Begoña Gómez y la excusa Ayuso

Resumidamente, la teoría política explica la democracia parlamentaria como el gobierno del pueblo a través de unos representantes elegidos mediante sufragio, que se reúnen en un parlamento para deliberar y decidir sobre las leyes y demás asuntos de su ámbito de representación. Pero en nuestro país la práctica se aleja cada vez más de esta idílica forma de Gobierno, tanto en los debates prelegislativos como en los referentes a otros temas no menores.

Entre éstos, la lucha contra la corrupción: materia donde los debates tienden a transformarse en un infantil «y tú más», y en un cruce de manifiestas o veladas amenazas, verbales o gestuales, para tapar las miserias propias con las ajenas. El resultado final es el secuestro a los ciudadanos de la posibilidad de conocer algo cercano a la verdad sobre lo que haya podido suceder. Un lamentable espectáculo que ahora mismo nos ofrecen en Congreso y Senado los partidarios del Gobierno de Pedro Sánchez acerca de las posibles responsabilidades de éste, en relación con las actividades (que vamos conociendo gracias a algunos periodistas) de su esposa Begoña Gómez en ciertos ámbitos empresariales.

Actividades que deberían ser aclaradas cuanto antes para desterrar las algo más que simples sospechas que se ciernen sobre ellas. No ofrecer ni una sola respuesta al respecto, y limitarse a airear coralmente las responsabilidades fiscales del novio de la Ayuso, constituye una grosera burla al derecho a conocer lo sucedido que tenemos los ciudadanos, que somos los que pagamos esta fiesta donde tantos se hacen ricos a costa incluso de nuestra salud.

Y si la Ayuso hubiera incurrido en alguna responsabilidad, que también se la investigue; pero sin que eso nos impida el derecho a conocer la verdad sobre Begoña Gómez.




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