Bernardo Rabassa nació en 1941 en Palma de Mallorca. Es maestro nacional, licenciado y Doctor en Filosofía y Letras, así como diplomado en Psicología Industrial por la Universidad Complutense de Madrid. Ha sido miembro del CSIC y cuenta con cuatro décadas de experiencia en el plano del Márketing de la Salud (Sanidad y Farmacia).
En el plano político, ha formado parte de la Plataforma y la Junta Democrática entre 1970-1975, puso en marcha el Club Liberal 1980 en 1972, siendo presidente de la Federación de Clubes Liberales entre 1979-1982. Ha sido secretario general (1975-1979) y presidente (1979-1982) del Partido Liberal, fundador de Centro Democrático (luego UCD), secretario federal del Partido Demócrata Liberal (PDL) y el Partido Reformista Democrático (PRD) entre 1982-1985, presidente del Comité Ejecutivo del CDS entre 1997-1998, presidente de Honor del Club Liberal Español, embajador de Tabarnia, premio 1812 de Club Liberal 1812 de Cádiz en 2008, miembro de la antigua ALDE (Alianza de los Liberales y los Demócratas Europeos) y autor de la gaviota del PP, que nació como símbolo del Partido Liberal.
– ¿Cuál fue el proceso por el que abrazó ideológicamente el liberalismo?
– Yo trabajaba como director general de una consultora francesa en Milán (Italia), y un amigo me dijo que Salvador de Madariaga quería hablar conmigo en Ginebra (Suiza). Me pareció bien y éste me recibió. Fue en el contexto de la España de 1968, cuando aún gobernaba Franco y no había liberales muy conocidos. Él fue presidente de la Internacional Liberal y quería que representase a la IL en España. Yo tenía entonces 27 años y le dije que en ese momento no tenía una posición política, aunque sí me sentía liberal en mis planteamientos.
Madariaga me encomendó la responsabilidad de crear un núcleo de liberales para formar un partido liberal, creándose en Madrid en 1970 con Enrique Larroque (que era director general del Ministerio de Exteriores) el Club 1980, y a lo largo de la década, se reclutaron a muchos miembros.
Franco murió en 1975 y cogimos unas oficinas en la calle Marqués de Cuba número 12, juntando a Joaquín Garriges Walker, Ignacio Camuñas, Francisco Fernández Ordóñez y varios democratacristianos como Ruiz Giménez y Gil-Robles. En definitiva, aquello era un batiburrillo de liberales, socialdemócratas y democratacristianos, participando en la Platajunta que creó García Trevijano, que fue fruto de la fusión de la Plataforma Democrática y la Junta Democrática en 1974.
La Platajunta era un grupo de cien partidos, o teóricos partidos, ya que las formaciones políticas aún estaban prohibidas, y el 90 % de ellas eran marxista-leninistas, mientras que sólo el 10 % restantes eran moderadas (liberales, socialdemócratas y democratacristianas).
Tras la muerte de Franco creamos la Agrupación Liberal Democrática, que lideraba Larroque mientras que yo era secretario general. En 1976, Adolfo Suárez fue nombrado presidente a dedo por Su Majestad el Rey, que había heredado los poderes de Franco y elaboramos documentos en favor de la apertura hacia los partidos políticos, por lo que estudiamos la posibilidad de presentarnos a las elecciones. Dada mi formación como psicólogo y sociólogo, fui consciente de que las posibilidades que teníamos los liberales de ganar unas elecciones eran nulas, ya que para unos, éramos el demonio con rabo y para otros, carcas del siglo XIX.
El liberalismo existía desde la Constitución de Cádiz de 1812, habiendo tenido etapas de gobierno bajo los reinados de Fernando VII e Isabel II, culminando en la Restauración con dos grandes partidos liderados por Cánovas y Sagasta. Por tanto, queríamos resucitar el liberalismo español de Juan de Mariana y la Escuela de Salamanca creando unas ideas básicas.
