Mucho dolor para taparlo

España supera ya, con creces, los 20.000 fallecidos oficiales por (no con) el coronavirus. Sin embargo, parece ser que estas más de veinte mil personas que han perdido la vida por culpa del maldito virus no se merecen ni un solo gesto simbólico de luto del Presidente del Gobierno, ni de sus Vicepresidentes, ni de sus Ministros -ni siquiera en las páginas webs oficiales del PSOE y PODEMOS y de La Moncloa, ni en sus distintos perfiles en redes sociales-. Todo lo contrario.

Para este Gobierno las personas fallecidas no son más que una estadística, sin rostros, sin nombres, sin historias personales que contar. Una impersonalidad total que busca esconder el drama, la tragedia, el luto, y quitar importancia a todo reduciéndolo a un simple número. Eso sí, ves la televisión y parece que el confinamiento sea una fiesta, que todos estamos súper contentos y es muy divertido. Los médicos canta y bailan el “resistiré”, todos aplaudimos felices todos los días en los balcones y hasta TVE ha hecho una comedia para mostrarnos lo bien que nos lo pasamos encerrados en casa. Un no parar, oiga. Risas y bromas hasta entre los ministros, no hay más que ver a Díaz, a la que le da la risa floja hablando de los ERTE que dejan en la miseria a millones de españoles, o a Ábalos en el Congreso haciendo bromas con el contagio en estos momentos tan graves.

Pues no, señores. Para la inmensa mayoría no es divertido llevar más de un mes confinados en nuestras casas, en muchísimos casos sufriendo la pérdida de un familiar al que no han podido ni despedir, perdiendo el empleo o cerrando empresas y, en general, viendo impotentes cómo pasa la vida encerrados y callados, no vayamos a poner en entredicho las instituciones del Estado con nuestros memes y nuestras críticas al Gobierno. Privados de libertades básicas y derechos fundamentales, de sol, de aire, expuestos a la policía popular en la que han convertido a nuestros vecinos, tratando de irresponsables a los que osen cuestionar las medidas del Gobierno, sin dinero, sin tests, sin datos fiables para iniciar la “desescalada”, sin fechas, sin planificación, sin mapa de inmunidad de los españoles, sin un horizonte que permita atisbar el final.

Impotencia, rabia e indignación es poco.

Y no es que esté en contra de los necesarios mensajes de esperanza que toda sociedad necesita para salir de una crisis, pero que sean creíbles, por favor, no este baile de decisiones, medidas erróneas y rectificaciones constantes. No es de recibo esta realidad almibarada que nos intentan vender como real.

Porque, además del drama sanitario y los tristemente fallecidos, esta crisis tiene un enfermo oculto frente a la crisis sanitaria, que va a resultar también letal para un conjunto muy grande de la población, no en términos de salud sino en términos profesionales y, por tanto, familiares: la economía.

Si nula ha sido la previsión para evitar los contagios y saturar los servicios sanitarios, más nula está siendo -si es que eso es posible- la previsión sobre la economía. No es no haya habido una previsión de los posibles impactos en nuestra economía, sino que ni siquiera se ha tenido en consideración que cuanto más dure el confinamiento por retraso en la adopción de la más elementales medidas de protección, más devastadoras van a ser las consecuencias económicas. Y es bastante frustrante ver encuestas de la población en las que el 40% no solo está de acuerdo con que se prolongue el encierro sino que animan a que este dure semanas o meses, si es necesario, sin ser conscientes de la potencial (ya más real que potencial) pérdida de muchísimos puestos de trabajo que supone este parón de la economía. ¿Pero de dónde sale toda esa gente? ¿De qué viven? ¿Es que no son conscientes de que tantas semanas de confinamiento recrudecen las dificultades que encaran empresas y trabajadores? ¿De que nos vamos a la ruina?

