El Ayuntamiento de Sevilla y sus obras. El Cardenal Wiseman (I)

 

 

Estimados lectores: una vez más me dirijo a ustedes para mostrarles la biografía del Cardenal Wiseman. Este nuevo personaje, sevillano de nacimiento, fue cardenal arzobispo de Westminster tras restablecerse la jerarquía católica en Inglaterra en 1850 después de tres siglos abolida,  además de teólogo y novelista, y su casa natal se conserva, situada en la calle Fabiola (antigua calle de las Cruces), recordando su nacimiento en ella una placa colocada en la fachada de la mansión. Hay un retrato suyo, pintado por José María Romero, ubicado en la casa consistorial del  Excmo.  Ayuntamiento de Sevilla. 

Nicholas Patrick Stephen Wiseman nació en Sevilla el 2 ó 3 de agosto de 1802 y fue bautizado el día 4 en la antigua iglesia parroquial de Santa Cruz, sus padres eran una pareja irlandesa  católica que se habían establecido en España por motivos comerciales. A los pocos días de nacer  su madre lo llevó a la capilla de la Virgen de la Antigua de la catedral de Sevilla,  depositándolo sobre el altar como una manera de consagrarlo al servicio de la Iglesia y para que quisiera ser sacerdote.  No hay muchos datos sobre los años sevillanos de Wiseman; empezó su educación en Sevilla, probablemente en su casa y con ayuda de algún tutor o profesor particular, como era costumbre en familias de buena posición, y consistía , básicamente, en aprender  los primeros  conocimientos de Matemáticas, a leer, a escribir y  a recibir una buena educación religiosa.  Era tranquilo,  tímido, reservado, de pocas palabras, pero muy observador, inteligente y con gran memoria, y generoso en sus relaciones con otros niños de su edad. Su padre, James Wiseman,  falleció inesperadamente  el 2 de enero  de 1805  siendo su tío Patrick  quien se hizo  cargo de la empresa comercial, de él, de su madre y hermanos, quebrando dicha empresa  en 1808 como consecuencia de la situación política que atravesaba España en ese tiempo. Por esta razón, en 1809,  Wiseman se trasladó con su madre y sus hermanos a Irlanda, a  Waterford, cuando la inminencia de la ocupación francesa puso fin a los negocios comerciales de los ingleses, con peligro incluso de sus vidas, ingresando, por decisión de su madre en un internado de dicha localidad, en el que  aprendió a hablar inglés. En marzo de 1810, su madre lo envió a Inglaterra para que continuara estudiando en un Colegio apropiado para jóvenes, el de St. Cuthbert, en Ushaw, cerca de la ciudad de Durham.  Allí se dedicó a leer intensamente y al estudio casi en exclusiva, mostrándose serio, retraído, solitario y poco comunicativo con sus compañeros; disfrutaba estudiando, incluso en sus horas libres, y, además, reflexionó mucho sobre todas las cosas  y se forjó una personalidad propia, adquiriendo  confianza en sí mismo, y una gran estima y consideración,  con  la obligación de cumplir con su deber en todo momento sin prestar la menor atención a la opinión de los demás  y ganándose el respeto de todos. Pero, a pesar de su carácter  apocado, Wiseman fue capaz de hacerse amigo de algunos de sus compañeros y de lograr el aprecio de sus profesores. Durante sus años en Ushaw, Wiseman descubrió la gran diferencia  que existía entre ser católico en Inglaterra y serlo en Sevilla; en su ciudad natal, la Iglesia tenía total libertad para celebrar un culto público espléndido, con una liturgia solemne y música sacra,  y los templos, empezando por la inmensa catedral, eran hermosos edificios que guardaban bellísimas obras de arte. Sin embargo, nada de ello sucedía en Inglaterra, donde los ministros de la Iglesia tenían que disimular su condición y los escasos lugares de culto eran edificios sin ninguna señal exterior, con culto simple y severo y muy parco con respecto a la veneración del Santísimo Sacramento y a la devoción a la Virgen María y a los santos, siendo Wiseman testigo personal  de los sentimientos anticatólicos del pueblo inglés; así que, mientras en España la Iglesia Católica estaba triunfante, en Inglaterra estaba todavía escondida dentro de sus catacumbas  y los católicos eran una minoría perseguida y calumniada. Por ello, Wiseman se alegró al ver que, durante las fiestas que se celebraron en Londres en 1814 en honor del rey de Prusia y del zar de Rusia al visitar la ciudad tras la derrota de Napoleón, fue recibido en la Corte inglesa un prelado católico por primera vez desde 1558,  el cardenal Ercole Consalvi, Secretario de Estado del papa Pio VII, en calidad de representante diplomático del pontífice, para normalizar las relaciones con el Reino Unido en unos momentos en aún estaban vigentes las leyes penales y la prohibición de cualquier tipo de relación con la Santa Sede; dicho cardenal estaba interesado en apoyar la petición del Vicario Apostólico John Millner para la reapertura del Colegio Inglés de Roma, que permanecía abandonado desde la ocupación de la  Ciudad Eterna por las tropas francesas de Napoleón. 