La Agrupación Liberal Democrática cambió su nombre por el de Partido Liberal en marzo de 1976, adoptando como emblema la gaviota, que luego ha utilizado el PP, porque cuando el Partido Liberal se incorporó a AP yo ya no estaba con ellos.
Lo mejor era juntar a los partidos moderados creando el Centro Democrático, que fue idea mía, y así lo hicieron, entre otros grupos, la Federación de Partidos Demócratas y Liberales (FPDL) de Joaquín Garrigues Walker, el Partido Social Demócrata (PSD) de Francisco Fernández Ordóñez y el Partido Popular (PP) de José María de Areilza.
En enero de 1977 se funda el Centro Democrático con Areilza como presidente, estando previsto que se presentase, en principio, en Canarias, pero se suspendió por un accidente aéreo que hubo en la zona. Finalmente se presentó en marzo de 1977 en Alicante, donde yo tenía una casa, estando Pío Cabanillas. Luego, fuimos a Madrid, y me entero que Suárez ha hablado con Cabanillas para quitar a Areilza como presidente del PP para ocupar él su lugar.
Luego, la coalición Centro Democrático se convirtió en un partido, que fue la UCD. Yo fui presidente del Comité Nacional de Organización del Centro Democrático y tuve seis conversaciones con Suárez en la Moncloa, pero no nos pusimos de acuerdo.
Yo quería que hubiese dos referéndums: uno sobre la Constitución y otro, sobre el modelo de Estado monarquía-república. No estaba de acuerdo con el sistema actual de 17 autonomías, proponiendo dos o tres en su lugar, y era partidario de las listas abiertas, en lugar de las listas cerradas y bloqueadas que tenemos actualmente.
Tras varios encontronazos con Suárez, le dije que quería ser diputado del Partido Liberal de UCD, abogando por una coalición en la que conservásemos nuestra autonomía en lugar de un partido único, a lo que se negó.
Suárez trataba de reunir a muchas personas que venían del Movimiento, los llamados azules, y las listas las hacía Leopoldo Calvo-Sotelo, integrando en su mayoría a azules que habían ocupado cargos en el régimen anterior, como Sánchez de León o Pío Cabanillas. No respondía al modelo de partido en el que creía, por lo que en 1977 no me presenté con UCD y me retiré de la política.
Voté en contra de la Constitución porque no me pareció liberal, siendo un amaño entre los distintos intereses de los partidos de 1978. No obstante, reconozco que el texto constitucional tiene cosas buenas al reconocer que todos somos libres e iguales, algo que a muchos no les parece bien, con un Tribunal Constitucional que se nutre de socialistas, validando la amnistía y la ley del sólo sí es sí.
– ¿En qué formaciones políticas ha militado o votado a lo largo de la democracia?
– En 1982 me nombraron presidente del Partido Liberal, del que había sido candidato a las generales de 1979 como cabeza de lista por Madrid. Teníamos muy poco dinero y nos ayudaron los liberales alemanes, para lo que pusimos grandes carteles y sólo saqué 80.000 votos. Tampoco fue elegido diputado Enrique Larroque, que se presentó como candidato por Almería, de modo que no logramos representación. Por dicho motivo, le propuse a Larroque que nos uniéramos a Joaquín Garrigues Walker, que entonces era ministro de Obras Públicas en el gobierno de Suárez.
Abogamos por crear el Club Liberal para apoyar a Garrigues Walker desde fuera y él aceptó, creándose cuatro clubes liberales: en Madrid, Barcelona, Valencia y Asturias, pero Joaquín Garrigues estaba muy enfermo, ya que tenía un linfoma, y murió en 1980.
Luego contactamos con su hermano Antonio al tener también el apellido Garrigues Walker, aunque nos costó trabajo que aceptara. Luego, presenté un congreso en Berlín como representante de la Internacional Liberal, y si tenía un partido, tendríamos un vicepresidente de la Internacional Liberal representando a España, cargo que ocupó el propio Antonio Garrigues.
