El Ayuntamiento de Sevilla y sus obras. Félix José Reinoso (II)

El Ayuntamiento de Sevilla y sus obras. Félix José Reinoso (I)

Continuamos, estimados lectores, con la semblanza de este personaje tan vinculado a la Sevilla de esa época. Cofundador de la Academia de Letras Humanas, miembro de la Escuela Poética Sevillana y clérigo afrancesado.

Reinoso celebró la victoria española sobre el ejército invasor francés de Napoleón Bonaparte en la batalla de Bailén de 19 de julio de 1808,  participó en la fiesta solemne que se celebró en Sevilla para festejar dicho triunfo militar y  apoyó la causa nacional para defender a España y salvarla de la invasión francesa. Tras desaparecer El Correo Literario en mayo de 1808, participó junto con sus antiguos compañeros en la fundación de un nuevo periódico  llamado “El Espectador Sevillano” el 2 de octubre de 1809, publicación de carácter doctrinario político de signo liberal, creado expresamente para explicar los fundamentos del parlamentarismo a fin de preparar la Monarquía Constitucional.  A principios  de febrero de 1810,  las tropas francesas del mariscal  Soult  ocuparon  Sevilla,  tras una capitulación sin lucha,  que, aunque las condiciones de la misma no se cumplieron, se evitó un baño de sangre.  Poco después llegó el propio rey José I  Bonaparte, siendo recibido bajo palio en la Catedral y  hospedándose en el Alcázar. Si bien, en principio, Reinoso no parecía querer colaborar con el invasor, dedicado a sus tareas parroquiales,  tras sopesar  sobre qué era lo mejor en aquellos momentos críticos,   aceptó como un hecho consumado e  irreversible dicha ocupación, pues estaba convencido de que era imposible  vencer a los franceses y librarse de su dominación y  de que la resistencia  era inútil y solo podía traer ruina;  además,  había contemplado la exhortación de algunos sectores del clero para que se obedeciera al rey José I Bonaparte, hermano de Napoleón,  en pro de la paz, al que elogiaban, pidiendo a los sevillanos fidelidad  al monarca, por lo que decidió colaborar con las autoridades francesas, declarándose partidario de José I y apoyándolo sin ningún reparo, con entusiasmo,  convirtiéndose en un afrancesado o “ josefino “ ( que era como se denominaba a los españoles fieles al poder francés ). Así, Reinoso  veía  este  comportamiento  como  el mejor servicio que podía prestar a la patria, como  mal  menor, compatible con su patriotismo y su amor a la independencia nacional  y  única solución para  implantar una serie de reformas profundas  de toda índole ( políticas, económicas, culturales,…) que serían beneficiosas para España, que las necesitaba para salir de un atraso secular, modernizarse y  ser una nación más poderosa.  Reinoso veía a los últimos reyes Borbones  ( Carlos IV y Fernando VII ) mediocres, ya que habían abdicado sin resistencia y se mostraban sumisos a Napoleón, y  a José I como un rey con buena reputación y deseoso de ganarse el afecto y  la confianza de los españoles, en general, y de los sevillanos en particular,  y con el que simpatizaba y al que admiraba , por lo que, fiel a sus principios monárquicos, veía preferible para España un rey renovador y reformista, agente de una “ revolución limitada,  “  frente al inmovilismo de la dinastía borbónica, que juzgaba caduca. Además, ello permitiría acabar con una guerra sangrienta que estaba provocando muchas muertes, sería garantía de orden en aquellos momentos de crisis política, de anarquía y de falta de un poder sólido ( Carlos IV  y Fernando VII  habían abdicado en Napoleón, José I se había convertido en rey de España, se había aprobado el Estatuto de Bayona, estallando la guerra como consecuencia ),  con estabilidad política y gobernabilidad,  algo necesario para la realización de las reformas,  y se  evitaría una administración militar francesa o una revolución ( debido al odio popular hacia los franceses ), así como se podría mantener íntegra la Monarquía y salvar, incluso, el imperio ultramarino. Reinoso, llevado de su honestidad y de su buena fe, veía el apoyo a la nueva dinastía como una alternativa razonable al horror de la guerra y a una causa que creía perdida, y su afrancesamiento era moderado y religioso, no llegando a renegar nunca de su catolicismo. El 10 de julio  de 1810 se trasladó la parroquia de Santa Cruz al  exconvento  de Clérigos Menores ( al haberse suprimido las órdenes religiosas y exclaustrarse a los frailes ), ya que la iglesia de Santa Cruz amenazaba ruina, según informe de algunos arquitectos , a pesar de las obras de reforma que se habían realizado con anterioridad; si bien, no se sabe si el traslado se debió a solicitud de Reinoso en persona,  por sugerencia de sus amigos en el gobierno josefino o por la  de las autoridades francesas ( se ordenó derribar la iglesia para construir una plaza con el pretexto de ensanchar el laberinto de callejuelas estrechas del barrio y que  se respirara mejor, mejorar la higiene y embellecer el lugar ).  Pero estuvo poco tiempo en su  nueva  parroquia, ya que, al adherirse al rey José I  y  prestarle juramento de fidelidad, fue nombrado prebendado de la Catedral de Sevilla,  repartiendo comida a los pobres con motivo de la  onomástica del monarca.  A comienzos de 1812, fue nombrado Reinoso miembro de una Junta de Beneficencia que se creó para socorrer a los sevillanos víctimas de un hambre terrible que se desató en Sevilla debido a las  requisas  y a las pesadas contribuciones impuestas por los franceses para hacer frente a los gastos de guerra. Conmovido por la situación, al ver que habían muerto muchos sevillanos en las calles, sobre la basura y el estiércol, y otros muchos moribundos, enfermos de inanición, organizó dos hospitales bajo su dirección, uno utilizando  el  exconvento  de San Pedro de Alcántara como hospital para hombres y otro habilitando el Hospital del Cardenal para mujeres, a fin de  recoger y atender a todos los sevillanos que agonizaban en las calles o en sus casas, víctimas del hambre que padecía Sevilla,  mendigando casa por casa limosnas en dinero o en alimentos. Además, fue encargado de supervisar el cuidado de los niños desgraciados recogidos en la Inclusa, con un enorme porcentaje de muertes, siendo ayudado en esta labor por su amigo Alberto Lista desde el periódico La Gaceta de Sevilla, órgano de propaganda de los invasores franceses,  y recibiendo, por todo ello, el elogio y la felicitación de las autoridades eclesiásticas.  

