Comandante Torres: “Ser madre es la misión más difícil. Nadie te prepara para eso”
Entrevista a Rocío González Torres, una mujer de altos vuelos

 

Rocío González Torres (1983, Huévar del Aljarafe) es una mujer de altos vuelos que ha llegado a las cotas más altas en su carrera. Madre de tres hijos, es instructora de vuelo en la Academia General del Aire y la única mujer piloto de la Patrulla Águila. 

En 2017 fue galardonada con la Medalla de Oro de la Provincia de Sevilla y un año antes fue la ganadora del Pentatlón Nacional Aeronáutico, lo que le permitió en 2019 alzarse en sexto puesto, entre cerca de mil participantes, en la edición internacional celebrada en la ciudad china de Wuhan. 

Fue número uno de la promoción del Curso de Caza y Ataque en 2007 y también es la primera mujer de España en alcanzar las mil horas de vuelo a bordo de un F-18. A los trece años, cuando dijo en casa que quería ser militar, se lo tomaron en broma. Parece que el asunto ha ido muy en serio

 

Da la sensación de que no existís. ¿Eso es bueno o es malo?

– Desde mi punto de vista, nos deberíamos mostrar un poco más. Creo que es una asignatura pendiente del ejército. También depende. Cuando defendemos el espacio aéreo de España debemos hacerlo sin que os deis cuenta. No debemos crear alarma. Lo ideal es pasar desapercibidos. Es bueno que en nuestro trabajo diario exista esa invisibilidad. Ahora bien, es cierto que la gente no conoce mucho nuestro trabajo ni lo que hacemos o cómo es el día a día en la vida de un militar. 

– Al contrario que los americanos.

– (Risas) A mí me valora mucho más allí que aquí. Yo voy con mi tarjeta militar y tengo acceso a muchísimas cosas que aquí no tengo. Nos queda mucho trabajo de concienciación de la sociedad.

– ¿Se han puesto en contacto con usted muchos medios de comunicación con motivo del 8-M?

– Sí, unos cuantos.

– ¿Cuál ha sido la pregunta más repetida?

– Una que preguntan casi siempre es por qué ingresé en el ejército. Y la otra es sobre discriminación; que si me ha sido muy difícil por ser mujer.

– ¿Suelen llamarle en otras fechas como el Día de las Fuerzas Armadas o el Día de la Hispanidad?

– Sí, porque solo somos seis mujeres piloto de caza en España y soy la única que pertenece a la Patrulla Águila. Hay mucho trabajo que repartir. 

– ¿Fomentamos los estereotipos?

– Creo que es una cuestión más de fuera que de dentro. En 2003, cuando ingresé en la academia, la única diferencia entre hombres y mujeres era que dormíamos en camarotes separados, pero por lo demás he hecho todo igual que el resto de mis compañeros. Nunca he visto ninguna discriminación como piensa la gente de fuera. Al principio algunos jefes te cedían el paso por ser mujer, pero era por una cuestión de cortesía y de educación, nada más.

¿Qué le molesta más, que la llamen por ser mujer o que no se interesen por lo que hace?

– Que no les importe mi trabajo. Entiendo que los jefes digan que hay que darle visibilidad a la mujer para que se vea que en el ejército hay igualdad y pueda ser una opción de futuro para muchas niñas, pero me quejo. Entiendo también que si no fuera por ese motivo no me llamarían. 

–  Su marido también es piloto de caza ¿Usted gana menos que él?

– Para nada. Ni un céntimo más ni un céntimo menos. Lo bueno de las Fuerzas Armadas es que está todo escrito desde hace mucho tiempo, en obligaciones y en derechos. 

– Se desmonta por tanto una de las falacias más repetidas por la ideología de género ¿no?

-Totalmente. No sé en qué se basan para hablar de brecha salarial.

– ¿Alguien le ha impedido volar tan alto como ha querido?

– Nadie en absoluto. He hecho mi carrera como cualquier otro compañero. Fui la número uno porque estudié muchísimo. No es que sea la más inteligente del mundo, porque me considero de la media, pero soy muy constante y pesada. Me lo preparé muchísimo y pude escoger el destino que quise. Lo único que me ha frenado un poco han sido los embarazos, porque es incompatible con mi actividad, pero he hecho otras labores en oficina, con simuladores o revisado las misiones de mis compañeros. Por eso tenía que pensarme muchísimo en qué momento quedarme embarazada.

– Entonces, volvemos a desmontar otra falacia.

– Totalmente. 

– ¿Recuperaría la mili?

– (Risas) Creo que todos deberíamos estar educados en el sentido de pertenencia. Ser patriotas como pasa en Estados Unidos. Allí te cruzas con un militar y la gente prácticamente se pone firme porque sabe que están defendiendo a su país. El sentido de pertenencia se ha perdido bastante. Ese deber para con la sociedad y el país. Entiendo también que nadie te puede obligar a hacer lo que no quieres. Lo ideal sería que concienciáramos a la gente desde pequeñitos para que quisieran hacerla de manera voluntaria.

