A ver quién se atreve, quién es el guapo capaz de coger el toro por los cuernos del traspaso de Casa Anselma, que dice adiós a una larga etapa como luminaria del flamenqueo y la sevillanía de la madrugada, cuyo nombre resonaba lo mismo en Australia que en Finlandia, en Japón o en la Tierra del Fuego.
Casa Anselma se traspasa, publica Alberto G. Reyes en el ABC de Sevilla, y uno quiere imaginarlo como si la casa Apple o la Coca-Cola salieran a subasta por cuatro perras gordas, porque lo que vale mucho hoy en día (lo saben bien los publicistas) no es lo que vendes, no el producto, sino la marca misma.
La marca de coches BMW, por ejemplo, ya no fabrica casi nada, porque casi todos los componentes de sus vehículos proceden de otras fábricas lejanas, de distintos países, pero aún ensambla piezas y, sobre todo, las vende bajo un logotipo que destila por sí mismo en la imaginación de los consumidores calidad, sobriedad, eficacia, elegancia…
Y eso, ese perfume que desprende su marca, es lo que vale más dinero, porque constituye una aspiración, un deseo que asociamos a un sueño: «El placer de conducir», relataba una de sus recientes campañas publicitarias en la que sólo se veía una mano jugando con el viento a través de un vehículo sin identificar y al final el logotipo de la casa.
Y eso es Casa Anselma, un perfume, un logo, un símbolo Chanel o la estrella de un Mercedes Benz, un reducto sugerente, en parte imaginario, que dependía de cómo se torciera la noche; una catarata de emociones vividas o alucinadas en las largas madrugadas de juerga que se hacían siempre cortas; y también de recogimiento cuando los cantiñeos se venían a lo dulce de un bolero por rumbas, a una oración rociera ensimismada o a un fandango cortito y por derecho.
En Casa Anselma se bebía, se bailaba, se reía y se cantaba, pero sobre todo se escuchaba. «Toda la noche oyeron pasar…» sevillanas y fandangos, habría rememorado Caballero Bonald de haber paseado por ese pequeño templo trianero de azulejos y confidencias.
La Anselma, hija de un coronel auditor de guerra, nació con voz de mando en una familia numerosa y con su garganta de aguardiente de pelea, castigada por el aire acondicionado de los grandes almacenes de la Plaza del Duque, oficiaba cada noche como presbítero de una alianza entre aves de paso llegadas en vuelos charter desde lugares remotos y los incansables de las noches perfumadas de Sevilla, cerquita del río, navegando por el puente y por las calles de Triana.
Y salir por las calles de la vieja Alfarería, entre la bruma de los cantes y del vino, de los rasgueos de guitarra y los copazos, a bendecir una noche sorprendente en aquella cueva de placeres imaginados.
Premios Nobel y jefes de gobierno, nobles y pícaros, civiles y gitanos, allí en el punto exacto donde se cruzaban las cavas antiguas de los unos y los otros, relumbró La Anselma, que estudió Artes y Oficios y se puso a vender listas de boda en El Corte Inglés, la más grande la de Paquirri y la Pantoja, con muchos regalos de 300.000 pesetas y hasta alcanzar un monto de más de seis millones de pesetas.
Bosé, Massiel, Terenci Moix, Antonio Gala, Alfonso Guerra, Corcuera, Solchaga, Rojas-Marcos, Soledad Becerril, Lola Flores y Lolita, María Jiménez, toreros y literatos o la Infanta Elena se desmelenaron alguna vez o muchas veces en aquella capilla de cante y baile que ejercía como un polo de atracción que no necesitaba gastar un duro en publicidad porque se ‘propagandeaba’ solo, de boca en boca o en muchos de los periódicos y televisiones de medio mundo, atraídos por la atmósfera mágica que sabía crear La Anselma rodeada de los suyos, con su carácter de trueno pero su mano izquierda de embajadora que se curtió durante la Expo’92, época en la que obtuvo el doctorado en guiris más completo que otorga la ciudad desde que fue la capital del mundo en la Carrera de Indias.
A ver quién es el guapo de seguir la estela, de poner en pie ese templo de peregrinación y de atizar la romería de cada noche en La Anselma. Ahora se traspasa. Vamos los valientes…






1 Comment
Los asiduos a este tipo de locales tienen poco respeto al entorno a los vecinos a las normas de convivencia y a la vida sana .
Menos tugurios malolientes menos cocaina y menos zorreo ….vivireis con mas dignidad mas años y sobre todo los vecinos del entorno de esos locales podran descansar como se merecen .