Andalucía ya tiene presidente/ El fin de las caretas de los carotas

Lo menos que se puede decir de hoy en Andalucía es que es un día histórico. Pero con eso no se come. Un cambio político, ni siquiera este de la envergadura de haber terminado con dictadores interpretando ser demócratas, apenas representa ya un buen puñado de esperanzas, sólo duraderas para los primeros momentos de júbilo. Los políticos, unos y otros, se lo han buscado. Pueden ser de todo en esta vida, menos avalistas. La idea que la sociedad tiene de ellos no es precisamente la de garantes de lo previsto ni, mucho menos, de lo prometido.

Los ganadores reales de las Elecciones, los que no tuvieron la victoria pírrica del PSOE, se encuentran ahora en un punto de partida apasionante. ¿Lo saben? La pregunta parece pedante, pero repetimos, ¿lo saben? Porque las razones de los resultados del 2 de diciembre no se hallaron en la confianza, no fueron los votos de la convicción, sino  los votos de la contención para detener el avance de una izquierda temeraria, desquiciada y muy peligrosa.

El triunvirato PP, Ciudadanos y Vox  -que de momento está cogido con alfileres por pactos en estéreo-  no puede desaprovechar la oportunidad de demostrar que ya no va a ser más de lo mismo. La desconsolada idea de que los políticos son todos iguales está en el debilitado ánimo de la gente. Y el estafador Rajoy y sus secuaces  -afortunadamente borrados ya por Casado del mapa visual diario del PP-  defraudaron la confianza de que con el Partido Popular había excepciones.

Las esperamos desde hoy, ya investido el nuevo presidente de Andalucía. No soportamos más políticos del montón, demandamos gobernantes ejemplares, auténticos servidores de lo público, no de lo propio. La apuesta mayoritaria de los electores ha sido el cambio, una apuesta a la desesperada y hartos  -como hasta el propio PSOE-  de una impertinente Susana Díaz, de sus modos nada democráticos, de su carácter sin la más mínima elegancia política, de su hueco discurso social, de su voracidad tributaria, y a última hora pataleando y enrabietada como una niña consentida que creía que la Junta era suya. La Junta es de Andalucía y a Andalucía ha sido devuelta tras un largo secuestro de episodios y corrupciones inaceptables en democracia. Por fin está en otras manos. Ojalá que sean las mejores. Se acabaron las largas décadas de la dictadura socialista disfrazada de democracia. Se acabaron las caretas de los carotas.



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