En agosto de 1812, las tropas francesas evacuaron Sevilla ante el avance del ejército español, victorioso en la batalla del Altozano o del Puente de Triana y la amenaza de sublevación del pueblo llano sevillano  ya  que, salvo una minoría de afrancesados, no aceptó de buen grado el cambio dinástico y  siempre sintió desde  indiferencia inicial  a odio  hacia los ocupantes franceses, que utilizaron muchos conventos  como cuarteles para alojar a un numeroso ejército,  además de saqueos, derribo de edificios religiosos  ( parroquia de la Magdalena, convento de la Encarnación,… )  y expolio de obras de arte y que, a pesar de las grandes fiestas y espectáculos organizados  y  de la dura represión, conspiró continuamente para expulsar a los franceses de la ciudad, provocando algunos alborotos e incidentes. Además, José I, apodado “ el intruso, “ fue solamente rey en apariencia, era débil, sin poder efectivo y rodeado de escasos fieles, ( intelectuales y una parte de la nobleza y del clero ), ya que no fue reconocido como tal por  la mayoría de los sevillanos y demás españoles, que lo veían como representante de la opresión francesa  y apenas era  obedecido  por los generales franceses, siendo un títere en manos de su hermano Napoleón  e intentando abdicar sin éxito. De este modo los afrancesados se fueron quedando aislados, sintiendo el pueblo llano aversión hacia ellos y viéndolos de forma despectiva, como traidores, antipatriotas y malos españoles. 

