Huelva, ciudad en la que la devoción rociera no tiene límites

La ciudad quedó vacía tras la salida de la hermandad (9.00 horas). El Ayuntamiento fue testigo de la petalada habitual para despedir a los romeros que marcharon a una aldea que este fin de semana será su hogar

Se acabó la espera, se detuvo el tiempo. Ayer fue jueves de Rocío en Huelva y sus habitantes saben que llegó el momento. Despertares de nervios, cosquilleo humano que inunda cada hogar, desde las afueras hasta el centro. Tocó enfundarse la vestimenta apropiada. Dio igual si de flamencas, trajes de corto o de paisano se tratara. La ciudad quedó enmudecida con la salida de un sol que anunció el esplendor de la mañana.

Los peregrinos inundaron las calles de su hogar. Ayer fue templo al que todos acudieron a rezar. Todo fue una fiesta. Bailes y palmas se sucedieron al mismo compás. Hermosura en cada gesto. Abrazos que incentivaron para ponerse a caminar. No hay rivalidad ni adversidad. El jueves de Rocío en Huelva es jornada para enmarcar. Los “hermanos” son conscientes y el amor se derrochó por cada rincón. Así de fácil, sin más.

Romeras de la Hermandad del Rocío de Huelva / Lola Cruzado

Huelva fue peregrina que reunió a más de 10.000 personas para el sendero iniciar. Una comitiva cuantiosa que con su Salve su aventura tuvieron que comenzar. “Del pecado de esta vida Blanca Paloma sálvanos. Alumbra mi camino de esperanza y de razón”. Todo más que dicho queda reflejado en este renglón. Los onubenses son rocieros de pura cepa que acuden a la aldea, un año más, para a su reina entregarles el corazón. Una imagen vale más que mil palabras. No hay duda alguna… esta expresión significa, en su sentido más estricto, devoción.

Locura desatada. No importa la edad. El pueblo es uno, indivisible, puramente pasional. No hay mayor lealtad que la que se demostró por las calles, desde el principio hasta el final. La salida en la Plaza Paco Toronjo, emotiva. La ofrenda floral en el Ayuntamiento, “a reventá”. Toda la ciudad acompañó a su hermandad, para verla, para rezarle a una virgen que aguarda el momento en el que sus hijos la vuelvan a mirar. El resto del camino, irrepetible y, por supuesto, sentimental. Anoche sus romeros pernoctaron en el paraje de La Matilla. Hoy, al atardecer, la aldea almonteña será de su llegada testigo. Aplausos y sevillanas se sucederán cuando se acerque la hora de recibir a una hermandad. La de Huelva, sinónimo de plegaria, marisma y Rocío.




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