El 18 de diciembre de 1818 Wiseman  marchó de Ushaw  a  Roma, después de decidir que quería ser sacerdote y animado por su madre que era muy piadosa, para estudiar en el Colegio Romano como seminarista,  llegando a dicha ciudad tras un accidentado viaje por mar y por tierra,  residiendo en el Venerable Colegio Inglés, que había vuelto a abrir. Estos años romanos fueron los más felices de su vida, todo  era más fácil y bello, la ciudad, su rica historia civil y religiosa, el arte, la cercanía del  Vaticano, encontrándose más a gusto en el Colegio Inglés de Roma que en Ushaw, con una disciplina más  relajada, y sin que la Iglesia Católica fuera cuestionada ni tuviera necesidad de defenderse de acusaciones anglicanas, y, a pesar de sus dificultades  para comunicarse con los demás, tuvo una juventud dichosa, con amigos y protectores. El 24 de diciembre fue recibido Wiseman, junto con otros compañeros de estudio,  por el papa Pío VII  en  su residencia del palacio del Quirinal, con una acogida cariñosa y familiar, pronunciando el pontífice hermosas palabras de bienvenida, y exhortándolos a la piedad y a la aplicación en sus estudios para que honrasen a Roma y a Inglaterra en el presente y en el futuro; Wiseman, tras esta entrevista tan calurosa, se sintió especialmente protegido por el Papa para su preparación para el sacerdocio, ya que el pontífice se encargó de escoger sus maestros, de aprobar personalmente sus libros y de guiarlo en todo momento bajo su tutela personal; además,  dicha entrevista  fue el comienzo de la relación tan especial que mantuvo con los cuatro papas que rigieron la Iglesia católica durante la etapa romana de su vida. El Domingo de Resurrección de 1819 acudió a misa a la Basílica de San Pedro, donde tuvo ocasión de volver a ver al Papa y también  a ver en la  Plaza de San Pedro la procesión del Corpus Christi, donde nuevamente se encontró con Pío VII (era la primera vez que Wiseman veía una procesión  de este tipo desde su salida de Sevilla, ya que estaban prohibidas en Inglaterra).

En 1823, a la muerte de Pío VII,  Wiseman  asistió por primera vez a la impresionante ceremonia del funeral de un Papa, y fue testigo del primer cónclave de su vida, en la elección de León XII, presenciando en la basílica vaticana una misa  pontifical oficiada personalmente por el Papa. Wiseman admiraba el esplendor del ceremonial de la Corte pontificia, impresionado al estar acostumbrado a la austeridad del culto católico inglés.  Era un buen estudiante con muy buenas notas, llegó a dominar varios idiomas, y  fue el primer seminarista de su promoción que predicó un sermón en latín delante del Papa  en la capilla del Quirinal al restaurarse una antigua tradición en 1819, recibiendo, a finales de 1820, las órdenes menores. Sus estudios le absorbieron de tal manera que llegó a tener alguna duda sobre su vocación sacerdotal, pensando, por un momento,  que Dios lo llamaba más a la investigación y a la docencia universitaria que al trabajo pastoral, lo cual era muy normal en un joven de su edad que había decidido ser sacerdote demasiado pronto y con una experiencia de la vida muy limitada, pero, finalmente, completó el primer ciclo de sus estudios teológicos en 1822  y continuó preparándose para su doctorado en Teología. Las clases se impartían por las mañanas, y por las tardes solía salir con sus compañeros  de estudios a visitar alguna iglesia o museo, y, a veces, había excursión al monte Pincio, lugar de paseo y de reunión donde los colegiales seminaristas podían charlar con personas de diversa condición, jóvenes o mayores, intercambiando pensamientos e ideas, siendo un complemento de lo aprendido en las clases. A Wiseman le gustaba hablar con los mayores, sobre todo, expertos en cualquier área del saber, siendo una experiencia muy provechosa. Durante las vacaciones iba a un inmueble propiedad del Colegio Inglés en el  Monte  Porzio, un pequeño pueblo de la campiña romana.  También se sintió atraído por la herencia clásica y cristiana de la ciudad de Roma (sus ruinas, edificios viejos y nuevos, iglesias, palacios y obras de arte), que para Wiseman eran una realidad viva y presente, y se sentía feliz en esta ciudad, como en su casa, enamorado de la urbe y disfrutando de ella. Tuvo su primera audiencia con el papa León XII  el 26 de enero de 1824, el 7 de julio de 1824 obtuvo el doctorado en Teología tras examinarse públicamente de forma brillante,  y al día siguiente de su graduación, León XII  lo recibió  para felicitarlo animándole a perseverar en sus estudios, sobre todo de la Biblia y de los Padres de la Iglesia. En esa audiencia Nicholas  le entregó un volumen impreso con su tesis, terminando la entrevista con una afectuosa bendición apostólica del pontífice. Ese mismo año, como recompensa por su brillante defensa del doctorado,  tuvo permiso del rector del Colegio Inglés para que visitara a su madre, que entonces residía con su hermana en Versalles, y a la que no veía desde su salida de Inglaterra en 1818, regresando a Roma de este viaje a Francia con una mala impresión sobre los franceses, a quienes consideraba hipócritas porque aparentaban ser monárquicos cuando eran liberales, término poco grato para Wiseman, que lo entendía como sinónimo de revolución, ya que  él era conservador, ultramontano y fiel al poder del Papa.  El 18 de diciembre de 1824 Wiseman fue nombrado subdiácono, en enero de 1825 diácono y el 10 de marzo de 1825 fue ordenado sacerdote en la capilla del Colegio Inglés, y a partir de entonces contó con unos ingresos que le permitieron ayudar económicamente a su familia, que pasaba por dificultades. Tras su ordenación  sacerdotal se dedicó intensamente, durante mucho tiempo,  al estudio del siríaco para conocer mejor los libros del Antiguo Testamento y obtener una cátedra de esa especialidad en la Universidad de Roma para dedicarse a la enseñanza y a la investigación, y para ello trabajó en analizar el texto en siríaco del Antiguo Testamento conservado en la Biblioteca Vaticana. Tal era sus conocimientos de este idioma que en 1827 publicó una gramática con el título Horae Syriacae, importante para el conocimiento de dicha lengua, que fue alabada por profesores de lenguas orientales de las universidades de Bonn, Munich, Berlín y Viena, así como por el arzobispo anglicano de Salisbury, entre otros, y obtuvo la cátedra de Siríaco de  la Universidad  de Roma  La Sapienza en el curso académico 1827-1828. En ese mismo año de 1827, una vez consolidada su situación académica, Wiseman fue nombrado Vicerrector del Colegio Inglés, aunque siguió trabajando en los textos siríacos de la Biblioteca Vaticana, y, además, fue designado también por el pontífice curador de los manuscritos árabes del Vaticano. Posteriormente, al quedar vacante el puesto de Rector al marcharse el anterior, Gradwell, éste propuso a Wiseman para el cargo, basándose en su experiencia, y su nombramiento, avalado por Gradwell, fue apoyado por todos los vicarios apostólicos, excepto uno de ellos, Baines, firmando la propuesta de Wiseman como rector, produciendo su nombramiento sin dificultad, refrendado por el propio papa León XII. Por este motivo y a principios de enero de 1829, Wiseman escribió cartas de agradecimiento a los vicarios. 

