Toros en Sevilla: Los toros de la estrella, estrellados
El mal encierro de Jandilla condiciona la décimoprimera del abono de la Feria de Abril

La estrella que trajeron los toros de Jandilla a la Plaza de toros de Sevilla no fue precisamente buena. Sólo el tercero, de nombre Zacateca y para Tomás Rufo, llevó algo de ilusión a los tendidos, aunque más que posiblemente lo que pasó fue eso tan común de confundir la realidad con el deseo.
Curiosamente, los seis toros tuvieron una bonita presentación, alguno algo más bajito, pero fibrosos y de buenas hechuras, como corresponde a esta ganadería, pero el juego… ¡Ay, el juego! Desfondados todos, y, uno por otro, mansos, descastados, sosos, con embestidas descompuestas, tardeando… Un regalito de tarde, vamos.
El tercero embistió bien al capote de Tomás Rufo y se arrancó en largo con alegría al caballo las dos veces que fue. Casi derriba en el primero a Manuel Ruiz Román (el Espartaco picador) que quedó en difícil equilibrio pero encima de los pitones del toro. Ruiz, que había toreado como si estuviera de pie, no encontró toro con la puya, de ahí el derribo que casi, también, se repitió en el segundo. El animal, encastado pero con andares y embestidas descompuestas, se empleó a fondo desde que pisó el albero de la Maestranza, pero se vino abajo en la muleta. Una vibrante serie inicial de derechazos de rodillas y un par de ellas más ya de pie fue todo lo que aguantó, ya que a la izquierda llegó mal y respondió mal. Rufo quiso recuperar el tono de la faena con un derechazo larguísimo, casi circular, pero ése fue el canto de cisne. Siguió intentándolo pero sólo consiguió que se le metiera prisa desde los tendidos. Pinchó, dio una estocada y se llevó la ovación del público. ¿Oreja sin el pinchazo? Tal vez; generosilla, pero tal vez. ¿Equivocó los terrenos? Tal vez; igual habría cambiado poco, pero tal vez.
Rufo también estuvo muy dispuesto con el sexto, como en toda la corrida. El animal no hizo nada bonito desde que salió para encontrarse con el torero a portagayola. Siempre quiso irse a las tablas, por lo que el toledano optó por buscarlo allí para empezar la faena. Trabajó y lo intentó, pero lo de delante se quedaba corto en las embestidas y tenía tal sosería y falta de raza que fue imposible. El torero, con ganas, pecó de no calibrar hasta donde podía llegar su insistencia y volvió a pasarse de faena. Mató de una estocada y escuchó palmas.
José Mari Manzanares se encontró con un toro que echaba las manos por delante y se colaba, pero tenía un buen pitón derecho. Técnicamente perfecto, el alicantino pegó pases, algo que no es de extrañar en este profesional, y tantos dio que destacaron algunos derechazos muy bajos. Poco más. Mató de una estocada y se llevó unas generosas palmas. El cuarto, soso como él solo, dio la impresión de recibir demasiado castigo en el caballo, aunque lo contrario no lo habría convertido en un buen toro. Pinchó dos veces antes de matar de estocada contraria y marcharse de Sevilla, compromiso cumplido, entre silencios.
Alejandro Talavante, el hombre, tuvo incluso peor suerte con su sorteo. Su primero, manso, pero manso manso, acudía al capote y se iba, cuando embestía lo hacía pegando cabezazos, sin codicia, mirando. Dio una buena estocada. El quinto, su segundo, salía suelto del capote buscando las tablas, no humillaba, no quería embestir y no decía nada. La faena transcurrió entre enganchones y acabó con una estocada atravesada y silencio.
Que los toros de Juan Pedro peguen un petardo es normal. Pasa siempre y ha pasado este año. Pero que en este 2024 haya pasado esto con los de Jandilla obliga a decir que es raro. Sólo hay que consultar las corridas que ha dado hasta ahora.
El próximo cartel, el del jueves 18 de abril, con Daniel Luque de nuevo al mando.




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