El gobierno de Mariano Rajoy se ha deshecho en explicaciones para justificar la inclusión de una cláusula, en el pliego de condiciones para la contratación del servicio de la linea de atención al maltrato 016, que preveía introducir un servicio de atención al hombre maltratados por sus mujeres. La presión recibida ha debido ser de tal calibre que el ejecutivo ha decidido, de un plumazo, eliminar la cláusula «por llevar a equívoco». La Delegación del Gobierno para la Violencia de Género informa que los hombres podrán seguir utilizando el servicio telefónico del 016, pero sólo para informar de casos de violencia de género sobre mujeres. Si el comunicante solicita protección ante agresiones de sus parejas, tendrá que dirigirse a una comisaría de Policía o a un juzgado de guardia, donde la denuncia tiene muchas posibilidades de terminar en un cajón. Para el gobierno y para todos los partidos políticos con representación parlamentaria, organizaciones sindicales y sociales, sin excepción, el hombre jamás podrá ser víctima de violencia de género. No existe, oficialmente, la violencia que ejercen las mujeres sobre sus parejas. La situación es tan surrealista, la presión de lo políticamente correcto es tan implacable, tan asentada en la sociedad, que el simple hecho de denunciar esta aberrante discriminación es considerada como una postura machista impropia de una sociedad moderna. El panorama, desolador, es tan delirante que se permite, incluso, a gobernantes de comunidades autónomas, como el extremeño Guillermo Fernandez Vara, publicar tuits en el que considera a todos los hombres como asesinos de mujeres. Sin matizaciones. El socialista presidente de la Junta de Extremadura ha asegurado, en su perfil de Twitter, literalmente, que «las mujeres no mueren, a las mujeres las matan, a las mujeres las matamos los hombres por haber nacido mujeres». Tal barbaridad es asumida y defendida por todos, medios de comunicación, políticos, gobernantes y buena parte de la sociedad. Se está criminalizando el género masculino hasta límites inadmisibles y lo más terrible es que finalmente habrá que soportar la situación ante la inexistencia de alguien que se atreva a defender lo que dicta el sentido común y la propia Constitución Española. Las mujeres víctimas de violencia de género deben recibir todo el apoyo y más de las administraciones públicas; la clase política está obligada a poner todo de su parte para erradicar una lacra que no es exclusiva de nuestro país, pero lo que no se puede ni se debe permitir es que, paralelamente, el hombre quede desprotegido por el mero hecho de haber nacido hombre y además se les considere, a todos, asesinos de mujeres.





