Toros en El Puerto de Santa María: Instantes y toreo eternos

La vida regala momentos que, cuando están siendo, no se alcanza a saber cuánto se quedarán. Pero pasan horas, días, semanas… y ahí siguen. Son instantes eternos.

Pero con tacos encima, igual aciertas en que eso que estás viviendo trascenderá para quedarse contigo para siempre.

Un torero de planta antigua está bordando el toreo en una plaza de solera. Muy por encima de su enemigo, enjareta templados naturales uno tras otro, despacio, erguido, mano derecha cerrada sobre la cadera empuñando el estoque, izquierda armada con la muleta siempre por delante, de frente, portentosamente de frente. No cabe más sabor torero clásico, añejo de verdad, de siempre.

Sí. Sí cabe. Cabe, sólo, Suspiros de España.

Y el cronista presume que ese momento, mágico, difícil de contar, será para siempre. Un instante eterno. El segundo juanpedro se fue con las orejas puestas, pero nadie podrá olvidar los naturales que Pablo Aguado le dio, agosto de 2021, en la Real Plaza de El Puerto de Santa María, con unos tendidos enloquecidos y a los sones más taurinamente evocadores.

Goles de ficha técnica aparte, en la última tarde del ciclo de El Puerto, la del mano a mano Manzanares-Aguado pasaron muchas cosas más.

De las más sobresalientes, el quinto de la tarde. Un maravilloso animal, de preciosa estampa, bravo, noble pero encastado, de tranco alegre, de los que te arrancan sonrisas y palmas al arrancarse hacia el caballo.

De salida no se pareció a sus corretones hermanos y Jose Mari Manzanares lo entendió a la primera, no más propinarle unas vibrantes verónicas. Por eso se empleó con el pitón derecho, hilvanando una faena elegante, a tono con la clase del animal, citándolo de lejos y acabando las series muy cerca y por bajo tras ligar. La prueba con la izquierda no salió bien, así que el plan inicial fue también el definitivo, con dos series para enmarcar y el público tocando palmas por sevillanas.

El estoconazo recibiendo le puso las dos orejas en la mano.

¿Qué hacer después de esto? ¿Cómo cerrar la tarde, ya noche, sin que se venga abajo, con ese listón tan alto? Torear como torea Pablo Aguado Lucena, natural de Sevilla.

El sexto no fue ni por asomo tan bueno como el anterior, pero tenía cositas. Aguado salió a por todas, a recordar que debía tener ya dos orejas, como su compañero, en la mano. De entre las verónicas de recibo, lentas y templadas, sobresalieron dos monumentales por el derecho que sirvieron para descubrir al toro. El público perdió los papeles cuando culminó un soberbio quite por chicuelinas tras ser prendido por el toro, que apretaba después de cada lance. No volvería a recuperarlos.

Esta vez fueron los derechazos los protagonistas, pases que recordaban el mítico 10/5/19: despaciosos, plenos de torería y gusto y, su forma de hacer las cosas, sin aparente esfuerzo de puro llevar el toreo dentro. Con el toro amagando con rajarse y la plaza batiendo frenéticamente palmas por bulerías, el sevillano se tiró con toda su alma para dejar media estocada que acabó sirviendo y dándole los trofeos que merecía.

De los otros tres toros ni merece la pena hablar, así que acabaremos enumerando otras cosas que pasaron en la corrida, algunas muy raras.

Raro fue que Manzanares, el mejor del escalafón con la espada, pinchara sus dos primeros toros. Y rarísimo fue que la banda acompañara la faena del tercero, segundo del alicantino, con el adagio de El concierto de Aranjuez, tan triste que parecía nos íbamos de entierro. Nada en contra de las innovaciones, pero toquen algo más a tono, leche. No sé. ¿Las bodas de Luis Alonso?

Raro fue que, tras varios años impecables, la organización del festejo, a cargo de la nueva empresa Circuitos Taurinos, fuera un auténtico desastre. Entradas de minusválidos vendidas como y a precio normal, sólo dos escáner para validar las entradas adquiridas por internet, colas tremendas en esas puertas, escasa atención a la normativa de seguridad… 

Tampoco fue muy normal ver a Manzanares irse a portagayola en primero y tercero. Ni que Aguado le aceptara el envite en el segundo. Sonó a un “aquí estamos nosotros, que lo de ayer ya pasó…”

Y lo consiguieron. En los tendidos se hablaba de la corrida del sábado, pero ni el alicantino ni el sevillano dieron opción a que al final hubiera más protagonista que ellos. Y el toreo caro y de verdad.




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