Julio Cuesta: “Un pregón dentro de un programa de actos y sin Semana Santa en Sevilla sería un remedo. No lo haría”
Entrevista con el pregonero de la Semana Santa de Sevilla (I)

 

“Tengo que ser capaz de sintonizar con lo que la gente espera ahora; si no lo logro será un fracaso” 

“Nunca me he planteado renunciar al pregón; sería un acto de soberbia bestial”

Choca encontrarse con Julio Cuesta -el pregonero de la Semana Santa de Sevilla con circunstancias más especiales- ataviado con una cazadora tipo Harrington –chulísima, por cierto–, vaqueros y mocasines de ante. Un sport elegante, como siempre, pero alejado de la acostumbrada formalidad de traje y corbata. Habla sin lamento de su situación alejado de la primera plana de la sociedad sevillana, en la que ha ocupado un lugar destacado muchos años, y muestra durante toda la entrevista su habitual seguridad y capacidad para dar la vuelta a las preguntas usando matices de todo tipo para suavizar cualquier cuestión.

– ¿Ha visto usted la película ‘El penalti más largo del mundo’?

– No… (Se le cuenta el argumento) A mí me ha pasado lo mismo con el pregón de la Semana Santa de Sevilla, pero sin invasión de campo… De repente, la gente no podía salir a la calle por un riesgo muy serio. Por una situación peligrosa. Eso era lo de verdad importante.

– Entonces, considera residual lo de la suspensión del pregón…

– No. Cuando se toma la decisión salgo de una gran incertidumbre, para mi satisfacción y alivio, porque veo que se están tomando medidas para lo realmente importante. Se hizo lo que había que hacer.

– ¿En qué momento del pregón le pilló?

– En la segunda corrección. Inmediatamente pienso que el pregón tiene que ser distinto.

– ¿Cien por cien distinto?

– Es posible que afloren algunas partes que ya estaban escritas, pero siempre desde otra perspectiva. 

– ¿Cuál?

– Más realista. La del significado real de las advocaciones de la Semana Santa.

– ¿Por ejemplo?

– La Soledad. 

– ¿Un juego entre las advocaciones y lo sufrido?

– No. Muchas veces no pensamos en la carga espiritual y simbólica de la advocación y hay que profundizar. No es una mera colección de nombre piadosos, sino que hay mucho de nuestra relación con la Divinidad a través de los sentimientos espirituales: Soledad, Piedad, Caridad, Esperanza…

– Hay una advocación que antes no existía y ahora sí. ¿Tendrá su sitio?

– La Virgen del Confinamiento la hemos tenido todos cerca al pensar que en Ella podría estar la solución. No tengo criterio en este momento.

– ¿Cuánto tiene escrito?

– Tengo algo escrito. El original está ahí y recurro a él cuando se me ocurre. De lo nuevo tengo unos cuantos folios.

– ¿Teme tener que estar cambiando todo constantemente?

– Sí. Tengo ahora un sentido de lo efímero tan grande que no doy nada por definitivo.

– Pero eso es hasta estresante…

– No. ¿A qué escritor no le pasa que haya tenido que tirar papeles?

– Pero porque no le guste lo que sale, no porque ponga la tele y vea…

– Hay un pregón original. Pero estoy trabajando en otra cosa. Empieza de otra manera, hago un recorrido diferente y acabo de otra manera. No sé cómo lo voy a acabar, pero sí cómo lo voy a empezar. Aunque no es inamovible. Es que quedan muchos meses…

– O pocos…

– No será la Cuaresma que viene, porque no habrá Semana Santa el año que viene. Y ¿cómo va a haber un pregón de algo que no va a suceder? Soy consciente de que igual de todos estos folios no me sirve ninguno. Es la realidad y vivo con eso. Pero no estoy frustrado. No tengo la frustración de que tengo que decir algo que no sea lo que corresponde. Procuraré estar al tanto de todo…

 

En este punto, Julio Cuesta se detiene un momento. Como si bebiera o cogiera fuerzas desde el mismo atril del Maestranza. Coge aire y sigue.

 

– Estoy pensando mucho en lo que la gente está esperando. Tengo que ser capaz de sintonizar con eso, si no lo logro, será un fracaso. Un ejemplo, la actitud con la que la gente se va a aproximar a la primera procesión que salga será distinta y eso es lo que quiero ser capaz de captar y reflejar. Ahora somos distintos.

– ¿Le pasa por la cabeza un pregón televisado y sin gente?

– No. Tenemos que ser respetuosos con nosotros mismos y con nuestras cosas. El pregón, con su forma, es un acto consolidado, de éxito y que cumple un cometido. No hay que tocarlo. Además, si no hay gente es que no hay Semana Santa. Y si no hay Semana Santa no hay pregón.

– Se está hablando de un programa de actos. Podría adaptarse el pregón. ¿Lo vería bien?

– No. Yo no haría ese pregón. Sería un remedo de pregón.

– ¿Se ha planteado renunciar al pregón?

– No. Nunca me he visto pregonero y aún no me veo, la verdad, pero que te nombren es un acto tan generoso que sería un acto de soberbia bestial renunciar. ¿De generosidad por la situación? No, porque el pregón se va a volver a celebrar. Probablemente cuando se celebre ya no esté yo en edad o por razones de salud no pueda o tenga que llegar al atril en un andador. Pero eso ya es otra cuestión. No sabemos cuándo y a lo mejor resulta que cuando sea ya no estoy aquí o no estoy en situación

– ¿Y un aforo limitado?

– Peor todavía. ¿Te imaginas un pregón en el Maestranza con una butaca de cada dos? A mí me gustaría verme con todo el mundo allí.

– ¿Es consciente de que es difícil que el pregón en sí supere a unas circunstancias tan excepcionales?

– Sí. Y le tengo miedo a eso. Le tengo miedo hasta a los aplausos…

– Los pregoneros siempre dicen que disfrutan mucho de la cuaresma previa. La suya está durando más de lo normal…

– Sí, pero no estoy cansado. Poco antes de la cuaresma dije en un acto que me gustaría ser siempre aspirante a pregonero, porque cuando das el pregón ya vives de la nostalgia y yo estoy viviendo del halago, de la felicitación de la complacencia de la gente. Y fíjate si la Providencia me lo ha dado (risas). Así, de momento, dos años. Sí; como dices, es el pregón y la cuaresma más larga del mundo.

 




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