Javier Bleda nació en 1961 en Albacete, teniendo un larga trayectoria periodística: fue fundador y editor de AB Diario de Bolsillo, editor de Albacete Financiero, director del diario Ya entre 1997-1998, director de la revista de investigación Artículo 20, así como de la revista MC (Mario Conde) en 1999 y de la revista Dígame en 2000. Posteriormente ha compaginado en África su labor de periodista con la consultoría de proyectos de construcción de vivienda social, liderando un equipo multidisciplinar de arquitectura e ingeniería desde Kenia.
– El diario Ya, que usted dirigió había sido tradicionalmente un medio democratacristiano de centro-derecha. ¿En su etapa hubo un viraje en dichas posiciones?
– Aquello fue algo muy especial que no obedecía a la situación normal de la empresa editorial tras unos años convulsos que distaban del mayor boom que tuvo el Diario Ya. Previamente había salido el anterior director, José María de Juana, que hacía muy bien su trabajo, y Emilio Rodríguez Menéndez aparentaba ser el director, pero detrás de él estaba el PSOE, que se había hecho con el Ya para contrarrestar las informaciones sobre los GAL y que otros medios afines al PSOE como El País se hiciesen eco.
Rodríguez Menéndez se inventó que había encontrado a Antonio Anglés en Argentina, y el director, De Juana, se lo creyó porque le había aportado las fotografías, que había hecho desde lejos, a lo que se suma que era el abogado de los policías del caso Nani, que según dijo, le habían facilitado la ficha de las huellas de Anglés para hacerlas pasar por las que había en el vaso donde había bebido el modelo argentino que contrató. Interviú demostró que era mentira y De Juana dimitió por el engaño de Rodríguez Menéndez.
Cuando entré yo, se hizo periodismo de verdad, aunque entendía la situación en la que me encontraba, porque el Ya estaba controlado por Rafael Vera (secretario de Estado de Seguridad con Felipe González), Jorge Argote (abogado del general Galindo), Cobo del Rosal (abogado de Rafael Vera), que me pusieron de director adjunto a Juan de Justo, que hacía los cheques con cargo a los Fondos Reservados para pagar a los GAL.
Me encontré con una redacción de casi 300 personas que llevaban mucho tiempo sin cobrar y pensaban que llegaba para echarlos, rodeándome de falangistas muy disciplinados, a cuyo frente estaba el Jefe Nacional de Falange, Gustavo Morales.
Se dijo por parte de uno de los subdirectores que yo había llevado a cabo un cambio en la línea editorial, que ahora, según él, era de extrema-derecha porque yo había escrito un artículo crítico con Juan Carlos I por la cuestión de Ceuta y Melilla, cuando lo que yo pretendía es que tuviésemos un periódico equilibrado que no se volcase hacia un lado ni hacia el otro, y además, teniendo detrás al PSOE, por lo que el Ya en ese momento era un caso muy curioso: un periódico hecho por falangistas en el que estaba detrás el PSOE.
– ¿Usted es falangista? ¿Cuál es el proceso por el cual llegó a dicha ideología?
– Más que falangista, me considero joseantoniano, porque me interesaba el discurso de José Antonio, y aunque nadie puede compartir algo al 100 %, la mayor parte del mismo me gustaba y lo seguía. Llevo, de hecho, muchos años siguiendo las pautas de una ideología tan válida como otra, del mismo modo que otros siguen a Lenin, Stalin y Marx. ¿Por qué unos son buenos y otros son malos? Nadie tiene la verdad absoluta, y cuando hay una guerra, nadie tiene la razón.
Así sigo, aunque los falangistas somos gente durmiente. En cierta ocasión la revista Tiempo pretendía sacar un amplio reportaje sobre mis conexiones políticas internacionales, y como director, respondí con un artículo titulado: “Soy falangista, ¿pasa algo?”. Todos los periodistas tienen ideología y yo no digo de ellos que crean en Dios, en Aznar o en Felipe González, ya que me meto con lo que hacen periodísticamente y no con su ideología.
