Un río de lágrimas une a Sevilla con Miami. Fallece Taymí Chappé, multicampeona mundial de esgrima que nos visitaba con frecuencia

Tenía la genética animal de los deportistas de élite, un carácter arrollador y una alegría desbordante y contagiosa. Había nacido en La Habana, en 1968, hija de Pedro Chappé, uno de los más grandes baloncestistas de la mejor generación cubana del Basket, la que se coronó con la medalla de bronce en los JJ.OO. de Munich’72, pero la peripecia nos la trajo a Sevilla en múltiples ocasiones, donde vive su prima hermana, más hermana que prima, Solangel Aldama.

Se comía la vida a grandes bocados porque poseía la fuerza de las corrientes del Golfo y una vitalidad explosiva como un aguacero de lluvia en la manigua. Todo ello, su fuerza y su carácter, la impulsaron como un cohete a la obtención del Campeonato Mundial individual de 1990 en Lyon, en categoría de espada, todavía con el equipo cubano.

Poco después se vino a España, donde obtuvo la nacionalidad por naturalización, y se convirtió en el alma del equipo que se alzó con el oro en el Mundial de Atenas 1994, junto a las tiradoras Rosa Castillejo, Carmen Ruiz y Cristina Vargas.

En 1996 fue número 1 de la Copa del Mundo y participó con el equipo español en los Juegos Olímpicos de Atlanta, donde tuvo un momento aciago: un despiste absurdo, del que ella misma se reía años después, la dejó clasificada en el puesto 17 siendo la favorita para alzarse con el Oro en todas las quinielas. En 1997 volvió a subirse al podio mundialista al conseguir la medalla de bronce en Ciudad del Cabo.

Casada con un italiano, Massimiliano Liccardo, industrial de la moda y la zapatería, se instaló en Nápoles y tuvo dos hijos, pero hace unos años se trasladaron a vivir a Miami, añoranza de los azules de los cayos de sal de su isla bonita y de las tormentas del Golfo.

Allí, mientras entrenaba la esgrima, con la potente elegancia que siempre la acompañaba, porque su pasión seguía vigente, le sobrevino un desmayo, repentino y fulminante, porque de otro modo no habría podido pillarla la muerte ante su despliegue de fortaleza, su alegría, sus reflejos de gacela y su poderío de tormenta.

Su padre, el gran Pedro Chappé, el gigante del basket, que falleció también por sorpresa, en parecidas circunstancias, en 2003, en Madrid, habrá salido a buscarla a las puertas del cielo para acompañarla hasta el coro de los angelitos negros de Machín, donde reina la Virgen de la Caridad del Cobre, y hablarle de frente otra vez a Nuestra Señora de los Ángeles, frente a la plaza de Carmen Benítez, la de la Hermandad de los Negros, que tanto le gustaba.

Descansa en Paz, reina mora.




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