Toros en Sevilla: Cuando la llave de la Puerta del Príncipe se deja ver
El ciclo continuado empieza con orejas para José Garrido y Alfonso Cadaval y un buen encierro de Santiago Domecq

Alfonso Cadaval había estado muy bien en su primero. Aprovechó la alegre embestida de un magnifico toro de Santiago Domecq y le cortó una oreja. Sólo una en una faena que supo a poco. Cuando salió el sexto y empezó a manifestar un buen comportamiento se oyó ya algún comentario, que se recrudeció cuando el encastado Faraón, que así se llamaba el que cerró plaza, embistió con bravura al caballo y propició después un buen tercio de banderillas.

El sevillano brindó a su tío Jorge y agarró la muleta con fuerza, tal vez demasiada. El runrún triunfalista se tomó un descanso silente de faena de expectación, pero no volvió a aparecer. La primera serie buena fue la tercera, ninguna de ellas con la suavidad que el toro requería, más bien todo lo contrario. Para la siguiente -todas con la derecha- el toro ya no tenía fuerza, no tenía la capacidad para embestir como su bravura le pedía. El pitón izquierdo apenas servía y la faena se fue diluyendo hasta acabar, tras un pinchazo y una estocada tendida, con una ovación para el hijo del moranco.

La corrida de Santiago Domecq no empezó bien por un accidente. Capitán, el colorao que abrió plaza, se partió un pitón contra el burladero del 4 al poco de salir y el sobrero que le sustituyó, no dio a José Garrido opciones para el lucimiento. Sin embargo, tanto este como todos los demás mostraron bravura y casta. Luego, los hubo con más clase y con menos, con más recorrido y con menos, más toreables y menos. Pero los mínimos de bravura que se le requieren a un toro en Sevilla los cumplieron de sobras.

El extremeño cortó la otra oreja de la tarde tras una gran faena al cuarto, un toro sardo de nombre Gracioso. Y es que todo lo hizo bien. Desde los doblones de inicio seguidos de una serie de rodillas y un pase de pecho hasta los ayudados, naturales y aun un kikirikí ya con la espada de matar.

Además de su bravura, el toro tenía clase, se desplazaba bien y con recorrido en cada pase. José Garrido, muy buen torero, lo entendió rápido y supo llevarlo toreado por la derecha, con la muleta siempre en la cara, rematando con los de pecho por la izquierda para aprovechar el pitón y dejando ver su buen gusto con alguna elegante trincherilla. Mató con una efectiva media estocada que le puso la oreja en la mano, con una leve petición de la segunda.

Al peruano Joaquín Galdós apenas se le pudo ver. Se topó con el peor toro, su primero, segundo de la tarde, que, sin embargo apuntó maneras de salida, dejando que pudiéramos ver las mejores verónicas de la tarde. Cuando se dobló con él estaba ya yendo a menos, demostrando que tenía tanta bravura como falta de clase. El quinto fue un buen toro, galopaba, se entregaba en la embestida y en el caballo y, aunque no humillaba, se le podía hacer faena. Pero Galdós nunca se encontró a gusto, no sabemos por qué, pero lo cierto es que el toro estuvo muy por encima de él. Tal vez debió torearlo en los medios, tal vez no debió doblarse al principio, tal vez…

Esta primera corrida del ciclo continuado nos dejó algunas incógnitas. La primera, ¿por qué las figuras huyen de esta ganadería de Santiago Domecq? ¿Por qué José Garrido no aparece nunca mejor acartelado, como su toreo demuestra merecer? ¿Por qué se ha anunciado ya que las ausencias de Emilio de Justo no serán cubiertas?

Si nos encontramos con alguna respuesta prometemos compartirla.




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