Comprensibles propagandas

Hay cosas que se comprenden muy bien. Como la publicidad de las empresas de seguridad cuyo negocio consiste en vender dispositivos antirrobo para inmuebles y viviendas, y su interés en difundir todo aquello que nos atemorice sobre un aumento de okupaciones, asaltos y robos en domicilios; algo que, por cierto, significa aceptar el humillante fracaso de un Estado de Derecho incapaz de garantizar la seguridad de todos, y no sólo de los que puedan pagársela.

E igualmente se comprende la omnipresente alarma de quienes, para colocarnos determinadas medidas políticas y económicas que en otro caso rechazaríamos por irracionales, nos machacan con agoreras proclamas que siembran el temor en la opinión pública sobre un inminente apocalipsis climático.

Y de similar comprensión resulta la interesada propaganda de todos esos políticos y asociaciones progre feministas, que viven de la denuncia de la mal denominada violencia machista o de género (porque en realidad es de parejas y exparejas). Al constituir éste un desgraciado y doloroso problema que nunca podrá erradicarse totalmente, y fundamentar su solución en las subvenciones económicas que reciben sus chiriguitos y en las campañas que criminalizan a los hombres, es lógico su interés por multiplicar los ecos de cada crimen sin cesar de repetirnos lo malísimos y violentos que somos los hombres españoles. Y todo ello, a pesar de que el número de estas agresiones y feminicidios esté por debajo del de nuestro entorno sociocultural, y de que muchos de los agresores ni siquiera sean españoles.




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