Dimisiones: Tic… Tac…!

El último informe del Imperial College de Reino unido, considerada la institución más fiable del planeta en la recogida de datos y elaboración estadística de informes epidemiológicos, está fechado el pasado lunes 30 de marzo. Y nos pone guapos.
Nos viste de limpio casi como para salir a ver procesiones un Domingo de Ramos o un Jueves Santo. Bueno, a los ciudadanos españoles no, a nuestras autoridades, que, no lo olviden, no son “los expertos”, como le gusta sugerir a la infectocontagiosa y reincidente Irene Montero, sino el Gobierno de España.
La cifra de contagiados que los técnicos estiman para España hasta el pasado lunes alcanza nada menos que los 7 millones de personas, lo que significa 1,1 millones más de infectados que en Italia. Y ello, a pesar de que en Italia comenzó a detectarse la epidemia con casi diez días de adelanto y teniendo en cuenta que la población total de Italia no es de 47 millones, sino de 60 millones de habitantes.
El dicho informe tiene por objeto efectuar una valoración de las medidas no farmacológicas adoptadas en 11 países europeos a lo largo de estos días, entre ellas las de confinamiento (total o parcial), cierre de colegios, prohibición de eventos públicos, distanciamiento de personas, etc.
La bronca que nos echan los epidemiólogos de muchas nacionalidades reunidos para la ocasión, básicamente, es porque al Gobierno de España sólo se le empezó a ocurrir hacer algo a partir del 13 de marzo y no a partir del día 9, que es la fecha escogida no por el Imperial, sino por el propio Gobierno, para remitirles los datos necesarios para el estudio, obviando así, de manera descarada,  y tratando de efectuar  un apagón informativo para la Ciencia, la posibilidad de un análisis mayor sobre la pasividad interesada que mantuvo el tal Sanchez antes del 8-M por razones estrictamente partidistas e ideológicas, cuando ya el sábado, antes de la manifa feminoide, se llevaban recontados 674 contagios y más de una decena de muertes registradas.
Incluso teniendo en cuenta que el análisis sólo contempla desde el 9-M y dado que el Gobierno de España no adoptó su primera decisión hasta el día 14 con la declaración del estado de alarma, nuestro Gobierno recibe un sopapo descomunal figurando en noveno lugar (sólo por delante de Alemania y Reino Unido), en lo que se refiere a la celebración de eventos públicos.
Y ello, a pesar de que el 12 de febrero los organizadores del Mobile World Congress habían suspendido su cita en Barcelona y de que la Feria de Turismo de Berlín, la mayor del mundo, que debía haberse celebrado entre el 4 y el 8 de marzo, también fue cancelada, avisos más que suficientes para comprender que tanto las autoridades de otros países como la iniciativa privada habían tomado sobrada conciencia del riesgo inminente que se avecinaba. Menos nuestros bolivarianos de cartulina y papel maché.
Pero, ya saben, el Gobierno de preadolescentes que sufrimos no lo vio y ahora pretenden convencernos a través de su Wehrmacht mediática, con sus Panzer Televisionen, generosamente sobornadas con urgencia, y sus redes zurdas del Psoentzgrupen de que en realidad nadie vio venir el ataque silencioso de este Pearl Harbour nacional que también llegó de Oriente en forma de virus.
“Tal vez hayamos cometido errores”, dijo ayer el subcomandante lagarterano Iglesias en su comparecencia (que no rueda de Prensa), pero se olvida de que, como él mismo ha repetido mil veces, “en política, los errores se pagan con dimisiones”. Quedamos a la espera: Tic… Tac… Tic… Tac…!
He dicho.

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