Pedro J. Ramírez y Jiménez Losantos, al hablar de mí, decían “el falangista”, cuando lo que informo poco tiene que ver con la Falange. Informo lo mismo que todos los periódicos salvo por imposición editorial, que cuando sacaba temas de los GAL me lo paraban y tenía que entrevistar a terroristas de los GAL.
Luego me vi en medio de una guerra que, a partir del asunto de Pedro J. Ramírez, me vino de rebote. Todo comenzó cuando en la Cadena SER, Rafael Vera dijo que pronto se sabría a qué dedicaba Pedro J. su tiempo libre, lo que llevó a que se asociase directamente Vera al diario Ya, que no era nada entonces, una hormiga en comparación con El Mundo, puesto que que Pedro J. tenía mucha información confidencial de mucha gente y era Dios en el sector de la comunicación. A raíz de ahí, El Mundo atacó al diario Ya.
Pedro J. se anticipó diciendo que el Ya le iba a preparar un vídeo falso de contenido sexual, y todas las emisoras relacionadas con Pedro J. como la COPE, nos machacaron. Yo tenía el deber de defenderlos a todos, tenía el vídeo del director de El Mundo y sabía que no era falso.
Aquello lo hicieron porque Ramírez amenazó con sacar información sobre el caso Mengele, es decir, el secuestro de mendigos para probar narcóticos con ellos que luego utilizarían para secuestrar a terroristas de ETA, y Vera le dio un toque. Intervinieron colaboradores de los servicios secretos y el que fuera jefe de gabinete de Felipe González, Ángel Patón, que tenía su despacho a sólo 25 metros de él.
Vera puso la pasta y Rodríguez Menéndez lo organizó todo junto al exgobernador civil de Vizcaya, Goñi Tirapu, y Exuperancia Rapú. Luego, los tribunales me juzgaron a mí porque yo era el director del periódico y lo había publicado cuando no tuve nada que ver, porque una cosa es lo que haga una banda y otra es que luego un periódico le dé la importancia que quiera. Finalmente, no entré en la cárcel a pesar de que me impusieron una pena de dos años y medio: dos años por delito contra la privacidad y medio año por desobediencia a la autoridad judicial al publicar los fotogramas del vídeo. Llegué a un acuerdo y colaboré en la resolución del caso explicando lo que había sucedido, contando que a Ramírez lo habían drogado.
– Eso que comenta es algo que he oído en la versión del propio Pedro J. Ramírez pero, ¿realmente le drogaron?
– Sí, le echaron alguna sustancia para jugar con él, aunque nadie le obligó a ir al piso en el que estaba Exuperancia Rapú ni le pusieron una pistola para ponerse el corpiño, pero las prácticas llegaron a tanto por la sustancia que le dieron, que atenuaba la voluntad.
– ¿Lo que le suministraron fue algo similar a la famosa burundanga?
– Será algo así. Lo que sé es que se habló de que le echaron algo en la casa de Rodríguez Menéndez, y también tuve en la redacción del Ya a travestis que tuvieron relaciones con él, porque, al parecer, le iba el sexo raro, que eso es la vida de cada persona, pero el problema surge cuando Pedro J. nos ataca y dice que el vídeo es falso, y lo que refleja es una gran incoherencia por parte de alguien que se ve en la famosa fotografía del balcón de Carabaña con Aznar y su esposa Ana Botella viendo el Corpus, y que, además va al Vaticano a representar a la gente del Opus Dei.
– En línea con lo que usted ha mencionado, ¿de dónde nacía la vinculación de Rodríguez Menéndez con el Ministerio del Interior de Felipe González?
– Rodríguez Menéndez era un abogado especializado en Derecho Penal, tenía muchos amigos policías y bajo su control, a muchos jueces, como era el caso del juez Armengol, que era el decano de los jueces de Plaza de Castilla y que le gustaba mucho tomarse ostras en la casa de Rodríguez Menéndez. También tenía muchos abogados que habían trabajado para él, y por todas estas relaciones conseguía cosas que, desde el punto de vista penal no lograban otros porque le debían favores. La Justicia, muchas veces no es tan bonita como parece. Tenía, además, como amigo personal a Cobo del Rosal, catedrático de Derecho Penal y abogado de Rafael Vera.
