Ni quince millones de euros de presupuesto, ni buenas “críticas”, ni un éxito de taquilla, hacen buena a una película. Yo creo que dentro de un mes nadie se acordará de “La bola negra” de Los Javis, salvo porque la han metido a competir por los Oscar, y por la lluvia de Goyas que recibirá. Pero todo eso es marketing. El meollo, el pecado capital de esta película bodrio es -de nuevo- subordinar la condición humana a los grupos de identidad preformados, con los que la política se dedica a dividir al electorado, es decir, a las personas. Yo creía que el relato fundacional y maniqueo de la izquierda sobre la guerra civil estaba ya amortizado, pero lo han vuelto a hacer. Siguiendo a Goebbels, la mentira debe repetirse hasta el infinito, como una letanía que persiga a las nuevas generaciones, casi un siglo después. Pero Los Javis han querido darle otra vuelta de tuerca subvencionada al relato guerra civilista del cine progre español. Ahora, los únicos hombres buenos son los homosexuales, frente a la maldad intrínseca del varón heterosexual. Tras el feminismo político, que estableció el abismo moral entre varones y hembras, estos herederos de Almodóvar ahondan el relato maniqueo de la guerra civil con una nueva capa woke. Los únicos seres éticos en esta película son los homosexuales, ¡hasta los gays del bando nacional son buena gente! Y el mundo masculino heterosexual, cuando no es una pura astracanada, se representa como una amalgama de violencia e insensibilidad sin límite, sin matices, sin individualidades, en una cosificación abominable de toda la población masculina heterosexual. Y en sintonía con este esperpento, su sexualidad es burda, animal, frente a las refinadas escenas eróticas o directamente hardcore de los homosexuales, que son los únicos enteramente humanos, los únicos que aman, son empáticos, conscientes, sensibles o artistas. Con una retorcida pirueta, los Javis añaden al rancio cliché de “franquistas malos contra republicanos buenos” su patológica guerra de machirulos malos contra maricas buenos, inaugurando la brecha queer entre españoles, la que nos faltaba. Inicuamente. Los Javis excavan la zanja de la discriminación moral según orientación sexual. Y a por los premios.
El que hayan querido utilizar a Lorca para rubricar esta insidia es, quizás, lo más rastrero. Pero Lorca, único genio que participa -sin su consentimiento- en esta película, no se ha dejado manipular. Y su arte humano, conciliador, sobrevive milagrosamente al empeño zafio de los creadores del film y, generosamente, los salva un poco del ridículo. El poema de Lorca que usan, escrito durante el mandato de Azaña tras el triunfo del Frente Popular en 1934, constituye una película en sí mismo; que no habla de maricones, ni de fascistas, ni de curas ni de monjas…. Habla del género humano. Y ese simple poema le da sentido al absurdo y zafio guión; y redefine el tema, que ya no es ni la guerra civil, ni la salida del armario, sino la soledad insalvable del ser humano, desnudo ante la muerte. Generosamente, Federico, destruye la vileza de la película en sus últimas secuencias, que parecen un añadido que no estuviera en el guión original. Y de rebote le da sentido a la soledad turbia y purulenta de los personajes, que no es culpa de los curas, ni de los fascistas, ni de la guerra. Es una soledad existencial humana, demasiado humana para que los Javis, centrados en devolver su deuda ideológica, quisieran comprender.
Pero no es posible bajar la guardia, los relatos maniqueos no son inocuos, ahora mismo se están utilizando para asaltar la democracia con la dichosa “Ley de nietos”, que hunde sus raíces precisamente en ese guerra civilismo falaz. Este uso espurio de la cultura, su pura destrucción deliberada, además de aburrido, nos traerá peores consecuencias que las que desde su torre de marfil pretenden parodiar Los Javis. La división entre hermanos. Por eso su responsabilidad moral es doble. Aunque esa palabra a muchos les suene a chino.






1 Comment
La trola negra.
Enhorabuena por su valiente articulo.