Pedagogía, Filosofía y Política

En la antigua polis griega, el hombre estaba moralmente obligado a participar en la política, “La  Politeia”, espacio en el que convergen la ciudad-Estado y los ciudadanos, que estaba unida de forma indisoluble a la educación, “La Paideia”. Una vez pasados los cinco o seis años de cuidados maternos amorosos y juegos infantiles de relación social, como “la mosca de bronce”, antecedente de la “gallinita ciega”, el niño era encomendado a un pedagogo-tutor. Éste intervenía intensamente en su educación, inculcándole valores universales y proporcionándole instrumentos básicos para su posterior desarrollo e integración social; le acompañaba diariamente a la escuela, donde permanecía con él. 

Los filósofos también intervenían de forma activa en la vida de la polis, estando inmersos en los proyectos y asuntos políticos; eran escuchados e influían, directa o indirectamente, en la toma de decisiones del gobierno de la comunidad. Las escuelas filosóficas constituían pequeñas asociaciones que tenían como objetivo prioritario la búsqueda de la felicidad, la estabilidad y la orientación ética de los afiliados. Algunas de ellas admitían entre sus miembros a mujeres y esclavos, lo cual es relevante en los siglos V y IV a. de C. a los que se hace referencia.

Hoy en día, después de milenios de desarrollo tecnológico y aparente progreso humano, la educación y la enseñanza han degenerado en algo frío y distante desde la más tierna infancia, transformándose poco a poco en un proceso despersonalizado y protocolario. Los valores eternos transmitidos por los pedagogos, los filósofos… y los mayores, que constituyen el reservorio del saber y la experiencia, ya no se transmiten a los jóvenes. La pedagogía y la filosofía, es decir el  “Amor a la Sabiduría”, ya no forman parte activa de la administración de las urbes y del Estado. Con este panorama, la digna política, consustancial a todas las personas que conviven con sus semejantes, pertenece solo a unos pocos, que se alejan paulatinamente del resto de la población. Ya no existen escuelas de pensadores influyentes, solo castas partidistas endogámicas extrañas al sentir común y a los problemas reales de las polis modernas. Escuchemos a los clásicos… 

Aristóteles: “Los tiranos se rodean de hombres malos porque les gusta ser adulados y ningún hombre de espíritu elevado les adulará”.

Platón: “Un hombre que no arriesga nada por sus ideas, o no valen nada sus ideas, o no vale nada el hombre”.

Sócrates: “Ni los reyes ni los gobernantes llevan el cetro, sino los que saben mandar”; “Cuando el debate se ha perdido, la calumnia es la herramienta del perdedor”.

 

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