– ¿Y cómo se explican estas relaciones con el entorno del PSOE y a la vez con Jesús Gil, del que se proclamaba admirador, siendo éste enemigo del PSOE?
– Sería el día que lo dijo porque él podía ser de otra cosa la misma noche, aplicándose en su caso aquella famosa frase de Groucho Marx: “Estos son mis principios, pero si no le gustan, tengo otros”.
– Usted dirigió la revista MC, ¿de dónde venía su relación con Mario Conde?
– Del Ya me fui después a la revista Artículo 20, y luego me uní a Mario Conde, quedándose al frente de Artículo 20 José Luis Balbín, que fue presentador de La Clave, famoso por su pipa.
Yo tenía relación con Mario Conde porque le escribí a la cárcel para ofrecerle colaborar en la revista Artículo 20, y me contestó diciéndome que sí, algo que hizo con un seudónimo, y cuando salió en libertad provisional, nos conocimos en su casa. Él quería hacer un medio de comunicación, y yo quería que fuese tan sólo una publicación de ocho páginas, que cuatro haría él y las otras cuatro, yo, pero él quería algo espectacular, y finalmente se hizo de 300 páginas, pero allí sólo importaban las ocho páginas que nosotros escribíamos.
En aquellos momentos, Emilio Botín pidió mi cabeza porque me odiaba, puesto que yo tenía mucha información confidencial sobre él y su hermano, Jaime Botín, de Bankinter, y a cambio de dar 500 millones de pesetas de financiación para que la revista pudiese salir, pusieron como condición mi cese.
– ¿Cómo es su relación actual con Mario Conde?
– Me fui a vivir a África hace muchos años, y la última vez que hablé con él fue con motivo de un libro que escribí sobre él mismo en 2008 titulado “Mario Conde, la reclusión del éxito”, que le gustó mucho. Creo que ahora vive en Edimburgo.
– Mario Conde se presentó como candidato a las generales de 2000 por el CDS, que en su día fundó Adolfo Suárez. ¿Le apoyó usted en dicha incursión electoral?
– Creo que él pensó que a lo mejor podía tener opciones de conseguir representación porque, en su momento, todos los jóvenes estudiantes de Derecho, Economía, de másteres y que preparaban oposiciones en academias querían ser como él, siendo cuando más gomina se vendió en España, de hecho, Pedro J. decía en uno de sus libros que yo me peinaba con gomina para parecerme a José Antonio, aunque otros decían que a quien yo pretendía imitar era a Mario Conde.
El momento de gloria de Mario Conde ya había pasado, sufriendo la manipulación del caso Banesto porque Juan Carlos I quería que fuese presidente del gobierno. En ese momento, Felipe González estaba absolutamente quemado por el caso GAL y Aznar no tenía carisma y no le conocía ni su padre, por lo que ambos negociaron para quitar a Conde, y además, de ese modo, González nunca se sentaría en el banquillo como el “Señor X” de los GAL.
En aquel momento, antes de su caída, Conde era muy potente y le pasaba como a Adolfo Suárez: que las señoras lo querían. Muchos estaban dispuestos a votarlo porque era como esa escena de la segunda parte de la película “Wall Street”, cuando Michael Douglas da una conferencia en la universidad y los jóvenes lo admiran porque quieren ser como él.
No existía el agujero contable que se le atribuía a Banesto porque, ¿quién va a un banco y le dan un crédito sin avales? El gobernador del Banco de España, Mariano Rubio, el día antes de la intervención del banco, le dijo a Mario Conde que si vendía sus acciones y se iba, no intervendría el banco.
Conde tenía en Banesto 8000 millones de pesetas en acciones y JP Morgan, el mayor banco de Estados Unidos, iba a entrar en el accionariado, y no es fácil engañar a un gigante de las finanzas como ese.
Luego, Alfredo Sáez, a quien Emilio Botín puso al frente de Banesto, creó con tres mil euros una sociedad y compraron los préstamos q peseta, y los cobraron todos más el dinero que se pagó del Fondo de Garantía de Reservas, por lo que cobraron dos veces.
