La casualidad es una enemiga implacable de la mentira y de los mentirosos, casi tanto como las hemerotecas, que se encargan de ridiculizar constantemente a quienes la practican así como a los ignorantes y a la «ignorantas» que sólo viven de un rumor, una cancioncilla lejana mal aposentada en sus cabezas de trufa.
La diputada de Podemos que ha intervenido hoy en el Congreso con una de esas fantasías colegiales ridículas que tratan de compendiar la Historia en una sandez y en un topicazo escuchado a vuela pluma en cualquier peña o asociación de barrio, lleva por castigo la casualidad de apellidarse Franco y ahí, a buen seguro, empezarían sus deslindes y matices para que nadie se confunda con el trazo grueso.
Haciendo gala de una pavorosa incultura y de un sectarismo inane que amedrentaría a cualquiera, Isabel Franco, que tiene nombre de reinas abominables y cristianas y apellido de dictadores de Cruzada, se ha precipitado en el resumen de una Andalucía como Jauja de las tres Culturas que sufrió una invasión verdadera por parte de la Corona hispánica (dice ella) y que debe ser que las demás invasiones registradas a lo largo de la Historia seguramente fueron invasiones de juguete o lírico-bailables, pero en todo caso no condenables, pues se trataría seguramente de invasiones así como republicanotas habida cuenta que si los invasores Fernando III, Alfonso X o los Reyes Católicos eran reyes y cristianos, los invadidos sin duda debieron ser todos votantes de izquierdas o así como de Podemos, como no puede ser de otra manera.
Lo bueno en este caso es que, dada la edad de la muchacha y su pertenencia al vecindario de Castilleja de la Cuesta, podría hacerse el ejercicio de localizar la escuela o el colegio donde estudió la acémila, quizás incluso podría conocerse el profesor que la guió por esos avatares de las asignaturas de la EGB y de la ESO para tratar de explicarnos todos cómo brotó en dicha cabecita tan lerdo aprendizaje y comprensión de los hechos históricos.
Porque el caso es que tal vez así también podríamos encontrarnos, casualidad a casualidad, con el Sócrates que la ejercitó en la materia y hasta quién sabe si pudiera tratarse de uno de esos sectarios con piernas que le llegan hasta el suelo adoctrinados y adoctrinadores durante la larga etapa zurda del socialismo andaluz que tantas glorias deplorables nos lleva proporcionadas en eso de la educación pública y de la pregonada excelencia.
Sería todo un hallazgo.