En esta etapa, ante el aumento del número de cristianos ingleses que iban a Roma, tanto católicos como no católicos, el papa León XII le propuso organizar e impartir para ellos  una serie de  conferencias en inglés  en la iglesia de Gesú e María, y atender así sus necesidades religiosas, viéndolo el pontífice cualificado para dicha tarea; Wiseman aceptó, aunque con cierto temor al no haberse estrenado aún como predicador, haciéndosele muy duro cumplir con esa labor debido a su falta de experiencia, su timidez  y el escaso tiempo libre que le dejaba su dedicación al estudio y a la investigación en la Biblioteca Vaticana, pero lo llevó a cabo, y algunas de esas conferencias  fueron impresas y aún se conservan, siendo esto  su comienzo como orador sagrado. Wiseman era muy trabajador,  con buen carácter  y sensible. 

En 1829  tuvo una audiencia con el papa Pío VIII  para comunicarle, como Rector del Colegio Inglés y representante de los vicarios apostólicos, la aprobación por el Parlamento británico del Acta de Ayuda Católica, o Ley de Alivio  Católico, que fue parte del proceso de emancipación católica en Gran Bretaña e Irlanda, siendo plenamente consciente de lo que podía significar esta medida para el inmediato futuro de los católicos del Reino Unido. Esa buena noticia fue celebrada con todo esplendor en el Colegio Inglés  con un Te Deum, un banquete y la fachada iluminada (lo cual llamó mucho la atención de los romanos, en unos años en que la ciudad estaba casi a oscuras durante la noche), colocándose, en dicha fachada, una inscripción en italiano que decía EMANCIPAZIONE CATOLICA, expresión que los romanos no entendían, pero, tras la aclaración de Wiseman, lo aceptaron de buen grado. En el Reino Unido los católicos eran una minoría privada de muchos derechos cívicos que los había convertido en ciudadanos de segunda clase, y los irlandeses, en su inmensa mayoría, habían permanecido fieles a la Iglesia Católica, a pesar de los severos recortes en sus derechos civiles impuestos por las leyes. Ahora, con esta ley de Emancipación se les había devuelto a los católicos los derechos que les correspondían como ciudadanos británicos. Wiseman pensaba que esta ley era un gran avance si se actuaba inteligentemente; unas restricciones seculares no podían desaparecer completamente de momento, por lo que había que tener alegría y confianza, viendo en ello un reto y una oportunidad para despertar a los católicos, demasiado acostumbrados a soportar y a vivir en una situación de humillación ciudadana y de discriminación social, y convocarlos a reconstruir la Iglesia en la nueva etapa. Tras la muerte de Pío VIII, fue elegido Papa, en el cónclave  de 7 de enero de 1831, Gregorio XVI, que fue el pontífice más cercano a Wiseman y el que lo trató con sincero afecto personal.

La próxima semana continuaremos conociendo la semblanza de este personaje sevillano, queridos lectores.




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