Cabe suponer que con cada acuerdo parlamentario del PSOE en el Congreso de los Diputados con los nacionalista e independentistas, dos personajes se estremecen levemente desde sus lugares de privilegio en el Salón de Plenos.
Nos referimos a Fernando de Aragón e Isabel de Castilla, los Reyes Católicos, en sus dos estatuas magníficas de mármol de Carrara, obras de Andrés Rodríguez y José Panucci, respectivamente, que acompañan a cada lado el tapiz con el escudo constitucional de España bajo dosel que preside la sala.
Los fundadores renacentistas del Estado-Nación de España permanecen impávidos en apariencia, tal vez acostumbrados a la disputa por la compañía de las dos escenas pictóricas que lucen a cada lado.
A la derecha de la Reina Católica luce un cuadro de Antonio Gisbert que representa el momento en que la Reina Regente María de Molina presenta a su hijo el Infante don Fernando ante las Cortes Medievales de Valladolid tras la muerte de su marido Sancho IV «el Bravo», hijo de Alfonso X el Sabio, fallecido en Sevilla en 1284.
Momentos difíciles para la sucesión, por cuanto Alfonso X, casado con Violante de Aragón y Hungría, hija de Jaime I el Conquistador, había nombrado su sucesor al primogénito, el Infante Fernando, llamado de la Cerda porque nació con un lunar velludo, no se sabe bien si en el pecho o en la espalda.
Sancho IV, que se había negado a ser armado caballero por su propio hermano, fallecido repentinamente a los 20 años, terminó por usurpar el trono a los hijos de éste y sobrinos de Sancho, nietos a su vez de Alfonso X, en quienes el abuelo había hecho recaer la sucesión al trono castellano.
A la izquierda de la estatua de Fernando el Católico en el Salón de Plenos del Congreso se encuentra otra escena de enjundia histórica, obra de José María Casado del Alisal que corresponde a las Cortes de Cádiz, durante la celebración de la Sesión en la que los Diputados juran su cargo en 1810.
No poca relación guarda aquella escena con el independentismo, pues poco años después de aquel momento comenzaría un rosario de deserciones independentistas en los territorios españoles de América, en gran medida ya latentes en algunos de los diputados en representación de aquellas tierras, si bien en el momento de la jura de sus cargos que recoge el cuadro no estuvieron presentes, por la premura de la convocatoria, los diputados hispanoamericanos, sino unos suplentes, generalmente criollos establecidos en Cádiz o en algún otro lugar del territorio peninsular.
Al respecto cabe añadir que ya por aquellos años algunos diputados de la alta burguesía catalana alentaron varios de aquellos movimientos independentistas en los territorios españoles de América sólo por hacer su agosto y beneficiar a sus negocios de Ultramar. En fin, la Historia de España…
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