Llegamos a tener cincuenta clubes liberales, y celebramos dos congresos: en La Toja y en Palma de Mallorca. Nos dimos cuenta de que necesitábamos un partido, para lo que creamos el Partido Demócrata Liberal (PDL), que fue mi tercera formacióm política.
Los compañeros que quedaban en el antiguo Partido Liberal se unieron a la AP de Fraga, que luego dirigió José Antonio Segurado y del que formaba parte Esperanza Aguirre. Nosotros, por el contrario, estábamos con Antonio Garrigues, y nuestros compañeros apostaron por presentarnos a las elecciones municipales de 1983, algo con lo que yo personalmente no estaba de acuerdo.
A partir de 1984, el PDL formó parte del Partido Reformista Democrático (PRD), del que Miquel Roca era presidente y Florentino Pérez (actual presidente del Real Madrid), secretario general, aceptando Antonio Garrigues la coalición con nuevos socios. Yo era secretario federal del PRD.
Organicé la campaña del PRD a las generales de 1986, en las que fue candidato Miquel Roca, que luego nos traicionó. Nos convocó bajo su liderazgo para ganar las elecciones y luego se fue retirando, ya que no se presentó por el PRD sino por CIU, el partido catalanista de Jordi Pujol.
Tras gastar 1300 millones de pesetas, no sacamos nada en Madrid, sólo en Galicia y en Cataluña, donde CIU consiguió más diputados que nunca. Después de aquel fracaso, los restos del PDL nos integramos en el CDS de Adolfo Suárez.
Suárez me llamó a la Moncloa en 1980 porque UCD no funcionaba y todos se peleaban. Le dije que ya le había advertido sobre ello: si se hubiesen mantenido como una coalición no se pelearían, pero sí como un partido único.
Yo tenía una consultora y Suárez me encargó reorganizar el partido. Organicé el I Congreso Nacional de UCD en 1980 e hice el Libro Blanco “La solución a un reto”. Luego, después de varios acontecimientos, hablé con Rafael Arias Salgado, entonces secretario de organización de UCD, y le dije que tras el desastre del Congreso del partido, que ni cobrando quería trabajar con ellos.
– El CDS se integró en el PP en 2005, salvo un sector que no reconoció dicha integración y siguió actuando bajo sus siglas.
– Así es. El CDS lo dirigía entonces Teresa Gómez Limón, que era esposa de un famoso locutor de radio que había sido representante en España de la UNESCO y que era probablemente comunista.
Ella buscaba un cargo de diputada en el PP, y aliada con el director de Relaciones Sociales del CDS, se marchó al PP.
– Tras la disolución del CDS, ¿usted pasó a votar al PP?
– Sí, desde entonces he votado al PP para que mi voto valga algo y haya un gobierno de centro-derecha. En las últimas elecciones se perdieron votos por la división electoral, y Puigdemont ha sido decisivo, un heredero de Pujol, que es un auténtico ladrón, y su partido, una continuidad de CIU. Es increíble que Pujol, después de robar miles de millones de euros, no haya sido juzgado.
– ¿Quiénes son sus referentes políticos nacionales e internacionales?
– Soy partidario de liberales como Hayek, Mises y Karl Popper, además de Antonio Garrigues Walker, que dice que somos el padre y la madre de la criatura. Es alguien muy moderado en sus artículos y a quien saqué de su despacho para que entrase en el liberalismo.
En lo que se refiere al pensamiento diría a Ortega y Gasset y Salvador de Madariaga, de hecho, he dicho que Vidal-Quadras es el auténtico Ortega y Gasset del momento, siendo alguien que también tiene mi admiración.
– ¿Qué opina de recientes representantes políticos que a día de hoy pueden ser grandes exponentes del liberalismo en España como Cayetana Álvarez de Toledo, Isabel Díaz Ayuso, Esperanza Aguirre o Iván Espinosa de los Monteros?
– A Cayetana la conozco y hace poco la presenté junto a la antigua alcaldesa de Cádiz (Teófila Martínez).
