El Consejo General de Hermandades y Cofradías ha presentado, en un acto celebrado en la sede central de la Caja Rural del Sur, el cartel de la Semana Santa de Sevilla de 2019. Es una obra hiperrealista del pintor Fernando Vaquero, apoyada en un modélico equilibrio entre el ayer y el hoy,  que hace mirar a la Semana Santa de siempre, pero contemplada en la actualidad.

La impronta del cartel, su motivo general, es una Piedad. Pero a poco que se percibe esa primera impresión, se van identificando sucesivamente los elementos compositivos de una iconografía que el cofrade sevillano va localizando, como si le hubiesen puesto por delante adivinanzas, como si se tratase de una gymcana pictórica, en la que ir descubriendo que todo resulta familiar, una Semana Santa eterna que abrir el Domingo de Ramos con envoltorio de 2019.


Son sus figuras centrales  -y fundamentales- las imágenes del Santísimo Cristo de la Caridad en su Traslado al Sepulcro (de la Hermandad de Santa Marta) y Nuestra Señora de la Quinta Angustia. El Cristo yacente se ofrece por Fernando Vaquero en su estado absolutamente natural como talla esculpida, recogiendo su anatomía con total fidelidad  -y realidad-  a Luis Ortega Bru. La Virgen de la Quinta Angustia, sin embargo, parece llegar desde las viejas estampas piadosas que se inspiraban en las grandes obras de arte. Su rostrillo evoca el estilo hebreo, está casi convertida a la vestimenta samaritana de las dolorosas sevillanas. Tiene incluso un cierto aire cinematográfico propio de Zeffirelli en “Jesús de Nazaret. Su tocado azul es una afortunada complicidad y mimetismo con Murillo en los mantos de sus inmaculadas. Y está coronada, a manera de diadema, como la Piedad del Baratillo, por el nombre de Sevilla. Lo que llega a ser de un enorme simbolismo, presagio de la coronación canónica de la Virgen de los Ángeles.

Tras el Cristo y la Virgen, el dúo principal lumínicamente considerado en el cartel, aparece San Juan, discreto desde una prudente zona sombría, parte del total más oscuro y grave de la dramática escena en el Calvario. Es la imagen que tallara Benito Hita del Castillo para acompañar a La Amargura, seguramente la escultura sobre San Juan más característica y señera de la Semana Santa de Sevilla, la que protagoniza un diálogo tal con la Virgen que llevó al pregonero Francisco J. Vázquez Perea a llamar al paso de La Amargura “ese paso de palio de misterio”.

El sudario sobre el que la Quinta Angustia recibe el cadáver del Señor es pictóricamente perfecto. Vaquero es un experto en telas. Y una de ellas, al vuelo sobre el travesaño de la cruz, parece haberla ejecutado con la gubia de Ruiz de Gijón en el paño de respeto del Cachorro. El cartel cobra aquí, en reunión congruente y airosa con el manto de la Virgen, un gran sentido evangélico, testimoniando el momento en el que se produjo un temblor, tormenta, y se rasgó en dos el velo del templo.

Los pies del Cristo, cruzados, vienen a caer sobre la túnica nazarena de La Amargura, indudable por su singular escudo, el de la cruz de la Orden de Malta, el que ha propiciado carteles y fotografías clásicas sobre los tramos de una cofradía que es canon de toda una Semana Santa como la de Sevilla, ese escudo que ahora de nuevo  -como un gran recurso estético infalible- se posa sobre la blancura del hábito nazareno que logra no interrumpir la del sudario, como un sereno recuerdo de la forma de enterrarse tantos sevillanos.

En la parte inferior y al fondo, como si Vaquero hubiera situado la lejanía histórica de la Semana Santa sevillana, se divisa la Cruz del Campo, la llamada del Humilladero, con flagelantes, levantando acta pictórica de los orígenes, florecidos hasta hoy bajo la mano del Cristo, como lo hace en su paso con la rosa de Iñaki Gabilondo.

Por último, la zona terminal de la base de esta grandiosa obra contiene el título Semana Santa 2019, con la fina paralela de una inscripción: “Oh vosotros los que atravesáis el camino, mirad y ved si hay un dolor semejante al mío”.