La desoladora situación de los coches de caballo en Sevilla

Se pasan el día y hasta la noche (como en la imagen) aparcados desesperadamente aguardando la oportunidad de que algunos turistas quieran recorrer en ellos los lugares más emblemáticos de la ciudad. Pero apenas hay ya turistas en Sevilla. Lo único que los coches de caballo atraviesan en estos momentos, es una situación desesperada y cada vez más inasumible por falta de clientes.

 

Foto: Beatriz Galiano

 

La pandemia los azota a diario, como le ocurre a tantos otros sectores que viven de la afluencia de público. Su razón de ser estaba en el turismo, tan floreciente en la Sevilla de los últimos años. Pero el turismo ha desaparecido prácticamente por completo, abocando a los mejores hoteles a decidir su cierre (como el Hotel Alfondo XIII o el Colón). Sevilla casi sólo tiene ya sevillanos, pero los sevillanos no son precisamente quienes demandan pasear en coches de caballo.

El único amparo que le queda a este medio de transporte tan típico es que el Ayuntamiento modifique a sus trabajadores las ordenanzas fiscales para que sean suprimidas las tasas que pagan como autónomos, decisión que igualmente ha sido tomada para los taxistas. El resultado será ahorrarse cada profesional de 500 a 1.000 euros, lo que supondrá una pérdida de más de un millón de euros para la caja municipal. 

Los coches de caballo dejarán de pagar asimismo las tasas del servicio privativo, el uso de cocheras y servicios de luz, limpieza o reparación y mantenimiento,  así como el aprovechamiento del espacio público, lo que se traduce en 1.000 euros al año. 

Las perspectivas de cambio son escasas si se tiene en cuenta que en el horizonte más inmediato Sevilla ha suspendido, por segundo año consecutivo, nada menos que la celebración de la Semana Santa y de la Feria. Sin estos y otros eventos, el relanzamiento del turismo no va a situarse en las cotas saludables y bien boyantes de antes de la crisis sanitaria, por más que se lo propongan las altas instancias políticas.

La fotografía no puede ser más descriptiva en una tarde de Sevilla, con la Avenida desierta de turistas en la zona más monumental de la ciudad, donde un último, solitario y esperanzado cochero confía en  la remota posibilidad de sacarle un viaje a un día más de paciencia en la parada.




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