Es posible que nunca te hayas parado a pensar de cuándo data el juego de la ruleta, pero se trata de un entretenimiento con varios siglos de antigüedad. Concretamente, fue en el siglo XVIII que se inventó como tal, para poder sentir la emoción de los juegos de azar haciendo partícipe a un grupo algo más grande que el que se puede reunir en una partida de cartas. No sólo para convertirlo en un divertimento social, sino también para ganar en versatilidad, y es que permite numerosas combinaciones de apuestas, no sólo el color, sino números concretos y combinaciones. De esta manera, hay muchas posibilidades de ganar una cantidad discreta, y pocas posibilidades de ganar grandes premios. La banca se las ha apañado, además, históricamente, para arañar un porcentaje más de probabilidades para sí misma, convirtiendo la experiencia en un auténtico desafío y al mismo tiempo provocando a los más tramposos a ingeniárselas para vencer de maneras poco ortodoxas este handicap que la banca ha añadido en unos u otros momentos y modalidades.


Las primeras ruletas eran más rudimentarias y era más fácil que tuviesen leves imperfecciones que favorecían que unos números tuviesen más probabilidades de recibir la bola. A poco que se fuese observador o que incluso se deformase ligeramente en un ángulo, inclinaríamos la suerte a favor del jugador. Estás trampas siempre han sido contempladas y se ha puesto solución en cuanto se han detectado. Aún así, tres siglos después ha seguido sucediendo: aquel que quiere forzar la suerte termina por encontrar la manera de trucar la ruleta. Unos de los más famosos jugadores con estas prácticas por bandera son precisamente españoles, la familia Pelayo, que llegó tan lejos con su método para ganar a este juego basándose en probabilidades y cálculos de fallos e imperfecciones físicas en las máquinas que consiguieron que se les prohibiese la entrada en salas y casinos por todo el mundo. De hecho, su historia fue llevada al cine hace algunos años con rostros muy conocidos como el de Daniel Brühl o el de Blanca Suárez, ambos estrellas de Netflix en estos momentos. De todos modos con el caso de esta familia se puso en tela de juicio el hecho de si lo que hacían podía considerarse trampa o estrategia.

Realmente, la ruleta es, con casi total seguridad, el juego de azar en el que menos estrategia se puede aplicar, frente a otros en los que el entrenamiento es esencial, como puedan ser el póker o el blackjack. Aún así, sí que se puede acudir a tácticas alejadas de la trampa que efectivamente ayuden a aumentar las probabilidades de éxito, como por ejemplo ponerse de acuerdo con otro jugador. Los expertos conocen estas opciones y muchas veces las ponen en práctica si el objetivo principal del juego es ganar dinero más que pasar un buen rato. Eso sí, en el momento en que abandonamos los casinos físicos y jugamos en internet, trampas basadas en el aprovechamiento de imperfecciones de la máquina son imposibles, y ponerse de acuerdo con otro jugador también es mucho más complicado. A decir verdad, la historia de la ruleta nos deja claro que el juego ha ido madurando a demanda, pero también que su evolución ha llevado a dos vertientes ligeramente distintas, la presencial y la online, ya que cambia mucho al dar el salto a la pantalla, aunque una de las cuestiones esenciales, el hecho de poder jugar en vivo y en modo multijugador, están presentes al igual que de manera presencial.


 

Entonces… ¿se han conseguido erradicar las trampas en la ruleta? La tecnología ha creado máquinas físicas cada vez más sofisticadas, pero aún así, todavía hay quienes descubren cómo engañarlas. Precisamente este verano han tenido lugar varias trampas por Andalucía: en Jaén, en Málaga y en Dos Hermanas. En los dos primeros casos, se trató de los mismos autores, dos hombres de 33 y 40 años que actuaron en equipo y que fueron detenidos en verano, para aún así volver a repetir, con la misma táctica, el intento de estafa unos meses después, en octubre. En este caso, se trataba de un italiano y un marroquí que, tanto en la primera ocasión como en la segunda, pretendieron llevarse un falso premio cercano a los 20.000 euros en la tentativa inicial y de unos 10.000 en la segunda. En el caso de Dos Hermanas, también sucedido en verano, también fueron dos hombres trabajando juntos con un plan muy parecido, sólo que en este caso eran bastante más jóvenes: 22 y 17 años (un menor que ni siquiera debería haber accedido al local). En todos los casos los tramposos fueron detenidos y no pudieron disfrutar del premio, pero estuvieron cerca de conseguirlo. No hay duda de que, mientras el juego reparta premios tan atractivos, habrá quien encuentre el modo de poner la suerte de su parte con prácticas poco éticas.