Una sorda de Móstoles y sus empanadillas lo catapultaron a la fama en Martes y Trece. Con su compañero Josema Yuste, aquella Nochevieja de TVE no pudo hacer cumplir mejor para ambos lo de año nuevo, vida nueva. Todo cambió, éxito tras éxito. Hasta que se separaron, como todo el mundo sabe pero sin saber porqué, lo que ha traído siempre más misterio que la trama del 23 F. Sin embargo, ahora Millán sigue en sus Trece, con una gira nacional (girita dice él), que recala en el auditorio Cartuja Center, de Sevilla. Su show lleva por título EN MIS TRECE 2.0
P.- Millán Salcedo empezó con el tópico/típico del teatro, como figurante lancero. Fue con Conchita Velasco -a él le gusta llamarla Conchita- en “Las cítaras colgadas de los árboles”, de Antonio Gala. No decía una palabra, hasta que pronunció la primera, pura improvisación/reacción, la que se terció cuando Concha Velasco, que en una escena tiraba una Biblia al aire, le dio con la Biblia en pasta en todas sus partes. Millán gritó entonces un ¡ay!, lo primero que “declamó” en un teatro (el madrileño de la Comedia).
R.- Recuerdo la mirada de Conchita Velasco como diciendo “¿qué dice este?, eso no estaba en el guión”. Pero, vamos, feliz de haber empezado con esa gente maravillosa: Manuel Dicenta, Berta Riaza, Jesús Puente. ¡Menudo éxito tuvimos! ¡Tuvimos todos! Porque yo creo que el protagonista debe ser siempre la función y todos somos igualmente de importantes. Y cuidado, que no me estoy tirando el rollo porque esté ahora Pedro Sánchez. La época aquella de los divismos ya ha pasado a la historia. Y recordemos que tenemos 11 mujeres de 17 ministerios. Avanzamos.
P.- Usted asume con mucha naturalidad que parezcan perseguirle las empanadillas de aquella Nochevieja, un clásico inolvidable de la tele en España.
R.- Aquello que salió de las empanadillas salió por sí solo, no estaba previsto, salió de “tú me llamas y yo me equivoco”. No estaba previsto decir Móstoles ni empanadillas. En el show lo explico. Asumo con naturalidad todo mi pasado en Martes y Trece, porque si yo tengo algo en la vida es gracias a aquello. No voy a renegar en absoluto de la señora aquella Encarna ni de Móstoles. A mí eso me dio la vida artística, desde luego. Aunque mi show ahora es como una ensalada en la que, según el día, voy cambiando sus ingredientes. Y en mi show hay mucho de música, con mi pianista Marcos Cruz (con quien llevo ya doce años), y ahora hago apología de la tecnología, estoy entusiasmado, soy como un crío grande.
P.- Se está apasionando con las tecnologías y con Internet, está queriendo aprenderlo todo de ordenadores y de informática. Me entenderá muy bien si le pregunto ¿cuántas veces se ha formateado y actualizado Millán Salcedo?
R.- Es muy difícil saber cuántas veces me he actualizado. He conseguido algo muy importante que es mi propia imagen, tengo mi propia versión de las cosas. Tengo mi propia opinión como la pueden tener Pedro Ruiz o Moncho Borrajo. No sé en qué nivel me ve la gente, pero a mí me da igual; yo lo que quiero es pasármelo bien, divertirme. Y, por supuesto, yo soy muy agradecido: a lo de las empanadillas y al collage, a los trabajos manuales. Y mucho cuidado con las redes eléctricas, las redes, porque el día que ocurra el gran apagón… ¿a dónde nos vamos? No nos hemos dado cuenta de que eso es un cordón umbilical.
P- Hace unos días declaraba en televisión que su show se estaba montando como se estaba montando el Gobierno. Ahora que ya está montado, que hay ministros y ministras, ¿también se ha montado su espectáculo?
R.- Se está montando, porque vamos a hacer la actuación de Sevilla con números de actualidad, donde mantengo esa especie de claraboya que está por encima del show y en la que se encuentra la más rabiosa actualidad. Por supuesto que algo diré del nuevo Gobierno recién montado. De una manera o de otra, a la gente que nos dedicamos al humor nos lo ponen siempre muy facilito, a veces no necesitamos un guión, porque con que hagamos un pequeño hilván y juguemos con las palabras un poco… porque desde luego estamos con los ojos a cuadros de ver cómo se está gestionando todo y están montándose determinadas cosas, no sólo políticamente sino también en el mundo del deporte. Todo se parece mucho a Sálvame! Es todo criticar, dar voces, agitar de alguna manera. Y yo creo que lo que necesitamos no son agitadores, gente que pretenda eso; lo que necesitamos es más sentido del humor, y no en vano se ve en los memes, estos memes que hoy en día salen en cuanto hay un tema y se produce un flash divertido, chachondo… Por cierto, qué cantidad de memes hay machistas, ¿os habéis dado cuenta? Es increíble, hay muchos que todavía se esconden en las sombras, porque como nadie firma y a través de internet pueden escribir y decir lo que les dé la gana y poner a parir al sursum corda (a propósito, que nunca supe quién coño era el sursum corda). ¿Alguna pregunta más en la sala o seguimos para bingo?

