Aunque hay algunas excepciones, muy pocas, en los países gobernados por dictaduras, tiranías o autocracias la carretera que conduce de la capital de ese país a su aeropuerto principal es siempre más corta, más recta y, por tanto, más directa, que en los países democráticos, a razón de un 50% como media entre los unos y los otros.
Según el estudio realizado por dos profesores neoyorquinos, Bruce Bueno de Mesquita y Alastayr Smith, en un libro titulado «El manual del dictador», este hecho no depende ni se ve modificado por la riqueza del país, ni por la diferencia entre el PIB de uno u otro y ni siquiera por la Renta Per Capita de esos países.
¿Cuál es la razón que explique esta singular curiosidad? ¿Es acaso para facilitar la huida de los dirigentes en el poder y que, llegado el caso, en función de una mayor inestabilidad a priori en el orden de sucesión en el poder, puedan salir huyendo con maletas rebosantes de billetes y de tesoros del modo más fácil en caso de que se produjera una revuelta o un golpe de Estado? Pues sí, esta es la concluyente afirmación de dicho estudio.
Según exponen ambos profesores, los diez países con la proporción más baja en distancia en línea recta hasta el aeropuerto de su capital por la carretera que conduce hasta dicha infraestructura de transporte son, por este orden: Guinea, Cuba, Dominica, Colombia, Afganistán, Pakistán, Yemen, Ecuador, Etiopía y Guinea Ecuatorial
Cabe anotar que, aunque a día de hoy Colombia y Ecuador pueden ser consideradas democracias, desde luego no lo eran tanto cuando se diseñaron y construyeron sus aeropuertos de la capital del país.
En dicha lista de países con la línea de carretera más corta y más directa hacia el aeropuerto de sus capitales, entre los primeros 30 países, sólo dos son democracias: Portugal -que quizá tampoco lo era cuando se diseñó el de Lisboa- y Canadá.
El citado libro de los dos politólogos neoyorquinos no sólo se centra en la figura de los dictadores estrictamente políticos, sino que hace referencia, más bien , a quienes lideran toda clase de organizaciones, también empresas y otra clase de organismos, y se refiere a la necesidad que, por definición, tienen de mantenerse en el poder a costa de lo que sea, porque en su peor versión, quien se encuentra en lo alto de una pirámide de este tipo busca lealtad antes que eficiencia, de modo que, por lo general, los competentes, los que saben hacer bien su trabajo, son los principales enemigos de los dictadores y de quienes se benefician de su posición de poder.
Lo racional y lógico para un ciudadano -sostienen- es que, por ejemplo, una catástrofe natural mal manejada acorte la vida de un gobierno, pero, al parecer, sólo en el caso de las democracias, porque los electores van a “castigar” la incompetencia que causó tan alto número de fallecimientos y sufrimientos. En cambio, para las dictaduras siempre será mejor que sean muchos los muertos y peores los sufrimientos.
Por el contrario, dado que la base necesaria de apoyo es más amplia en las democracias y los controles son mayores para obtener esos recursos, el gasto para la compra y engrase efectivo de esos apoyos suele ser mayor en las democracias, mientras que en las dictaduras pueden emplearse otros métodos más violentos y relacionados con el miedo para fijar la red de lealtades.
El interesante estudio de Bueno de Mesquida y Alastayr Smith analiza también el coste en sobornos de millones de dólares que conlleva la obtención de una candidatura para la organización de unos Juegos Olímpicos o de un Campeonato Mundial de Fútbol, siendo más alto cuanto mayor sea la bolsa necesaria de votos que hay que sobornar para asegurar dicha candidatura y para pagar el silencio o el posible abandono de última hora de algunos de los compromisarios que participan con su voto en la elección definitiva del candidato, extremos estos que se han demostrado ser ciertos y con cantidades bastante exactas en varias ocasiones, entre ellas la celebración del Mundial de Fútbol de Qatar, una de las ocasiones más recientes donde se destapó el amaño.
Bruce Bueno de Mesquita es titular de la cátedra Julius Silver de Política en la Universidad de Nueva York y director del Alexander Hamilton Center for Political Economy. A través de su consultora en Nueva York, ha ejercido como asesor del gobierno de Estados Unidos para asuntos de seguridad nacional. Es autor de numerosos libros y de artículos para The New York Times, International Herald Tribune y Los Angeles Times.
«El manual del dictador» está editado en España por Siruela y existe versión digital para kindle y otros soportes electrónicos.