Toda la documentación que respaldan estos hechos existe y la tiene el abogado de Alicante Antonio Panea.
En definitiva, cuando estás en la cárcel y todos hablan mal de ti, muchos sabrán (como en este caso) que es mentira y se mantendrán a tu lado y otros muchos creerán que eres un ladrón. Por ello, a Mario Conde no le votó ni su familia, cuando él pensaba que, al menos, sería elegido diputado.
– Algunos han vinculado el hecho de que Mario Conde fuese proclamado a las generales con la petición de 49 años de cárcel por el caso Argentia Trust, que sucedió pocos días antes de dicho anuncio, considerando que pretendía aforarse, ¿fue su verdadera intención?
– Hasta donde yo sé no, ya que un aforamiento sólo garantiza cuatro años y a partir de ahí la Justicia vuelve al ataque. En palabras textuales del propio Conde, “con lo que he gastado en abogados españoles y suizos para que luego venga un tío de Albacete (que soy yo) y me lo arregle en dos fines de semana”. Y es que monté un escándalo periodístico en un periódico suizo hasta el fiscal general salió dándome la razón sobre la corrupción en la justicia helvética.
Cuando salió de la cárcel por el caso Argentia Trust, las autoridades suizas todavía no habían enviado los documentos que solicitó una comisión rogatoria española mucho tiempo atrás, que reflejaban que los 600 millones de pesetas referidos los había pagado Conde a Navalón, que era el asesor principal de Economía de Felipe González, para que consiguiera una rebaja de impuestos para la Corporación Empresarial de Banesto, no para él. Le pidió ayuda y Navalón a cambio exigió 600 millones, que eran dinero del banco, siendo parte de las negociaciones que tienden a hacer las entidades bancarias, algo que se debe tener en cuenta porque Botín ha creado empresas fantasma sin dinero y sin pasado que daban préstamos millonarios para hacer crecer los beneficios contables.
De esos 600 millones de pesetas que Banesto tuvo que pagar, Navalón se llevó 100 millones, otros 400 fueron a varios directivos del banco que traicionaron a Conde y otros cien millones nadie sabía a dónde llegaron finalmente, pero alguien cobró un cheque al portador por esa cantidad en un banco de Nueva York. Siempre me quedé con las ganas de preguntar al entonces juez Garzón, gran enemigo de Mario Conde desde la judicatura, y acostumbrado a ir a Nueva York a gastos pagados por Botín, si podía saber quién lo pudo cobrar, porque él imagino que no sería. Supongo.
– Le planteo a continuación una pregunta recurrente por mí a mis entrevistados, ¿quién considera que ha sido el mejor o menos malo de los presidentes de la democracia?
– (Ríe) Es una pregunta con trampa. Si nos atenemos a los momentos más difíciles de la democracia diría que Adolfo Suárez, que tenía a su lado al rey Juan Carlos, que le puso en el cargo pero luego se convirtió en su peor enemigo.
Suárez era un tahúr que le sacó 300 millones de pesetas a Banesto que nunca devolvió y, además, negó, aunque no se puede cuestionar que como presidente se enfrentó a unos años muy convulsos cuando venía de ser secretario general del Movimiento, vendiéndose un ultra como primer presidente de la democracia, cuando todos los marrones se los tuvo que comer para bien y para mal.
Considero, por tanto, que el menos malo ha sido Suárez. Los demás, todos tienen lo suyo, y algunos han sido muy malos como Sánchez, que es un psicópata que ha llegado al poder y deja en ridículo incluso a los dictadores, igual que Zapatero, que llegó al gobierno por medio de los 200 muertos del 11-M y puso a Bono como ministro de Defensa, a quien aparentemente tenía controlado por medio de las saunas del suegro de Sánchez, y al frente de los Servicios Secretos, Bono puso a un ingeniero agrónomo, únicamente porque estaba casado con un primo de su mujer.
El gobierno de Zapatero le dio las gracias al anterior director del CNI, Jorge Dezcallar, que dijo que durante el 11-M no se había enterado de nada y que debería estar en la cárcel por su presunta inutilidad pese a proclamarse un experto en Marruecos, de hecho, Aznar no le metió en el gabinete de crisis porque no se fiaba de él, y luego Zapatero le nombró embajador en el Vaticano, después en Repsol y posteriormente, embajador en Washington.