Ayuso me maravilla como piensa, ya que es una mujer con una gran capacidad y una enorme dignidad.
A Espinosa de los Monteros no he tenido ocasión de conocerlo.
Esperanza Aguirre es técnicamente liberal pero, bajo mi punto de vista, excesivamente economicista cuando el liberalismo no es sólo económico sino también ética y humanismo, ya que en muchos aspectos la libertad es muy importante. Por ejemplo, tengo en mente la cuestión de la inmigración, que para que sea posible deben pasar en ferry y no en cayuco, pero choca con la realidad y la sociedad debe admitir unas tasas de inmigración porque se está reduciendo la natalidad.
España no está siendo capaz de producir por sí misma, para lo que necesita mano de obra de África y América, y que ésta venga con pasaporte y estudios.
– ¿Quién considera que ha sido el mejor presidente del gobierno de la democracia? ¿Qué opina sobre la labor de gobierno de cada uno de ellos?
– Es difícil decir, ya que casi ninguno ha sido bueno. Por ejemplo, Felipe González fue un ladrón que se llevó una comisión de 80.000 millones de pesetas por la compra de Telefónica de España de una cuarta parte (el 25 %) de Telefónica en Perú, que se vendió por más del doble de lo que valía, recibiendo otra cantidad igual Fujimori. Esto fue denunciado en una carta al director de ABC de un senador de la República de Perú.
– ¿Y qué opina sobre la etapa de gobierno de Aznar?
– La considero la mejor época, cuando, curiosamente el ministro Montoro era titular de Hacienda, evitando que España se fuera a la porra con su política hacendística. No sé si habrá sacado un provecho personal como se la acusa ahora, pero bajo el gobierno de Aznar fue un ministro excelente.
Creo que Aznar cometió un error al no continuar un tercer mandato. Quiso elegir a alguien que siguiera sus pasos, para lo que tenía previstos tres candidatos: Rajoy, Rato y Mayor Oreja. Finalmente, Rato se separó de su esposa, que era vecina de la mía en la ópera y él llegaba siempre tarde. Todo fue porque se lió con su secretaria y la dejó embarazada, y como la esposa de Rato era amiga de Ana Botella, ésta presionó a Aznar para que no le nombrase sucesor.
Personalmente, creo que Rato debió haber sido elegido por Aznar en lugar de Rajoy, que aunque era un gran parlamentario, se caracterizó por ser poco ejecutivo.
– ¿Usted ha militado en el PP?
– No, nunca he militado en el PP. He escrito la historia del PP, que me encargó una editorial de Barcelona y terminé en 2013, con un total de 5000 páginas, que pesa 15 kilos, y más que la Historia del PP, recoge la Historia de la derecha española desde la Constitución de Cádiz de 1812, pasando por la Alianza Popular de Fraga, que estaba coaligada con liberales y democratacristianos, y el PP de Aznar hasta llegar al de Rajoy.
Ana Pastor me llamó en su día para unirme al Consejo Nacional de Sanidad porque yo había trabajado en laboratorios con una consultora francesa que tenía oficina en Yugoslavia, Portugal, Estados Unidos y Brasil. Yo vivía para trabajar, y llegué a Madrid en 1962 con el título de Filosofía y Letras y 5000 pesetas en el bolsillo.
En el CDS, en su segunda etapa nos asociamos con un catalán con el que tuvimos encontronazos.
– ¿Se refiere a Eduardo Punset, que lideró la escisión de Foro?
– Quisieron que me hiciera cargo de la fundación de Foro, para lo que puse como condición cambiarle el nombre para que se llamase Jovellanos, fundándose el Foro Jovellanos, que le dio en su día un premio al entonces ministro de Defensa Eduardo Serra. No obstante, una fundación de Asturias nos puso un pleito porque tenía también un Premio Jovellanos, sólo que era para las Letras y el nuestro era para los liberales, tal y como dijo la Justicia, que nos dio la razón.