P.- La actualidad, la política, el estado de cosas del país, ¿es un incentivo para su humor o le dan ganas de volver a recostarse en su colchón?
R.- Sí, un colchón de látex, buenísimo, que ya me han dicho que tengo que cambiar porque tiene ácaros y no sé qué… a mí no me pica nada, salvo la curiosidad. La verdad es que yo estaba un poquito varado, como si fuera una sirena o una ballena. Y una noche me dije “pero bueno, ¿qué estoy haciendo aquí, pero que vidorra es esta? ¡Venga, para arriba!”. Y, efectivamente, yo no puedo vivir sin actividad, yo soy un tipo hiperactivo, desde pequeñín yo era un bicho muy malo, yo era el bicho que dicen que le picó al tren, de lo hiperactivo que era, y hoy sigo siéndolo, pero reservándome más. Hombre, también peino canas con 63 años que tengo ya, pero a mí no me retira ni Dios, vamos, ni Dios que retirara, porque yo no estoy apagado ni fuera de cobertura como pretenden o pretenderán algunos. Lo que pasa es que ahora, gracias a las empanadillas de Móstoles y a todo ese bagaje, ese buen bagaje, pues me puedo permitir determinadas cosas, como ser selectivo. Ahora me hago un bolo de vez en cuando y ya mato ese gusanillo, ese gusanillo que yo tengo, que vamos: me río yo de lo que le cuelga al negro ese del wasap comparado con el gusanillo que tengo yo dentro. Y luego hay una cosa que he rescatado para este show En mis trece 2.0, y es que como por todos los sitios por donde voy hay una especie de cuestionario de preguntas reiterativas de lo mismo, que se ha producido a lo largo del tiempo -yo esto lo he hablado con Josema y a él también le pasa-, pues hay un apartado que titulo “chascarrillos y anecdotillas de luxe”, donde mi pianista se transforma en una especie de Jorge Javier Vázquez -sin serlo-, y me llegan preguntas a través de Internet sobre cómo hicimos aquello o lo otro, cómo ocurrió, “porqué os separasteis”… salpimentado, porque no hay show que yo conozca que no tenga un poquito de picante. Está funcionando muy bien y he notado el regocijo de los asistentes, incluso algunos se han refocilado en la butaca, porque es verdad que hay morbo por un tubo.
P.- ¿Qué será más difícil saber: lo que pasó con Martes y Trece o el 23 F?
R.- Bueno, son dos fechas y es cuestión de diez días… Es que te cuente lo que te cuente, la gente -y más que la gente es un sector del público- siempre quiere ir más allá de lo que sabe. Hay que dar saltos mortales, ser ya equilibrista, funambulista, esto nos viene de la televisión carnaza que se está haciendo hoy en día. A ese sector del público yo le diría que no inventen, que si dicen algo pues que pongan el nombre y apellidos, que no se escondan.
El día 31 de mayo lo nombraron hijo predilecto de Castilla-La Mancha. Ya es profeta en su tierra, saltándose a piola el refranero que afirma que nadie llega a serlo. Si un hombre sencillo como Millán se concede a sí mismo algo de orgullo y vanagloria, lo deja sin duda para ocasiones excepcionales como esa, pues se siente feliz sin disimulo por haber recibido este honor. Y he dicho sencillo y he dicho bien. Millán es de verdad así en la tierra como en la tele, incluso mucho más sorprendente de cerca que cuando da réplica y exageración a nuestras cosas de todos los días, maestro en hacer sus argumentos tomados de los nuestros. Quizás ya no aguarde a la puerta de un súper para convencer a nadie de las excelencias de un detergente. Ahora nos sale al encuentro desde el escenario de un teatro. Y no reniega de nada de su pasado junto a Josema, porque sabe que ese pasado también es el nuestro y merece el respeto a tanta felicidad suya que también fue la nuestra. Millán sigue en sus Trece. Y es lo mismo, pero no es igual.

Fotografías: Beatriz Galiano