– ¿Y qué opina de la labor de gobierno de Aznar?
– Tengo mala opinión de los inspectores de Hacienda en general porque me parecen la segunda mafia de España tras la Corona, en especial de aquellos que están en excedencia, entonces no tengo tan mala opinión de Aznar en sí mismo como de su condición de inspector en excedencia.
Creo que como presidente hizo un buen trabajo en lo económico, aunque peor lo tuvo Rajoy, y por ello, más se lo curró Rajoy que Aznar.
El problema de Aznar es que no se sabía controlar y pensaba que había llegado a la cúpula del Universo, y una prueba gráfica de ello es la fotografía en el rancho con Bush y Blair fumando un puro, poniendo los pies encima de la mesa y partiéndose de risa mientras habla de una guerra que, además, se basaba en una información falsa, equivocándose a lo bestia, tirando a la basura todo lo bueno o lo malo que hizo antes por ese error garrafal, y nunca se ha bajado de esa posición porque quería tener lo mismo que los demás veían en Mario Conde, llegando a creer que todos le querían.
Felipe González tuvo en 1982 un triunfo absoluto, ganando con mayoría absoluta en un país que venía de una dictadura de derechas pocos años atrás, pero dio pie a una corrupción tras otra hasta llegar al terrorismo de Estado, que mucha gente de derechas apoyaba y que se hizo chapuceramente, porque utilizaron los GAL para robar los Fondos Reservados, echando por tierra cualquier apoyo que hubiese podido tener, de hecho, Rafael Vera se compró una finca de 800 millones de pesetas a nombre de su suegro, que tan sólo tenía una ferretería en un pueblo de Albacete, pero le indultaron porque tenía una foto del entonces príncipe Felipe besándose en la boca con un tío.
Esa fotografía del ahora Rey tenía su importancia porque en aquella época estábamos con el vídeo de Pedro J. Ramírez, que tenía un inmenso poder, y vinieron a entrevistarme incluso de Colombia, Japón y Estados Unidos porque aquello era una auténtica lucha entre David y Goliat, y cuando Pedro J. se vio acorralado, pasó algo que cambió drásticamente el curso de los acontecimientos, y cuando Pedro J. se vio acorralado, pasó algo que cambió drásticamente el curso de los acontecimientos. Por una parte se publicó en El Mundo como mensaje a navegantes una viñeta bromeando con la sexualidad del príncipe Felipe y de que se iba a casar con Alberto de Mónaco y, de otra parte, es que mientras no fuera a los tribunales, podía decir que el vídeo era inventado.
Rodríguez Menéndez hizo miles de copias del vídeo y las envió a las altas instituciones del Estado, e incluso a las universidades, llegando a venderse en el Rastro de Madrid por 5000 pesetas.
Pedro J. intentó parar el vídeo en Correos alegando que afectaba a su intimidad, pero no lo hicieron porque tenía que demostrarlo, por lo que recurrió a los tribunales y la jueza de Instrucción tuvo que verificar si realmente era así. Antes había dicho que no era él la persona que figuraba en el vídeo, y ahora tuvo que reconocer que la persona que aparecía en las imágenes era él, si no, la juez no hubiese tomado medidas. Precisamente por esta paradoja, cuando muchos vídeos ya se habían repartido, la filmación se convirtió en auténtica, y Ramírez lo llevó a la Audiencia Nacional como un caso de terrorismo, llegando a estar yo mismo imputado por un caso de terrorismo de los GAL.
– Si me permite la indiscreción, ¿usted actualmente vota? ¿qué opina sobre VOX?
– Realmente es una pregunta muy difícil de responder porque a día de hoy no veo ningún referente al que votar porque Falange ya no es lo que era, y en los foros falangistas una persona cualificada puede hablar en sentido histórico y cien le llevan la contraria, por lo que ya no opino ahí sino que solo leo, llegando al momento en el que me queda ser joseantoniano y poco más. Como es inútil votar a FE-JONS, me abstengo, aunque en un pasado muy pasado sí votaba.