– ¿Hay algún partido liberal en España o, por el contrario, hay liberales dentro de partidos que no lo son? ¿Qué partido es más liberal: el PP o VOX? ¿Cree que puede triunfar por sí solo un partido netamente liberal o éste sólo puede cosechar resultados coaligado con otras facciones de la derecha como conservadores y democratacristianos?
– Yo he pertenecido en estos últimos años al partido Tercera Edad en Acción, del que fui vicepresidente, y que ha articulado propuestas siempre desde un punto de vista liberal. Dicho partido estaba presidido por una abogada con la que rompí políticamente porque era una abusona.
Luego he sido presidente del partido Despierta, del que me di de baja porque no quería tener más responsabilidades, y se estaba barajando la posibilidad de presentarse en coalición con otro.
Ha habido intentos de crear un partido liberal, pero sobre los principales partidos diría que, en cantidad, hay más liberales en el PP, aunque son demasiado socialdemócratas casi todos ellos. En el caso de VOX, he conocido a su presidente (Abascal) y me parece un negado, al contrario que Feijóo, que es amigo personal mío y ha demostrado que vale mucho.
Recuerdo también a Pablo Casado, a quien nombré vicepresidente del Club Liberal y me parecía un tío estupendo, pero tuvo problemas con Ayuso que acabaron reventando.
VOX me parece excesivo. Vaya por delante que soy patriota, creo en España y me siento español, pero creo que mantienen una cierta rigidez, y aunque tienen unas ciertas posibilidades de éxito, creo que las próximas elecciones las va a ganar el PP, lo cual es necesario porque Pedro Sánchez me parece una persona enferma y un loco furioso capaz de cualquier cosa.
– Y aunque ya está en declive, ¿qué opina sobre Se Acabó la Fiesta, el partido de Alvise Pérez?
– Soy amigo de Alvise Pérez y lo conocí muy joven, cuando pertenecía a las Juventudes Liberales de la Internacional Liberal, en una reunión que tuvimos en la sede de la Comunidad Económica Europea en Madrid. Me parece un hombre estupendo que ha hecho un trabajo magnífico para implementar la ética en el plano político, donde ha sacado votos, y yo le ayudé a conseguirlos.
También apoyé a Ciudadanos en su día, aunque nunca pertenecí pero fui uno de los fundadores del partido en Madrid y, de hecho, la página de Facebook de Ciudadanos es mía, yo soy el dueño. También en su día me pareció una buena idea UPyD, aunque no llegué a votar a UPyD ni a Ciudadanos, rompiendo con este último porque le propuse a Rivera crear en el partido una especie de Senado de antiguos liberales, algo a lo que se negó, rodeándose en su lugar de jóvenes incapaces.
– ¿Es compatible ser liberal y conservador como una vertiente más del liberalismo? Es decir, alguien que combine el liberalismo político y económico y el conservadurismo moral como propugna el profesor Francisco Contreras, algo que Juan Ramón Rallo no considera posible. ¿Qué opina usted al respecto?
– Es muy difícil, por no decir imposible. Lo más factible es el liberalismo ácrata de Milei y Jesús Huerta de Soto, que fue compañero mío en el Partido Liberal entre 1976-1978, siendo en su caso excesivamente ácrata.
Necesitamos lo que está pasando en Argentina, que desde una situación paupérrima, Milei está dando base al liberalismo, igual que en España tenemos la Escuela de Salamanca.
Alguien como Milei sería necesario para España, donde tenemos una economía basada en paguitas como en Venezuela, de la mano de un gobierno socialcomunista. En España creo que un buen representante podría ser Juan Ramón Rallo, a quien conozco y con quien me carteo bastante a través de Linkedin, igual que Huerta de Soto, y hay también un grupo de jóvenes liberales austríacos que dirige un tal Cansino y que integra a estudiantes de la Universidad Rey Juan Carlos, para los que han intervenido Esperanza Aguirre y Alejo Vidal-Quadras, que son excepciones dentro del PP, donde manda el Opus Dei.
