Arrancan las obras en el último vestigio de la Sevilla modernista de la calle La Florida, justo en una zona que aún conserva, ya en la calle Luis Montoto, una «corniche» de fachadas muy valiosas y catalogadas cuyo diseño firmaron en el primer tercio del siglo XX algunos de los mejores arquitectos del momento, entre ellos Aníbal González, Simón Barris, José Espiau, Otero, Juan Talavera y muchos más.
Esta vez se trata del número 7 de la calle La Florida, obra de 1904 con más de 400 metros cuadrados, que contó hasta hace unos años con un edificio gemelo justo al lado, ambos retranqueados y con un pequeño jardín que se separa del acerado con una verja.
El edificio gemelo fue derruido hace más de dos décadas para construir un moderno bloque de viviendas y en esta ocasión parece que se conservará al menos la fachada y parte de su estructura interior, como puede deducirse de los elementos de sujeción que se han realizado en la bella balconada central y en otros elementos generales de la fachada e interior del inmueble.
Edificio núm 7 de La Florida, último vestigio modernista de una calle que tuvo dos cines, el Azul y el Victoria, además de uno gemelo y anejo a éste que fue derribado sin piedad hace unos años.
Destaca una pequeña escalinata curvada de acceso al edificio y cuenta, asimismo, con una entrada independiente con escalera hacia una especie de sótano que recuerda mucho a las viviendas irlandesas e inglesas de esa misma época.
Las obras vienen a unirse al desarrollo de las que se vienen realizando desde hace más de una década y media en la acera de en frente de la misma calle y que estuvieron paralizadas durante largos años tanto por la crisis económica de 2008 como, más tarde, por el hallazgo de valiosos elementos arqueológicos de interés historiográfico en el subsuelo.
Ver: El edificio de La Florida prosigue las obras a buen ritmo tras los fabulosos hallazgos arqueológicos encontrados
Todos estos edificios formaron parte de una fase de expansión de la ciudad extramuros, pero aún muy cerca de la vieja muralla, para entonces ya derribadas sus puertas, y en dirección a los nuevos barrios que se habían creado hacia el este con motivo de la Exposición Iberoamericana de 1929, como los de Nervión y Ciudad Jardín, y suponían el principal acceso desde el este hacia el centro de la ciudad una vez completada la apertura de la vía hasta la Alfalfa.
Fachada de los edificios contiguos firmados por Anibal González en calle Luis Montoto 3 y 5 para la familia de Juan De la Rosa en 1906. Aún en uso, se conserva la pasamanería Art Nouveau de la época
Justo donde se encuentran los vestigios más cercanos de los Caños de Carmona y que atravesaban en ese punto el río Tagarete, luego entubado, se levantan una ristra de edificios de la época Art Nouveau, ya en la avenida Luis Montoto, que constituyen una isla impecable del mejor modernismo que desarrollaron en los principios del siglo XX los mejores arquitectos de la época, esta vez no siempre vinculados al regionalismo o al historicismo, sino inmersos, quizá, en la corriente más pura del Art Nouveau y el Art Déco, si bien, a veces, empleando elementos propios tan significativos como el especial manejo del ladrillo, la forja o la cerámica que significaron a artistas como Aníbal González.

Lienzo de fachadas contiguas también del primer tercio del siglo XX ubicado frente a los restos de los Caños de Carmona al inicio de la calle Luis Montoto.
Es el caso, por ejemplo, de los edificios de la calle Luis Montoto, 3 y 5, obra primeriza de Aníbal González en 1905, una casa plurifamiliar que firmó Aníbal González para la familia de Juan de la Rosa, donde destaca la combinación de ladrillos ocres y albero, con molduras de ladrillo visto (característica que mantuvo Aníbal González en toda su obra futura), además de la cerámica y los cierres de balcones y ventanas como elementos decorativos básicos.
Son dos edificios independientes con una fachada simétrica compartida en el que se ha modificado el aspecto en la planta baja para adaptarla a bajos comerciales. Parte de la misma será utilizada, al parecer, como acceso principal a un hotel de lujo proyectado sobre el solar y los restos del Convento de San Agustín, incluido el claustro, que se sitúa a su espalda y que permaneció en ruinas o integrado en parte en edificios residenciales anejos, tras ser incendiado en los primeros días de la Guerra Civil de 1936 por exaltados izquierdistas.
Ya en el número 7 de esa misma acera se conserva en alguna medida, aunque muy alterada la fachada por obras posteriores y con toldos y otros elementos aberrantes, el que fuera Instituto Provincial de Higiene del Doctor Seras, obra de Simón Barris, construido también a principios de ese siglo, cuyos ventanales y arcos destacan junto al homenaje en el frontón superior que se dedica a la figura luminosa de aquel tiempo el doctor Louis Pasteur.
Antiguo Instituto de Higiene del Dr. Seras con homenaje en el frontón a Louis Pasteur. La fachada ha sido muy alterada, aunque conserva elementos muy reconocibles del modernismo de la época.
Contigua con esta fachada se encuentra otro edificio muy singular del Art Nouveau en Sevilla, esta vez concebido para vivienda del propio Simón Barris Bes en 1906, sobre el que se permitieron obras inauditas hasta su derribo interior completo por tratarse de la actual sede del PSOE de Sevilla.
Fachada del edificio para vivienda del arquitecto Simón Barris, cuyo edificio fue demolido en un atentado grave contra el patrimonio para levantar la sede actual del PSOE de Sevilla. Pueden verse las alturas añadidas que se edificaron en su interior.
A pesar de la eliminación de numerosos ornamentos modernistas de su fachada, esta es un ejemplo arquitectónico del mejor Art Déco de nuestra ciudad, pero también un espléndido ejemplo de la arbitraria intervención de la política en el patrimonio para favorecerse de ella, pues resulta casi inconcebible que se permitiera su absoluta destrucción. El complejo empleo de curvas y formas rectangulares en la fachada lo sitúan dentro de los clásicos de su estilo.
También los siguientes números de esa misma acera, los que van del 11 al 17, ya en frente de los restos de los Caños de Carmona, casi todos de los años 20 y 30, son variantes singulares del mismo estilo y forman en su conjunto un lienzo muy valorable de la arquitectura de aquel tiempo, todos ellos dedicados todavía hoy a viviendas y con una diversidad de estilos de la propia época en que fueron construidos.
Así pues, “el último mohicano” de La Florida hispalense, título de la célebre novela del escritor James Fenimore Cooper, podrá seguir en pie al menos de cara a los paseantes, aunque contará con al menos una altura más que lo iguale al resto de edificios de esa misma calle.




















