Estas palabras de hoy quieren ser altar de cerámica en cualquier calle de la Triana clásica, para acordarnos de Alfonso Carlos Orce Villar (Sevilla, 1959) que —entre rezos a la Virgen de los Reyes, el olor a nardos por la calle Alemanes y el sonido opaco del palio de tumbilla— ha partido para los cielos trianeros siendo aún demasiado joven. Y eso que llevamos escuchando su nombre desde hace yo no sé cuánto tiempo.
Alfonso, que se nos ha ido en la frontera de las tres gracias y el repique de campanas de la Giralda, conoce mi pueblo, Paradas, desde mucho antes de nacer, que su abuelo, Enrique Orce Mármol, talló un nazareno de breve zancada tras la destrucción del antiguo que se veneraba y que fue destruido en la guerra civil.
La cerámica sevillana está unida a la familia de Alfonso. Desde su abuelo, autor de todas las cerámicas de la Plaza de España, a él, pasando por su padre. Padre e hijo restauraron definitivamente el famoso azulejo del Studebaker del antiguo bar El Sport de la calle Tetuán, que fue pintado por Enrique Orce en 1924. Abuelo, padre e hijo en una sola imagen, en una obra de la Sevilla del ayer que se proyecta al mañana.
Alfonso Orce era ceramista, Licenciado y Doctor en Bellas Artes, Profesor de Dibujo y Color en la Escuela de Arte de Úbeda, así como profesor de la Universidad de Sevilla y de la CEU San Pablo. Con él se remata una estirpe que dio color a una Sevilla que ya solo nos va quedando en el recuerdo.
Acompañé en más de dos y de tres ocasiones a Manuel Carrión Cansino —mecenas de Alfonso en la Campiña— a la calle Covadonga, a la casa de los Artesanos, para echar un rato de tertulia y luego, si se terciaba, tomarnos unas copas con la gracia en la voz de Anselma. Conversar con él era asistir a una clase magistral de Historia del Arte, salpicada con la gracia del Zurraque. Un paseo por la Triana incorrecta que nace en el Altozano y desemboca en Casa Ruperto.
Sirvan de despedida, de un artista íntegro y completo, estos versos del poeta pacense Manuel García Romero.
Su ilusión juvenil va germinando
sobre un campo de nieves vidriado.
Los senderos del arte se han poblado
de luces y colores estallando.
En su estudio trianero está pintando
la rosa y el clavel, el ave alado,
el mar azul, el valle remozado,
y las mozas gitanas suspirando.
Con estos tres legados colosales,
trabajo y canto tras sus ventanales:
¡Porque vivo soñando… el mundo es mío!…
Alfonso Carlos Orce Villar: Pintor ceramista (Sevilla, 17 de julio de 1959). Nieto de Enrique Orce Mármol e hijo de Alfonso Orce González. En sus inicios sus trabajos los cocía en el tejar de Alfonso Jaramillo, en la isla de La Cartuja.
Su comienzo en el mundo de la cerámica es en la fábrica de Pedro
Navia, donde en esos momentos pintaba su tío Fernando Orce Guerrero.
A mediados de los años setenta ingresa en la escuela taller de La Corchuela. En 1985 fue uno de los precursores de la Escuela de Cerámica, situada en la calle Rodrigo de Triana. Al mismo tiempo se incorpora al estudio que su padre mantenía en la Casa de los Artesanos, en la trianera calle Covadonga, donde comienza a ejecutar sus encargos particulares y a investigar en la técnica cerámica.
Es Licenciado en Bellas Artes en 1987. Redactó su tesis doctoral sobre la figura de su abuelo, titulada “Enrique Orce, el auge de la cerámica sevillana»”.
En su faceta escultórica, restauró la imagen de la Virgen del Carmen de Moguer y el Nazareno de Posadas y el Nazareno de Paradas, ambos tallados por su abuelo.
En 1995 publicó una obra sobre la restauración de azulejos. También en estos años colaboró en la emisora de radio “Antena Médica” con un programa titulado “Sevilla en las Bellas Artes”.
En febrero de 1999 imparte clases en la Escuela de Artes y Oficios de Úbeda (Jaén), compatibilizándolo con su taller en Sevilla.
En 2001 traslada su plaza docente a la sevillana barriada de Palmete, al Instituto Leonardo Da Vinci, impartiendo clases de cerámica hasta 2008, pasando a impartir la asignatura de Proyectos Cerámicos en la Escuela de Arte de Cádiz.
Tras su paso por el Instituto Vicente Alexandre, de Sevilla, impartiendo la asignatura de cerámica, en 2015 regresa a Úbeda, su último destino docente en el año 2022, como profesor de dibujo técnico y artístico.
A lo largo de su dilatada trayectoria artística, ha participado en varias exposiciones, como la de Arquivir 85 (Sanlúcar de Barrameda), y en la organizada por el Patronato de la Unesco en París con motivo del mundial de fútbol de 1986. Mantiene relación con frailes de la orden de los capuchinos, continuando así las relaciones que tuvo su abuelo con esta comunidad religiosa.