– Además de liberales clásicos hay libertarios, dentro de los cuales hay dos vertientes: minarquistas como Milei, Juan Ramón Rallo e incluso Ayn Rand y anarcocapitalistas como Huerta de Soto y Miguel Anxo Bastos. ¿Qué opina usted sobre el libertarismo?
– Creo que es más necesario que nunca porque España es excesivamente socialdemócrata y se pretende dar paguitas para que la gente vote a quien las reparte. Creo que tenemos un sistema de protección social excesivo y soy partidario el anarcocapitalismo como medicina para esta situación. Debe durar un tiempo y luego moderarse porque hay que tener un Estado, pero con menos Estado se puede vivir mejor.
– Intuyo que considerará como mejor presidente de Estados Unidos, al menos de las últimas épocas, a Reagan, que junto a Grover Cleveland y Calvin Coolidge, ha sido el máximo exponente del liberalismo económico en la presidencia de Estados Unidos, ¿cierto?
– Sí, y a Coolidge también. Del que no soy partidario es de Trump, que es un estafador y un tramposo.
Hay un libro muy recomendable de Trevijano que se llama “La gran mentira”, que señala que la mayoría de las democracias son débiles y que la verdadera democracia es la norteamericana.
– Una cuestión que divide profundamente a los liberales es la relativa al aborto, algo a lo que alguien que no es conservador como Milei se opone, al igual que Sánchez Dragó en su día, que además, era anarcocapitalista. ¿Qué postura tiene usted al respecto?
– Creo que el aborto es una tragedia, aunque soy partidario de que se practique en países en los que las mujeres son ignorantes y no son capaces de tener relaciones sexuales sanas y controladas.
No soy partidario del aborto, que me parece un crimen, pero a veces es necesario por motivos reales. El cuerpo de la mujer es suyo y puede hacer con él lo que quiera.
Me parece correcta la actual ley de plazos en materia de aborto pero también creo que debe haber más control del aborto a través de la educación, de manera que se tengan relaciones sexuales sin abortar.
Se ha creado un enorme problema de enfermedades de transmisión sexual, y algunas de ellas son enfermedades invisibles difíciles de evitar. Como alternativa, creo que se debe volver a tener una educación moral.
La Hepatitis C se contagia con facilidad y causa muertes, habiendo más de un millón de contagiados a día de hoy.
Hay excesiva promiscuidad y creo que la libertad debe relacionarse con el valor del amor. Es una barbaridad tener relaciones sexuales todos los días con alguien distinto o un día sí y un día no, entregando el cuerpo a varias personas sin tener en cuenta las relaciones sentimentales.
A día de hoy se casan 160.000 personas y se divorcian 80.000 porque no funcionan bien las relaciones personales, y la Iglesia ha sido eficaz al articular un sistema que evite este tipo de situaciones.
– ¿Es usted creyente? ¿Qué papel ocupa la religión en su vida?
– Soy laico. No soy creyente y me considero más bien agnóstico. Esto es consecuencia de mi trayectoria profesional: he sido maestro de escuela, que ha sido mi primera profesión, también profesor de instituto, luego doctor y creador de la Facultad de Psicología y de Arte, y luego, de Psicología Social.
He trabajado mucho los campos de la Sociología y la Psicología, publicando 470 libros y he formado parte de la Asociación Española de Marketing en 1967, creando el marketing en España, centrándome especialmente en el marketing social, para lo que explico cómo se hacen ese tipo de campañas.
La Historia de la religión nos ha demostrado que a Dios lo creamos nosotros, y me parece bien que lo hayamos creado, al igual que la moral cristiana, que sustituye a la moral laica, que es muy difícil de vender, y desde luego prefiero la moral cristiana a ninguna.
– Para cerrar la entrevista, como suelo hacer, le formulo la pregunta más trivial: ¿es usted aficionado al fútbol? ¿es de algún equipo?
– No, no soy aficionado al fútbol.





