“Artefactos” inútiles

Ya escribí algo en su día sobre los “artefactos” que pueblan esta ciudad y que con el paso del tiempo se ha demostrado que la función para la que fueron puestos no ha dado sus frutos, o ya los dio y ahora para lo único que sirven es para que los acerados se ensucien todavía más y se acorten espacios al siempre sufrido peatón. Escribía por entonces acerca de las cabinas telefónicas y los kioscos de prensa y chucherías que se están cayendo a pedazos y que convendría, ya lo dije, deshacerse de ellos definitivamente.

Pero hoy les escribo de esas huchas gigantescas, yo los llamo “artefactos”, que instaló Lipassam en su día y que fueron destinadas a la recogida de ropa y calzado usado. No es que estuviera mal la iniciativa, que de seguro en sus primeros tiempos cosechó el resultado apetecido. Yo mismo he sido testigo de cómo el ciudadano aportaba determinadas pertenencias y de cómo trabajadores del mencionado servicio municipal recogían las mismas.

Sin embargo, pasa con casi todo, poco a poco el motivo de su aplicación ha ido deteriorándose hasta el punto de que, hoy por hoy, sería casi mejor su retirada debido al mal uso que se hace de estas huchas benefactoras. Y lo que es peor, la violencia que se ejerce en ellas cuando se revientan las cerraduras con el fin de robar el contenido. Contenido que después pasa a integrarse en el denominado “comercio ilegal de ropa usada”. Otra actividad que ha surgido no hace mucho y que viene dando de qué hablar en los distintos medios de comunicación.

Por todo ello, estimados gerifaltes del ayuntamiento capitalino, creo que procede la retirada inmediata de estos “artefactos” inútiles. 




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