A partir de ahora, empieza una etapa difícil en la vida de Reinoso, siendo víctima del fanatismo y de la intransigencia, sobre todo durante los primeros años. Fue incomprendido, tratado  injustamente y con dureza, tachado de contemporizador y de oportunista, sufriendo las iras y el odio del pueblo llano sevillano que era antifrancés y muy conservador, y siendo rechazado tanto por absolutistas como por liberales, que se consideraban patriotas, acusando a Reinoso de traidor por haber colaborado con el invasor francés. Por una parte, las Cortes de Cádiz anularon por decreto todos los nombramientos de José I, perdiendo Reinoso  su prebenda catedralicia y  siendo obligado a devolver las rentas percibidas; igualmente, el Cabildo catedralicio  era reacio a reponerlo como párroco de Santa Cruz, negándose a ello y quedando, finalmente, Félix José  en situación económica precaria al perderlo todo. Por otra parte, al volver a España Fernando VII  en 1814 restableció el  Absolutismo, quedando anulada la legislación liberal de las Cortes de Cádiz, entre ellas la libertad de imprenta, volviendo la Inquisición  a funcionar, provocando desórdenes y algaradas callejeras en Sevilla, ya que los liberales no estaban de acuerdo con el retorno a la situación anterior a la invasión francesa como si no hubiera ocurrido nada durante el último período de tiempo, siendo perseguidos tanto liberales como afrancesados, y quedando muchos de ellos postergados, procesados o exiliados ( entre ellos, muchos amigos de Reinoso, tales como Alberto Lista, que marchó  a Francia, o Blanco White a Inglaterra ). El propio Reinoso fue rechazado en ambientes oficiales,  y quedó marginado,  acosado,  y  semiescondido,  sometido a depuración y siendo incluso encarcelado, aunque por poco tiempo. Toda esta experiencia le disgustó, le hizo  sufrir  y afectó a su carácter, volviéndolo  algo  desconfiado, pesimista y retraído;  viéndose  en  esa situación crítica, no encontró  ocasión propicia para componer poesía, marchando temporalmente a Jerez, donde tenía apoyos y amigos, para regresar a Sevilla cuando hubiera más calma. Reinoso alternó períodos de estancia en Sevilla y en Jerez, manteniendo correspondencia con sus amigos a través de terceras personas, quizás para evitar la vigilancia de su correspondencia, recibiendo apoyo moral de ellos pero sufriendo un “exilio espiritual. “  A  pesar de todo,  también contó con el afecto y el aprecio de sevillanos, sin importar  las ideas políticas, era amigo de sus amigos y por ello mantuvo una frecuente y abundante  correspondencia con ellos mediante  cartas (aunque la Academia de Letras Humanas se cerró, y sus miembros se dispersaron, conservaron entre ellos una sólida y fiel  amistad, manteniendo contacto a lo largo del tiempo).  Sus apuros económicos  se vieron solucionados hacia fines de 1815 al concedérsele la Cátedra de Humanidades de la Sociedad Económica de Sevilla gracias a la gestión de algunos amigos sevillanos, cargo que desempeñó durante unos cinco años, algo vital para su sustento, y el  8 de enero de 1816,   leyó Reinoso  su discurso inaugural titulado  “ Sobre la influencia de las bellas letras en la mejora del entendimiento y la rectificación de las pasiones “, publicado por dicha sociedad y a sus expensas  en 1816;  Reinoso impartió sus clases en unos locales de la Universidad de Sevilla, ubicada, entonces, en la antigua Casa Profesa de la Compañía de Jesús. Al parecer, facilitaba a sus alumnos sus lecciones escritas, y por aquellos años y para sus clases, Reinoso redactó un Curso de Humanidades para el que pidió consejo a sus amigos Lista y Blanco White y  que intentó publicar, pero que se le sugirió que pusiera el citado curso bajo la protección del infante Don Carlos, hermano del rey Fernando VII, y, según parece, escribió el discurso del infante para su toma de posesión como Presidente de la Real Sociedad Económica Madrileña. También compuso  para la Sociedad Económica sevillana un Curso Filosófico de Literatura, como  producto de su actividad académica. 

Reinoso,  además de poeta,  también fue prosista, y su obra más notable y famosa en prosa fue el célebre alegato titulado “ Examen de los delitos de infidelidad a la patria imputados a los españoles bajo la dominación francesa, “ escrito en 1816 y  dedicado a su amigo el perseguido Joaquín María Sotelo, ex prefecto bonapartista, en el  que  defendió  y justificó su actuación y la de los demás afrancesados durante la ocupación francesa  como un deber patrio, sin que pudiera considerarse  delito, con una exposición bien argumentada y valiente, con agudeza y gran fuerza persuasiva, buscando la exculpación y la mejora de la situación de los afrancesados,  aunque de forma  cauta y anónima por las circunstancias del momento, teniendo que modificar su redacción sobre la marcha,  y eliminando algunos pasajes de la obra  en los que se criticaba la conducta del rey Fernando VII  por ser  comprometedores  ante el cariz que tomaron los acontecimientos políticos ( debido a la persecución de que fueron objeto los afrancesados, como ya se comentó anteriormente );  al parecer, Alberto Lista contribuyó a su elaboración aportando sugerencias y enmiendas.  Reinoso desistió de publicar el Examen… en España ante la imposibilidad que veía en ello, enviándole el manuscrito a su amigo  Lista por si éste podía hacerlo en Francia, publicándose, a fines de julio de 1816  en la ciudad de Auch, de forma  clandestina, adquiriendo gran difusión y  causando un gran revuelo por la importancia del contenido, no gustando ni a absolutistas ni a liberales  que la criticaron y condenaron, siendo reeditada en 1818,  por lo que, a fines de mayo de 1819, la Inquisición prohibió el libro. 

Al ocupar la Cátedra de Humanidades, tras un período de tiempo alejado de la  poesía,  Reinoso  fue  retomando el interés por la composición de poemas, si bien  su producción fue escasa y ocasional, y la temática religiosa perdió su primacía en beneficio de la profana, con poemas elegíacos, de simple amistad o de motivación política. Por ejemplo, la oda que compuso en 1817 para celebrar el nacimiento de la primera hija del rey Fernando VII, María Isabel Luisa, en la que  juzgó  como injusta la reacción  antifrancesa  que  él mismo padeció y  en la que no buscaba congraciarse con el monarca, sino  que pedía  clemencia y  proponía amnistía para los españoles proscritos por motivos políticos al haber participado en asuntos públicos bajo la dominación francesa, pero el Rey ordenó que no se publicara en aquel momento, aunque  la vigencia del edicto prohibitivo quedó pronto interrumpida tras el Golpe de Estado del general Rafael de  Riego en 1820,  que propició  la libertad de imprenta y la supresión de la Inquisición, al llegar al poder los liberales tras volver del exilio.

En estas circunstancias, Reinoso escribió una oda a su amigo Manuel López Cepero que había sido liberado tras su confinamiento e intervino en la carta de felicitación que la Sociedad Económica de Sevilla envió al rey Fernando VII que había jurado la Constitución de 1812 y había convocado Cortes obligado por las circunstancias.

Al mismo tiempo, a lo largo de todo este período, Reinoso fue madurando y evolucionando políticamente. Al principio, defendió la idea de que la soberanía debía residir en la Corona y de que el gobierno de la nación debía apoyarse en la nobleza y en el clero, pues pensaba que el pueblo llano estaba inmaduro políticamente y no estaba preparado para responsabilidades de gobierno  si la soberanía recaía sobre él, temiendo, además, que pudiera provocar anarquía y una revolución popular, considerando que era mejor una Carta  Otorgada que una Constitución. Sin embargo, posteriormente, Reinoso rechazó tanto el absolutismo, que veía caduco, como el progresismo liberal, que veía inviable, optando por  el liberalismo moderado, conservador y doctrinario,  síntesis de Antiguo Régimen y Revolución, pacto del Rey y la Nación,  por el que debían gobernar los más aptos y capacitados, miembros de la burguesía, defendiendo la Monarquía Constitucional. Por ello, encontró hostilidad por parte de los liberales más extremistas, exaltados, radicales, debido a sus ideas moderadas, que lo  atacaron acusándolo  de afrancesado y de servil ( como se denominaba a los partidarios del absolutismo ), defendiéndose de estas acusaciones y fracasando, además, la propuesta del general de  Riego de proponer a Reinoso como diputado a Cortes por Sevilla, al influir en ello su opinión de crear una segunda Cámara legislativa en las Cortes- por creerlo conveniente-, algo que en aquel momento se consideraba herejía política. Ahora, también volvió  Reinoso a tener penuria de ingresos debido a la escasa subvención  que recibía de la Sociedad Económica para su Cátedra de Humanidades, viéndose obligado, a fines de la primavera de 1820, a dejar dicha Cátedra y abandonar Sevilla marchando a Cádiz para trabajar al servicio de la Diputación Provincial gaditana como Comisionado especial para la formación de la Estadística, dedicado al Censo de la provincia de Cádiz en gran medida, siendo esta etapa poco apropiada para la actividad poética. Debido al ambiente conflictivo del momento, no escribió sobre sus ideas políticas, tan solo algunos opúsculos, además de  varios artículos bajo el seudónimo de “El Político Moruno” en el Diario Mercantil y  en La Constitución y las Leyes (ambos periódicos de Cádiz) y algunos folletos de carácter legal y administrativo. 

En este punto hacemos un alto en la biografía de este personaje, por su extensa y variada vivencia, semblanza que continuaremos en el próximo artículo, estimados lectores.




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