El pasado 12 de octubre, en la plaza de toros de las Ventas de Madrid, José Antonio Morante, en un arrebato de torero macho, se fue a los medios y allí, en la soledad más rotuna, rodeado de veinte y cuatro mil almas, se arrancó con genio la castañeta. Había toreado con el capote como Dios —Belmonte, Curro Puya y Rafael de Paula— manda. En un quite por chicuelinas, cuando se colocaba para barrer los pitones del toro con el percal, el toro lo volteó de mala manera y el maestro quedó tendido en la arena, con la montera calada, mirando al cielo, más tieso que una vela. Echó mano de la muleta enrabietado, sabiendo que el toreo es el todo o la nada. Enrabietado con la vida, con el mundo entero y con el destino. Y toreó… bueno, toreó con la muleta como solo lo puede hacer el mejor torero de la historia —perdonen, pero es que me vengo arriba en banderillas rápido, aunque por ahí por ahí anda la cosa—.
Han sido meses de aguas y de fríos, con unas navidades tristes de por medio. Todos hemos pensado más de una vez si aquel gesto con la coleta era definitivo o pasajero, si sería para siempre o para un tiempo.
Pues ya tenemos la respuesta. Era para un tiempo que a servidor se le ha hecho eterno. Morante va a torear, si Dios quiere, la corrida del Domingo de Resurrección de Sevilla, el día que don Diodoro Canorea, el yerno de don Eduardo Pagés, se sacó de su manga toledana para que Curro Romero, el hijo del señor Francisco y de la señora Andrea, toreara, como si se hubiera declarado el Día Internacional del Currismo. Será el cinco de abril, Domingo de Resurrección, cuando vuelva a resucitar el Señor en Santa Marina y para que José Antonio vuelva a la que es su casa: la Real Maestranza de Caballería de Sevilla o la plazalostoros —“coso del Arenal para los viejos revisteros y “del Baratillo” para los poetas—, que decía el maestro Burgos.
Aquí señores, hay torero para rato, si “el que en San Lorenzo está, de moraíto vestío”, quiere.
Pst: En el trato con José María Garzón, flamante empresario de la plaza de toros de Sevilla, entran también dos corridas en la feria, una en San Miguel y otra el día del Corpus, el que reluce más que el sol, corrida ligada a la Asociación de la Prensa. Así, podremos recordar y honrar a la alternativa de El Niño de la Palma de manos de Juan Belmonte; a Pascual Márquez desorejando a dos novillos en el 35; Pepe Luis con seis toros en el 41; Chicuelo cortándole un rabo a un toro de Núñez en el 42; la alternativa, y posterior reaparición, de Manolo González; Carlos Arruza como caballero rejoneador; Curro Romero regalando sobreros, encerrándose con seis toros y Puertas del Príncipe; lo del toreo de frente de Manolo Vázquez en el 81; el cornalón de Pepe Luis Vázquez Silva; lo de Domingo Valderrama con aquel torazo de Los Ballones; o las alternativas de Oliva Soto, Pepe Moral o Salvador Cortés, que cortó dos orejas.






