Cuando inequívocas imágenes emitidas sin filtro por medios de comunicación no controlados por el Gobierno consiguen inquietarnos, es el momento de parar, templar y mandar, acudiendo a las fuentes incontaminadas de quienes velan por nosotros y nos garantizan la comprensión correcta de unos hechos que, desde nuestra perfectible visión humana, pudieran conducirnos a torpes interpretaciones, nada recomendables en momentos vacacionales.
Y es que lo sucedido en Ceuta (que en horas veinticuatro transformó a nuestros opinantes profesionales, de expertos «fuególogos» a doctos «guerrahibridólogos», está muy lejos de significar lo que aparentaría si no nos guiásemos por quienes verdaderamente conocen el trasfondo de las cosas. Porque no; ni fue ni ha sido una invasión (expresión sumamente alarmante y que tanto gusta utilizar a la fachosfera), sino un inesperado incidente de flujos migratorios causados por mafias ajenas al Gobierno y la Corona marroquí. Un incidente generador de una fugaz crisis humanitaria, paliada por la inmediata y sacrificada aparición del padre Ángel (con su bufanda roja en pleno agosto ceutí) y felizmente atajada por nuestro Gobierno, auxiliado en todo momento por Marruecos, que también ha actuado con loable celeridad solidaria.
Entre todos hemos conseguido que, si nos entraron unos 80.000 visitantes, hayan regresado ya incluso más de los que vinieron. Y si acaso se han quedado algunos miles rezagados por Ceuta, sabemos que estos «son los mejores», como decía «la gran Manuela» Carmena, ex alcaldesa de Madrid y entrañable amiga del Papa Francisco. Y hasta es posible que también encontremos a otros miles de menas marroquíes, de esos que, en no se sabe qué tómbola de la tomadura de pelo, nos ha tocado criar a los españoles y no a sus padres, pero cuya presencia ofrece grandes beneficios, por supuesto espirituales, a las variadas ONG que se ocupan de alimentarlos y alimentarse. A estas criaturitas de edad habitualmente indeterminada, habría que enviarlos enseguida a los dominios de Juanma Bonilla, el del corazón «asín de ancho», así como a los de otros presidentes autonómicos del PP que gobiernan con Vox, para tensionar mejor sus Gobiernos. Miel sobre hojuelas y ¡toma resiliencia!
En cualquier caso, queda claro que el leve incidente no se debe al efecto llamada del reciente proceso de regularización de más de un millón de inmigrantes que entraron ilegalmente en este país, ni tampoco a las movidas orquestadas por una imaginaria amenaza imputada por el facherío a nuestro leal vecino del Sur sobre la soberanía española de Ceuta, Melilla, y ya también Canarias. Gran parte de culpa nos corresponde a los españoles por exhibir con impudicia, ante los más menesterosos, nuestras paguitas para todo el que se salte nuestras fronteras, y como justicia poética por pavonearnos de ganar el Mundial de fútbol, cuando bien sabemos que el triunfo se debe a las botas de un hijo de la migración.
Aunque en realidad, los más culpables de todo siempre serán la italiana Meloni, Donald Trump, el Tribunal Supremo y su sentencia pro boyas, además de la internacional reaccionaria, la bulosfera y sus maléficas influencias polarizantes en las turbulentas aguas de las redes sociales, logrando intoxicar de «migrantofobia» a incautos enganchados aún a la nefasta manía de pensar. Parafraseando a Groucho Marx: ¿a quién va a creer usted: al Gobierno o a sus propios ojos? Pues eso.






2 Comments
Para aquel que lo vio con sus propios ojos debió haber sido una «ilusión» (percepción equivocada de la realidad). Para el gobierno español es sin duda «delirio» (despropósito o disparate) que por pervertida conveniencia se empeña en justificar otra ilegitimidad: invasión de migrantes desde el extranjero. Felicito a Miguel Ángel Loma por su alerta atención ante la «desestructuradora lógica del equivocado progresismo en España» y le hago llegar mi saludo.
Muchas gracias un tanto retrasadas, Claudio. Y un saludo.