Algo no va bien en un país que se cree subido en la ola de la recuperación económica, del primer mundo, de la Europa moderna y democrática, cuando se producen imágenes como las de este martes en Madrid. Miles de personas haciendo cola para entregar un currículum y ser atendido por un reducido grupo de seleccionadores de personal que apenas podían dedicar unos segundos a «entrevistar» a cada candidato o candidata. Un hotel de lujo de Madrid ofertó cien puestos de trabajo para cubrir parte de su plantilla de empleados, fijando un día, unas horas determinadas y un lugar donde todo aspirante al empleo debía acudir para entregar, en mano, el curriculum vitae. Todo calculado. Hasta las camisetas que lucían los entrevistadores. Atropellando la dignidad de los desempleados, llegados a Madrid desde diferentes puntos de España, la campaña publicitaria estaba garantizada. Como así fué, como así sigue siendo hoy con televisiones, radios, y prensa escrita dando buena cuenta de lo ocurrido y con todo lujo de detalles. En España sigue siendo noticia el desempleo, el paro estructural, que ningún gobierno democrático ha conseguido solucionar. Ese, el paro, la ruina que entra por las puertas de los hogares a los que pone en peligro es la verdadera lacra de este país. El problema que requiere de toda la atención de nuestros políticos. La prioridad absoluta. No nos engañemos con la existencia de las supuestas altas tasas de economía sumergida para justificar las insoportables tasas de desempleo que en cualquier otro país del mundo llevaría a un conflicto social de consecuencias imprevisibles. A diferencia del resto de países, en España, la solidaridad familiar lo aguanta todo. También la dignidad de los desempleados por mucho que los desaprensivos los pisoteen y los utilicen para lograr proyección mediática y una supuesta rentabilidad publicitaria.