Y es que esta falta de previsión sobre la economía por parte del Gobierno deja, literalmente, al descubierto a millones de personas enfrentadas a la terrible disyuntiva de tener que elegir entre la enfermedad o, en no pocos casos, el hambre. Comprensión o desobediencia, enfermedad o pobreza.

Quizá, si se contara la realidad tal y como es, sin caer en el alarmismo más allá de la gravedad real, se evitaría que la situación se complicase tanto y tuviera un impacto tan drástico en la economía y todos (incluidos los que tienen “asegurado” su salario) se solidarizarían con los que lo están perdiendo todo.

Y de este aspecto nadie habla, de la inexistencia de un solo gesto del Gobierno adoptando medidas de ahorro en solidaridad hacia los millones de trabajadores despedidos o que están en ERTE, y autónomos y empresarios sin actividad, sin ningún tipo de ingresos y a los que no llegan las prestaciones ni las ayudas por la caótica gestión que de las mismas se está realizando por los organismos competentes (como adjetivo referido a competencia, no a capacidad, obviamente). 

Lejos de esto, observamos atónitos e impotentes cómo no llega el dinero a quien lo necesita -y poco a poco nos vamos hundiendo más y más en la miseria- mientras el Gobierno sigue alimentando -sin ningún tipo de reparo o vergüenza- nada más y nada menos que 18 Ministerios, 4 Vicepresidencias y una Presidencia, lo cual supone para las arcas públicas casi 78.000 millones de euros anuales, un 37% de incremento sobre el anterior Gobierno de Sánchez -que ya había aumentado el gasto con respecto al de Rajoy-. Y sin renunciar, siquiera, a las dietas por desplazamiento. Tela.

El número total de personas dependientes del Estado o del sector público (empleados públicos, pensionistas y desempleados) cuestan cada año casi 300.000 millones euros anuales, ¡¡¡más de tres veces de lo que se recauda por IRPF en un año!!! Y ni una sola medida de eliminación de Empresas Públicas, Fundaciones y demás administración paralela absurda y absolutamente prescindible, ni un solo ERE (descartados los ERTE porque el Estatuto de los Trabajadores no permite su aplicación en la Administración Pública), ni propuesta de reducción de salarios para políticos y empleados públicos que están en sus casas sin nada que hacer cobrando el 100% de su sueldo. NADA. Quizá esto explique ese 40% de encuestados que no tienen ninguna gana de que el confinamiento se termine…

Como dice Diego de los Santos en el diario digital SevillaInfo (https://www.sevillainfo.es/noticias-de-opinion/el-gobierno-de-la-igualdad/) “Esta división económica de los ciudadanos –y asumiendo que es una simplificación que obvia singularidades- creo que es, dadas las circunstancias actuales, injusta, pues deja caer todo el peso de la crisis sobre las espaldas de una parte de la población, precisamente aquella que con su esfuerzo genera la riqueza para que lo público pueda seguir funcionando mes a mes”.

El Gobierno y algunas personas se olvidan de que el dinero no crece en los árboles sino con el esfuerzo de todos, empresas y trabajadores. 

En fin. Ahora, lo importante es superar la difícil situación sanitaria, pero sin olvidar al otro enfermo olvidado de esta pandemia, la economía. Pero que no se confíe el Gobierno. No hay risas ni aplausos que impidan que el dolor acabe saliendo a la superficie. Y más de 20.000 personas fallecidas y casi 4 millones de personas más en desempleo o sin ingresos es mucho dolor para taparlo.


2 Comments

  1. Teresa dice:

    Gracias por tu comentario, tienes toda la razón, veremos como salimos de esta, sobre todo la gente que vive al día, gente trabajadora con sueldos de miseria que si no es por Cáritas o Cruz roja no llegan a fin de mes. Gracias Tetesa

  2. Pablo Azaústre Gil dice:

    Lo que comenta Ud. está en concordancia con un porcentaje muy elevado de personas.Y este gobierno es responsable de los muertos y de la ruina de España. Si hay justicia terrenal debieran de ser condenado como lo fueron los nazis.

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