A perro flaco todo se le vuelven pulgas. Que se lo digan a los nuevos dirigentes del PP de Sevilla que deben estar lamentándose de haber llegado quizás demasiado tarde al puente de mando. La vía de agua parece tan profunda que se antoja imposible que el buque se mantenga a flote. Una vía de agua propinada en la misma línea de flotación por propios y extraños. Y los propios son los peores. Sobre todo aquellos que huyen, a ojos de todos, después de haber disfrutado durante años de los camarotes y suites presidenciales del buque, llenado las arcas y saneado las cuentas de resultados a costa de la empresa. Y se les vé, incluso, comprando el billete, también de primera, para el nuevo buque que vendrá a ocupar el puesto del que se va, dice, irremediablemente a pique. La nueva presidenta del PP de Sevilla, Virginia Pérez, y el portavoz popular en el Ayuntamiento, Beltrán Pérez, les ha tocado dirigir el Partido Popular en los peores tiempos posibles para sus intereses electorales, a pesar de algunas muy buenas gestiones como la desarrollada por el líder de la oposición municipal que ha conseguido cerrar un pacto histórico con el PSOE para sacar adelante las cuentas municipales, cuestión que pone de relieve la altura de miras de Beltrán Pérez y su talla política. Poco tiempo han tenido para rentabilizar la jugada. Una encuesta se ha encargado de arrojar un jarro de agua fría sobre el PP sevillano dispuesto a reactivarse y echar el resto motivados tras el pacto con Juan Espadas. La encuesta, visto las reacciones de algunos en redes sociales, genera muchas y variadas lecturas, pero una destaca por encima de todas. En el PP perdieron el olfato de la comunicación, si es que alguna vez tuvieron ese sentido imprescindible en política.