Toros en Nimes: El incierto momento de Pablo Aguado
Morante cortó la única oreja a un encierro desigual de Jandilla: unos fueron regulares y otros malos

Partamos de la base de que de la misma forma que hemos dicho con frecuencia que Juan Ortega tiene el duro y, por tanto, hay que esperarlo, qué no deberemos decir en este mismo sentido de Pablo Aguado después de las tres últimas temporadas, 2020 incluida. Pero esto no quita para que, con inquietud, nos preguntemos que qué le pasa al torero sevillano, por qué este momento tan incierto. La verdad es que ha sido descorazonador verlo en su segundo en Nimes toreando como en su etapa inicial de novillero, cuando aún estaba por formar él y aún estaba por definir su estilo, ese mismo que quedó claro desde que tomó la alternativa.
El lote de Jandilla que le tocó en esta corrida del Domingo de Pentecostés en Nimes no fue bueno, cierto, pero no dio motivos para que su escasez de condiciones fuera definitiva. En su primero, tercero de la tarde, anduvo excesivamente precavido y la faena no pasó de ser un mero trasteo en el que sólo es reseñable un derechazo. El animal -bronco por el derecho, no tanto aunque con otros problemas por el izquierdo- llegó con la boca cerrada a la suerte suprema. Al acabar, tras, entre otras cosas, un pinchazo producto de una ejecución precipitada y con el animal reculando, dio la impresión de que Aguado no pudo con un toro que, aunque incómodo, ofrecía más de lo que se le sacó y de lo que se pudo ver. Una actuación que recordó mucho a la de su primer juampedro, el negro salpicao, en Madrid.
En el sexto, lo mismo. Muchos pases y poco toreo. Tras mucho porfiar, logró arrancar una serie de derechazos pero a partir de ahí, en vez de luchar por su toreo clásico y artístico, acabó enseñando un estilo aguerrido y combativo, de gladiador en el anfiteatro (*), es decir, contraestilo. Voluntad, toda, pero sin acierto y, lo que es más preocupante, mostrando una alarmante falta de confianza.
El triunfador de la tarde fue, otra vez, Morante de la Puebla. Su primer toro, chico, anovillado y sin fuerza, se quedaba a mitad de embestida para soltar peligrosos tornillazos. Y como no daba para mucho, pues eso.
El cuarto fue otra cosa. En el capote se tragaba sólo los dos primeros lances y fue mejor por la izquierda, sin embargo en la muleta mejoró y fue otra cosa. El de La Puebla lo sometió y le dio varias series de derechazos, destacando una que acabó con un cambio de mano y uno de pecho. Los torerísimos detalles, esos que siempre estamos esperando cuando don José Antonio está la arena -en este caso en Les Arènes– llegaron con la última tanda antes de cambiar la espada: derechazos templados, molinete y abanicos que pusieron al coliseo en pie. Minutos después, recorría la elipse del anfiteatro saludando complacido a la complacida plebe (*).
Juan Ortega se va asentando. Este cronista es de los que piensa que podría dar más de sí si torease otro tipo de toro, más aguerrido, ya que tiene tanta facilidad para hacer las cosas con suavidad que parece imposible que un enrazado animal de alguna de esas ganaderías en las que estamos pensando se le resistiera. También es cierto que la mayoría de sus faenas son de alternar toreo del caro con fases de enganchones y fata de sitio. Quedémonos con lo primero.
En la tarde del Domingo de Pentecostes 2022 en Nimes (Pentecôte), se vio primero con un toro que manseó de salida y embistió cabeceando. Dio algunos pases de buen trazo pero sin nada destacable por la falta de fuerzas y la nula raza del toro y estuvo siempre por encima. Fue una faena de mucho temple, pero que apenas llegó por la escasa condición del bicho. El quinto fue, a pesar de los cabezazos al embestir, el de más clase de la corrida y con el que más se aproximó a su toreo, pero sin llegar a romper. Cambios de mano, trincherazos, dos series por la derecha y otros detalles de torería que propiciaron una faena agradable.
Tercera puesta en escena del cartel de toreros sevillanos. Ya habrá tiempo para hacer balance en otro texto, pero seguro que los buenos aficionados recuerdan el Domingo de Resurrección en Sevilla y la corrida de San Isidro. Los diestros, con sus circunstancias particulares, son grandes. ¿Será cosa de los toros? Nos preguntamos aquí, oiga…

(*) Disculpas, amable lector, pero nos ha sido imposible sustraernos a la comparación, que reconocemos facilona y tal. Pero había que que quedarse a gusto en nuestro debut en Nimes.




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