Solemne apertura en el Ateneo de la Academia Andaluza de la Historia 

El Presidente de la Academia Andaluza de la Historia, el Dr. Fernando de Artacho Pérez-Blázquez, inauguró la Solemne Sesión de Apertura del Curso Académico 2020-2021.

El acto tuvo lugar el martes 13 de octubre de 2020 en el Salón de Actos del Excmo. Ateneo de Sevilla.  El encargado del discurso de inauguración, titulado “Los Episodios Nacionales de Galdón, una visión didáctica de la Historia a través de la novela” fue el Prof. Dr. Miguel Cruz Giráldez, vicepresidente primero de esta Academia y vocal de Relaciones Institucionales del Ateneo.

El presidente de la Academia, Fernando Artacho, tras los agradecimientos de rigor y la alusión al Rey como patrono de las Academias, abrió el acto congratulándose de que pese a las terribles circunstancias de la pandemia, la Academia Andaluza de la Historia hubiera tenido una actividad cultural tan extraordinaria en las ocho provincias andaluzas, posicionándose como una de las Academias europeas de mayor actividad y producción cultural. Nada menos que ha editado en estos meses una colección de cinco libros de distintos autores, que harían un total de siete volúmenes en un año y medio, editados por el Foro Sevillano.

Fernando Artacho anunció también que el próximo acto de la Academia será el discurso de ingreso de María Fidalgo Casares, que por la pandemia  lleva meses aplazado. No obstante y pese a los acontecimientos, dado el tirón mediático de su lex magistralis “ Las iconografías históricas y Ferrer Dalmau” se está buscando un espacio más amplio que permita el máximo aforo respetando la distancias de seguridad. 

 

 

Académicos de la provincia de Sevilla en 2019

Fernando Artacho cedió la palabra a Miguel Cruz que tras agradecer la a la Academia, Ateneo y autoridades abordó de lleno el tema de su disertación que dedicó a Pérez Galdós con motivo del primer centenario de su muerte el 4 de enero de 1920.

Para el académico, Galdós es sin duda el mejor representante de la novela realista del siglo XIX, un narrador capital en la literatura castellana, y tal vez el mejor novelista español tras Cervantes. Consideró también que su gran valor fue el haber transformado las corrientes literarias narrativas de su época incorporando el realismo y la hondura psicológica frente al romanticismo imperante.

Tras la introducción, Cruz analizó la trayectoria literaria de Galdós que publicó 46 novelas en cinco series de carácter patriótico en las que aunó la realidad y la ficción, y que para el académico, no podrían entenderse sin el contexto histórico y literario de su tiempo. Y es que la Historia había surgido como ciencia a finales del siglo XVIII, vinculada al romanticismo y a la identidad de las naciones: el volkgeist.  La historia se convertirá en ciencia esencial para prevenir el futuro a partir del conocimiento del pasado y se incentivará a partir del triunfo del liberalismo con estudios destacados como los del Conde de Toreno o Modesto Lafuente. Este contexto explica la génesis de los Episodios Nacionales.

Episodios Nacionales: un proyecto inigualable

Para Miguel Cruz, suponen un proyecto literario difícilmente igualable por su calidad narrativa que sabe conjugar erudición con la captación de lo más íntimo de la forma de vida de los españoles. Su directo acercamiento a la realidad consigue acercar al lector la historia de una manera amena.

Cuando Galdós llegó a Madrid en 1843 desde su Canarias natal a estudiar Derecho, se incorporó rápidamente a la bohemia de las tertulias de los cafés literarios, comenzó su carrera en el periodismo y pronto se volcaría en su actividad como escritor al publicar su primera novela histórica, La Fontana de Oro. A partir de ella, su obra se articulará en tres grupos: dos épocas de novelas contemporáneas que enmarcan cronológicamente el grupo central de los Episodios Nacionales. Las novelas de la primera parte, están muy ligadas al realismo y al naturalismo, y las segundas, exhiben una dimensión más espiritual y un trasfondo ético. 

Cruz afirmó que fue quizás el escritor más organizado de la literatura española por la secuenciación del trabajo, la fecundidad y la responsabilidad. Eso no le hizo encerrarse en su labor, ya que fue un gran viajero, hablaba dos idiomas con gran soltura, fue político y diputado por Sagasta y su prestigio fue tan alto que la Academia sueca le propuso para el Nobel en el 1912. Nombramiento que fue frenado por una campaña interna de desprestigio por parte de los conservadores mauristas que le impidieron acceder a tan noble distinción al acusarlo de liberal anticlerical.

Los Episodios Nacionales

Dada la enjundia de la obra, el doctor Cruz analizó en profundidad los Episodios Nacionales. Para el académico, que la mitad del marco cronológico de sus episodios fuese vivido personalmente por el propio autor los convierte en una magnífica crónica de su siglo, tanto de la vida cotidiana, como de los hechos políticos, en una cota casi inigualable. Su punto de vista variado y multiforme va alternando el aliento épico con el escepticismo e incluso se acerca de modo tangencial a una tendencia cuasi socialista.

Miguel Cruz fue desarrollando la temática y personajes de cada novela, semblanzas de hombres de acción, batallas a campo abierto, los sitios, la guerra popular, la guerrilla del Empecinado, las intrigas de la corte de Carlos IV, la Pepa, el absolutismo, el trienio liberal, los 100.000 Hijos de San Luis o su incursión en la temática carlista. Destacó la maestría del enfrentamiento entre hermanos como figuras simbólicas, y que, pese a las simpatías liberales del autor, la justicia con la que retrata a los tradicionalistas es notable.

El académico abordó también la incursión del escritor en el romanticismo tanto en la política como en la guerra o los amores, y la locura del romanticismo como un rapto de la razón. También analizó la búsqueda de la identidad española en el desarraigo y el pesimismo en el contexto político y que el fin del romanticismo le hace reflexionar sobre los acontecimientos y el espíritu crítico “de la razón de la sinrazón”.

Miguel Cruz valoró la evolución del estilo del escritor a lo largo de los episodios, y cómo al final aparecen rasgos valleinclanescos con figuras mitológicas versus frases y expresiones castizas, y deformaciones y descripciones más realistas. Se vislumbra una nueva técnica de narración más veloz y colorista, y llega a un lenguaje “más hablado que escrito”, a modo impresionismo subjetivo. 

Fue cerrando su disertación con los últimos días de Galdós, ya enfermo de la vista en los que debe recurrir a amanuenses. Aún así, sus episodios no resultan una historia incompleta, sino inacabada y que Cánovas, el último episodio sí es una novela conclusiva. 

La identidad de España y Galdós. 

Tan reciente el Día de la Hispanidad, el doctor Cruz quiso destacar el acercamiento de Galdós a la España contemporánea, captando la identidad nacional de una forma más popular. Todos sus personajes son respetados, todos luchan por España: Zumalacárregui, Prim, Narváez y Galdós va creciendo como escritor entrecruzando la intriga y el tinglado histórico con arquetipos humanos. 

El escritor tuvo una vida frugal pero intensa en la que sería testigo de la España de su tiempo explorando el pasado más reciente. Sus episodios siguen fascinando a día de hoy por la extrapolación a la actualidad de los problemas que describió.

La gran modernidad del escritor radica en convertir a la Historia en protagonista novelesco uniéndose Historia y Literatura en un género con galerías de personajes simbólicos mezclados con personas reales. El doctor Cruz concluyó su brillante disertación afirmando que “La novela histórica española sería incomprensible sin los Episodios Nacionales que traslucen la profunda pasión de Benito Pérez Galdós por España”.




Share and Enjoy !

0Shares
0 0

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *