
Dicen que quien muere en verano, pocos se enteran. Pero no ha sido el caso del abogado sevillano Ramón González de Chávarri y Sánchez de la Cuesta. Aunque fue repentino, y muchos se entraron por casualidad, la noticia corrió como la pólvora por decenas de grupos de Sevilla e instituciones a las que pertenecía, y todos quedaban consternados. La Orden de Santo Sepulcro, la Santa Caridad, el Solar de los Tejada, la Academia Andaluza de la Historia, la Real Academia de Medicina el Ateneo, Club Pineda y sus amigos de toda la vida que siempre le quisimos, sentíamos con gran dolor una partida inesperada. Y todos, absolutamente todos, con cierto pesar por no haberlo visto más en la última década en la que por problemas de salud decidió apartarse del mundanal ruido y aparcó la intensa vida social que solía llevar.
Y es que a Ramón los amigos le llamábamos Monchu, con u, que era lo que le gustaba a él, tal vez por sus reminiscencias norteñas de las que siempre hacía gala. Estaba muy orgulloso del linaje al que pertenecía y de sus raíces familiares que conocía en profundidad.
Y es que nada menos que era hijo del notario Ramón González de Echávarri y Armendia, vallisoletano de raíces vitorianas que vino a Sevilla y se quedó prendado de la ciudad. Y que se casó nada menos que con Araceli, la joven y guapísima hija de un sabio universal, Gabriel Sánchez de la Cuesta, al que Monchu estuvo muy unido y al que admiraba profundamente. Tanto, que como regalo por el que hubiera sido su cien cumpleaños, le dedicó un espléndido trabajo de investigación que le haría conseguir el Premio de la Real Academia de Medicina y el Ateneo de Sevilla. Quizás el día de la entrega del galardón- a la que le acompañamos tantos amigos- sería uno de los más felices de su vida. Y entre otros motivos porque su padre, que fallecería poco después, vivió para verlo.
Licenciado en Derecho por la Universidad de Sevilla y abogado en ejercicio, exhibió unos valores firmes y férreas convicciones en todos los ámbitos de su vida. En la esfera política, siempre defendió con valentía y profundos argumentos sus opiniones conservadoras. En el ámbito de la abogacía, destacó por una objetividad y honestidad de las que hoy no se llevan. Su fe se iría acrecentando con los años e hizo el Camino de Santiago con intensa devoción. Su labor humanitaria y solidaria le haría volcarse en sus actividades de la Santa Caridad y en la asistencia legal de oficio y a necesitados. Fue hermano muy antiguo de la Real Hermandad de Caballeros de San Fernando, también de Santa Cruz y estaba muy orgulloso de haber sido alférez de la Reservista Voluntaria.

Ramón, Caballero del Santo Sepulcro junto a su madre y su hermana Mayte
Poseía una vasta cultura, sobre todo en el ámbito jurídico e histórico. Fue el académico número tres que ingresó en la Academia Andaluza de la Historia. Era un entusiasta lector y últimamente gran espectador de documentales, lo que le hacía estar al día de todo. Junto a su simpatía, su ingenio natural, lengua afilada y carácter risueño le hacían ser un conversador extraordinario, de los que hay pocos y de los que siempre aprendes.
Bético como había sido su madre, fue un sevillano de pro disfrutando elegantemente enchaquetado de su Semana Santa, de su feria -con inolvidables tardes en su hermosa caseta frente al Ayuntamiento en las que le encantaba bailar con su hermana Mayte-, de las jornadas y comidas con los amigos, y de la ciudad, que contemplaba desde su mágico y maravilloso balcón de la Plaza de Cuba. Adoró siempre a su familia y cuando le preguntaron en la Real Academia de Medicina por el reconocimiento que significaba para él su galardón contestó: “De lo que más orgulloso me siento yo es de ser hijo de mis padres, Ramón y Araceli. Ser su hijo ha sido lo más importante que me ha pasado en la vida”.
Junto a todo ello, Monchu era un patriota, con un amor inmenso y una gran preocupación por la deriva de su nación y una masculinidad en el mejor sentido: era un todo caballero español.
Su fortaleza estoica le hizo encajar que su formación, capacidad y talento no fuese aparejada al reconocimiento laboral que hubiera merecido. Y aunque eso generó en él siempre cierta tristeza, hoy, si hiciera balance de su vida, vería el hombre que llegó a ser. Un gran ser humano comprometido con su fe, con lo que su linaje representaba y con todo lo que compartió con los que tuvimos la suerte de estar en su vida. Estoy segura de que le hubiera compensado, y más, si hubiera sabido cuánta gente le quería.
Pocas veces se tiene el privilegio de conocer a alguien como él. Con Monchu se nos va más que un amigo extraordinario, un gran hombre, un gran caballero español y un gran patriota de los que ya no quedan.
Y murió y fue enterrado, como le gustaba decir a él, y como se merecía un hombre de su categoría: como “cristiano viejo”. Dios, sin duda, lo tiene ya en su gloria.






7 Comments
María, el padre era notario. por lo demás magnífica semblanza de mi tito Monchu.
Besos
Tienes razón. Quise escribirlo el mismo día que falleció y fue un lapsus. Ya corregido gracias
Estaba casado este señor ?
C
No tuve el gusto de conocer a este hombre, pero por lo que cuentas de él me habría encantado conocerle. Muchas gracias por tu escrito María. Rezo por él y su familia. Un fuerte abrazo a todos.
Muchisimas gracias por estas fidedignas lineas cariñosas y cercanas a la altura de la persona tan buena y auténtica que él fué. Dios lo guarde en Su Reino, en el que a buen seguro le tendrá reservado un lugar especial.
Fue un gran placer y disfrute tenerlo por amigo.
¡Adios o hasta que Dios disponga mi muy querido Monchu!
Conmovido por lo atinado de las palabras de esta gran semblanza. Una auténtica elegía. Tuve el placer de felicitar a la autora en el sepelio y me dijo algo que me emocionó: que había escrito lo que a él le hubiera gustado que se recordara.
Fuimos compañeros de pasantía en el despacho del Ilustre José Sevillano González (1991-1996), y durante esos años estuvimos muy unidos por nuestra semejanza personal y formativa; la vida después te depara derroteros distintos, pero siempre estuvimos en contacto. Suscribo cuantas palabras recogen este obituario. Gran persona fuiste amigo Monchu. DEP