He visto muchas cosas en la política de la izquierda, la derecha, la extrema-izquierda y la extrema-derecha que a cualquiera le quitarían las ganas de votar, aunque a día de hoy hay gente de derechas de toda la vida, de la parte más centrada de la derecha, que va más al centro que a la derecha y que dicen tener claro que van a votar a VOX, y siempre les pregunto si realmente saben lo que están haciendo, y no soy precisamente sospechoso de ser de izquierdas.
VOX no es un partido, es una persona, y prueba de ello es que todos o casi todos los fundadores se han ido, siendo su líder una persona a la que Esperanza Aguirre le montó un chiringuito inexistente en el que cobraba 80.000 euros, igual que Ayuso hizo con Toni Cantó a través de la Oficina del Español, que era innecesaria porque ya existía el Instituto Cervantes.
Abascal tiene un historial en el que ha sufrido la amenaza del terrorismo, que nadie le puede quitar, y sé lo que es eso porque a mí mismo, Egin me sacó varias veces en la revista Ardi Beltza (Oveja Negra), marcándome como objetivo junto a la imagen de Barrionuevo, Vera y Agustín Valladolid, jefe de prensa del Ministerio del Interior. Es cierto también que Abascal ha sufrido esta amenaza mil veces más que yo, pero una cosa no quita la otra. La realidad demuestra que no necesita un partido, que diga que ahí está él, y por si fuera poco con la dictadura de Abascal, los partidos políticos multan con 600 euros a los diputados que se atrevan a emitir un voto discrepante respecto a las instrucciones de voto dadas por el partido. Dicen que los extremos se tocan. Hay ideas joseantonianas que están en consonancia con la extrema-izquierda.
– Para concluir, le planteo dos preguntas personales que tienden a ser comunes a los entrevistados, muy distintas en cuanto a su profundidad. Comenzando por la primera: ¿es usted creyente? ¿qué papel ocupa la religión en su vida?
– Entiendo que cada uno es libre de creer lo que quiera o no creer, debiendo ser respetada por ello toda persona, y hemos llegado al momento en el que pese a los muchos adelantos tecnológicos, la religión siempre tiene una respuesta más que la ciencia.
Todo lo que hay sobre el nacimiento del Universo son teorías, y la religión siempre tiene otra repuesta más. Es inevitable preguntarse: ¿Y antes qué? Antes está Dios.
Soy creyente y católico y creo que la fe es algo que aporta mucha fuerza al individuo porque, pese a las circunstancias, siempre puede recurrir a Dios, algo que se debe hacer para mejorar y no sólo para quejarse.
El mundo libre se encuentra en una situación en la que no se sabe cómo estará en el futuro, porque hemos retrocedido a los tiempos de las invasiones religiosas. Yo tengo seis hijos, y antes hablabas de esta cuestión a 50 o 100 años vista, pero ahora pueden ser dos o tres años, y a lo mejor no lo ven sólo mis hijos sino yo mismo.
Estamos ante una situación muy comprometida, en la que está sobre la mesa la batalla de la religión y la fe en España, que antes era un paradigma dentro del catolicismo.
– Por último, ¿es usted aficionado al fútbol? ¿es de algún equipo?
– No soy aficionado al fútbol y nunca me ha gustado porque tengo un trauma infantil sobre ello: los domingos iba a pasear con mi padre y él iba siempre con el transistor pegado a la oreja. Era un hombre muy serio que iba con traje y corbata, y en una ocasión, me llevó al campo del Albacete, donde había otros señores igual que él, pero durante el partido se transformaban, insultando al árbitro y acordándose de si su madre era prostituta o no. En ese tiempo eran unos bestias y al salir del estadio, otra vez eran personas. Hubo incluso un caso, en 1985, en el estadio Heysel de Bruselas, cuando murieron tantos y a pesar de todo, continuaron el partido para evitar males mayores.
Yo no entiendo de fútbol pero, por lo visto, mi hijo pequeño, que tiene doce años, es un crack del fútbol. Pienso que no está mal que la vida me castigue de esa manera.





