en el trance hacia otra vida y que, además, representa un caudal cultural que constituye uno de los pegamentos que mantiene unidas a nuestras sociedades como grupo.

Aprovechan la ocasión estos monjes de su secta laica para reclamar que tampoco los colegios u otros edificios públicos lleven nombres de personajes integrados dentro de la religión cristiana, de tal modo que el mundo termine por hacerse con el tiempo incomprensible hasta que nadie pueda unir la existencia de la Pietá de Miguel Ángel Buonarroti con el mundo real que la hizo posible o hasta que San José de Calasanz resucite por la gracia de la Ciencia racional y se declare ateo, agnóstico o laico en una nueva vida.

Esto de “Andalucía Laica” es una anécdota risible, sí, pero es una muestra más de la permanente inmundicia y la ceguera dogmática de la que se rodea la progrez de nuestros días, que desea condenar al reducto de lo privado los símbolos y las señales compartidas, pero calla o aplaude cuando se publicitan cabalgatas carentes de pudor alguno o se manifiestan con banderas en los edificios públicos la condición sexual de algunos, porque, como todo el mundo sabe, la condición sexual que a cada cual le plazca sí que debe ser materia que hasta se proclame en público y se promueva en las escuelas.

La iglesia laica vuelve a hacer exhibición obscena de sus mantras construidos con la hemiplejia que la caracteriza, tuertos de fe, no ciegos, porque no dan puntada sin hilo y aprovechan la menor ocasión para denostar a quienes desean sustituir para imponer sus propios dogmas.

Son tan intolerantes e irrespetuosos que el pueblo les condena desde hace siglos a la insustancia con sus declinaciones de odio permanente hacia Cristo disfrazadas de falsa neutralidad y de una aconfesionalidad que no ejercen.

Por lo demás, cabe añadir que no sólo la primera planta del Hospital Virgen Macarena, sino muchas otras vienen siendo redecoradas cíclicamente por la dirección del centro con obras de todo tipo, no sólo de simbología religiosa, de pintura y fotografía del acervo cultural andaluz, desde el costumbrismo a estampas turísticas o exhibiciones temáticas temporales. Falta que salgan los animalistas a decir también su chorrada y protesten si se exhiben estampas de caballos o taurinas.

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4 Comments

  1. Rafa55 dice:

    Demasiada macarena en un hospital público. Ya está bien de fanatismo religioso y estupidez supina.

  2. Ernesto dice:

    Excelente artículo Jose Maria, soberbia prosa, claridad de ideas, vehemente y racional.
    Un placer para los sentidos y el pensamiento leerte. Un saludo

  3. José Mª Arenzana dice:

    Y hasta en los Museos… ¡Arsa!
    Su fanatismo ‘religioso’ sí es sumamente estúpido, sí.

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