En tiempos de pandemia, el juego prácticamente desapareció del día a día. Con los locales cerrados, las restricciones y el miedo a salir, no había muchas opciones. Pero eso cambió rápido: para 2023, todo volvió a la normalidad. Incluso más que eso.
Según los datos, el 85,5 % de los españoles entre 18 y 75 años participó en algún tipo de juego. Ya sea con una apuesta, un billete de lotería o cualquier otra forma de probar suerte. En total, se calcula que cerca de 30 millones de personas juegan al menos una vez al año.
El juego en España está otra vez en alza, y ya no parece un repunte pasajero. Más bien, se ve como parte de una tendencia que sigue firme.
En 2023, una persona promedio gastó unos 144 € en loterías del Estado y 164 € en juegos organizados por empresas privadas. No son números que llamen mucho la atención, pero se han mantenido estables, lo que también dice algo.
Donde sí se notó un cambio fue en los boletos instantáneos, las típicas raspaditas de la ONCE. Ahí la demanda subió con fuerza. Cada vez más gente los prefiere frente a los cupones de siempre.
Las empresas privadas no se han quedado quietas. Los casinos volvieron a funcionar con normalidad, las apuestas deportivas siguen fuertes, y todo eso va recuperando su lugar en la rutina de mucha gente.
Además, están empezando a aparecer nuevos formatos que enganchan a otro tipo de público. Las salas arcade modernas, por ejemplo, están ganando terreno. Y dentro de ellas, los juegos tipo crash se están volviendo bastante populares entre quienes buscan algo distinto. Cada vez más españoles prueban jugar JetX y se vuelven fanáticos de este y otros juegos del mismo estilo. Se podría decir que la combinación de accesibilidad y variedad hizo lo suyo. Incluso personas que antes no se acercaban al mundo del juego ahora se animan a probar. Hay opciones para todos los gustos, y eso claramente está atrayendo a un público más amplio.
Claro que no todo el mundo se suma. Cerca del 15 % de los adultos sigue al margen del juego. La mayoría son jóvenes de menos de 25 años o personas con el presupuesto justo, que directamente no se pueden dar el lujo de tentar a la suerte.
También hay quienes se alejan por razones personales: algunos por temas religiosos, otros por principios. Pero son los menos.
En general, los hombres tienden a jugar y apostar más que las mujeres. Y quienes tienen una situación económica estable suelen arriesgar con más frecuencia. El resto, en cambio, prefiere guardar el dinero antes que jugárselo.
En España, los juegos de azar están dejando de ser algo ocasional y se están metiendo poco a poco en la rutina como una forma más de ocio. Todavía no le ganan a los clásicos de siempre, como el teatro, pero la brecha se va acortando.
En 2023, unas 6,2 millones de personas —más o menos el 18 % de la población— visitaron casinos, salones de juego o hicieron apuestas. En comparación, el teatro atrajo al 24 %, así que la diferencia no es tan grande. De hecho, el juego ya superó en popularidad a otras actividades culturales como los conciertos, las exposiciones de arte o la ópera.
Lo curioso es que, en general, en España no se juega con la idea de hacerse rico. La mayoría lo ve más bien como una forma de pasar el rato. Algo sencillo, sin demasiadas vueltas ni pretensiones.
La Lotería de Navidad es, por lejos, la más popular. Cerca del 75 % de la gente participa cada año. Lo típico es comprar los billetes en grupo: entre amigos, con la familia, en la oficina o incluso con conocidos lejanos. No se trata tanto de ganar, sino de compartir el momento. Ya es más una tradición que un juego en sí, algo que pasa de generación en generación y que se vive en comunidad.





