Toros en Sevilla: Decepción con Santiago Domecq y lo esperado en los toreros
Álvaro Lorenzo corto la única oreja en una tarde tediosa

Había cierta expectación entre los aficionados –aficionados, no público, que de ese hubo poco…- por volver a ver a los toros de Santiago Domecq después del grato recuerdo que dejó el año pasado en la Mestranza de Sevilla. Y esa fue la decepción de la tarde. No salieron como el año pasado aunque hubo cosas que sí se parecieron: El tercero, Condenado, fue el mejor toro de la corrida, también lo tocó a Alfonso Cadaval (silencio y silencio) y tampoco supo aprovecharlo.

No fue tan bueno como Chismoso, el del año pasado, pero surtió el mismo efecto en el torero sevillano. De nuevo un afortunado sorteo le viene mal porque un buen toro destapa todas sus carencias, que son muchas y muy visibles. El animal tardeaba, pero embestía bien y mucho, tenía un buen pitón izquierdo y movilidad. Sólo le dio a Cadaval para una aceptable serie de naturales y alguna cosilla por la derecha, siempre fuera de sitio y sin saber someter al toro, más bien al contrario. Acabó con una estocada tendida que salió y otra baja. La ovación que se llevó Condenado en el arrastre fue más que significativa. Posiblemente gente como Oliva Soto, Ángel Jiménez o Calerito habrían sacado partido de este toro. Pero cada uno se llama como se llama…

La oreja de la tarde fue para Álvaro Lorenzo (palmas y oreja), cuyo segunda enemigo, Camorrista, quinto de la tarde, mostró un tranco alegre y una embestida en largo que aseguraba la emoción. El toledano lo vio desde el principio y lo confirmó cuando lo alejó del caballo para que propiciara dos buenas varas. Demostrando su buena técnica y conocimiento, citaba al toro en largo y arriba para bajarle luego la mano y acabar muy cerca tras ligar pases. Así, tres buenas series por la derecha rematada la última con un natural y el de pecho con la zurda y otras al natural metieron al público de nuevo en la corrida.

Conviene señalar, como contrapunto, que la cuesta abajo que llevaba la tarde hizo que de cierta manera se sobrevalorara en los tendidos lo que ocurría en el ruedo. Pero esa tendencia a hacer de todo una fiesta parece imparable.

Aún así, una efectiva estocada puso en las manos de Álvaro Lorenzo una muy justa oreja. El diestro supo ver las virtudes del toro y aprovecharlas.

Que José Garrido (palmas y palmas tras aviso) es un buen torero es algo que en este sitio web hemos dicho en alguna ocasión. Ayer no tuvo ocasión de demostrarlo y, además, se empeñó en alargar faenas que no daban para más. Aprovechó bien al primero de la tarde en el capote, pero el toro llegó a la muleta desfondado. El cuarto tenía una embestida irregular que no dejaba ver su capacidad real. El pacense se empleó con él y, tras mucho trabajar, acabó sacándole algún buen pase. Sobró el arrimón, sobró faena -esuchó un aviso antes de entrar a matar- y faltó algo de distancia que quizás le hubiera dejado torear más.

El primer toro de Lorenzo apuntó mucho pero no llegó a la muleta y del último de la tarde -segundo de Cadaval- para qué le voy a engañar a usted, paciente lector, ni siquera tomé notas deseando que acabara de una vez. Seguro que el sevillano tiene más posibilidades en otro tipo de espectáculo.




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