– Qué siente cuando sobrevuela los cielos de España a bordo de su F-18 y sabe que está defendiendo a un país a punto de ser fragmentado por el independentismo.

– Me da mucha pena la independencia. Yo creo en la unidad de España y mi deber es defenderla esté quien esté en el Gobierno. Me da mucha pena que se quieran independizar, pero hago mi trabajo que es limitarme a cumplir las misiones que me encomiendan. 

– Usted ha sido pionera en muchas cosas. También es madre de tres hijos. Eso sí que es volar alto ¿no?

– (Risas) Ese es mi verdadero trabajo.

– ¿Su misión más difícil o la más importante?

– Las dos. La familia ha sido algo muy importante para mí, y de hecho tenía claro que quería tener hijos. La pena es que me gusta mucho mi trabajo y si elijo la otra vida tengo que bajar el ritmo. Mi pena es que para hacer una cosa tengo que dejar la otra. A día de hoy estoy pensando en tener otro hijo, pero eso implica bajarme de la Patrulla Águila y estar un año sin volar. Es la misión más difícil por la responsabilidad que implica. Nadie me ha preparado para ser madre.

– Cuando vuela por placer, ¿pasillo o ventanilla?

– (Risas) Pasillo, porque me gusta levantarme. No me gusta volar en aviación comercial porque necesito saber quién está delante llevando los mandos. 

– ¿No se fía del piloto?

– No es que no me fíe, es que al conocer tantas cosas sueles hacerte muchas preguntas sobre las maniobras que ejecuta y lo paso muy mal.

– ¿El mundo se ve de otra manera desde un F-18?

– Se ve de otra manera. La gente piensa mucho en la adrenalina, las sensaciones y es verdad, pero siempre digo que vamos trabajando. Tenemos muchos ordenadores, sistemas y datos que manejar en la cabeza. Desde el momento en que te dan el briefing (instrucciones) estamos muy enfocados a la misión. Hay que llevarlo todo muy controlado. Disfrutar del avión es muy difícil. El momento que más disfrutas es cuando estás volviendo de la misión y vas en recuperación de la base, porque la carga de trabajo es mucho más baja. No se ve igual desde dentro que desde fuera.

– ¿Despegue o aterrizaje?

– Me gusta más el despegue porque vas a iniciar tu misión. Es el comienzo de algo y vas con la incertidumbre de lo que pueda pasar. También es la parte más peligrosa. Es cuando hay que tener más cuidado para no estrellarse.

– ¿Y en la vida?

– Tengo los pies en la tierra, pero siempre estoy buscando despegues, objetivos nuevos, misiones nuevas, cosas distintas. Seguiré despegando aunque deje de volar, aunque me metan en un despacho como destino final.

– ¿Ha llorado alguna vez a lo largo de su carrera militar?

– Sí, por alguna injusticia. Lo bueno es que también me ha hecho luchar. 

– ¿Y reído?  

– Todos los días. Es una profesión que no conocía y que quise desde pequeña por algún motivo que aún desconozco. No hay antecedentes en mi familia. Mi sorpresa es que cuando la descubrí me enamoró, me enganchó. Creo que no hay una profesión más bonita. El ambiente es espectacular. 

– ¿Se siente pequeñita o muy poderosa a bordo de semejante aparato?

– Pues las dos cosas. Eres consciente de lo que llevas entre manos y la fuerza que tienes con ese tipo de aviones y lo que puedes cambiar, pero también te sientes pequeñita porque el avión te requiere mucho y hay mucho trabajo que hacer; son muchos sistemas que controlar y son muchas las cosas que pueden pasar en una misión. 

– ¿Tenéis un plan B?

– Un plan B, C, y D. Muchos planes. Lo que llamamos «what if» («qué pasa si…»). Planeamos una misión inicial con los datos que tenemos, los que nos pasan los jefes, los de Inteligencia de los posibles enemigos, pero siempre tenemos varias contingencias preparadas porque lo normal es que ocurra. Es muy raro que todo salga según lo planeado. Mi lema, cuando estaba en otro escuadrón, era: «de lo dicho nada». Pueden ocurrir cosas tan sencillas como que de repente haya nubes en lugar de sol y moscas. O si en vez de cuatro enemigos sean ocho. Tenemos muchos planes para intentar cubrir lo máximo posible. 

– ¿Cómo se lo tomaron en casa cuando dijo que quería ser militar?

– (Risas) Tenía 13 años. En casa y en el pueblo no se lo tomaron en serio, pero cuando comencé a prepararme la oposición la cosa cambió.  Lo cierto es que fue un notición. Y más en un pueblo pequeñito de 2.000 habitantes. 




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