Los Reales Alcázares, el Puente de Triana, el Muelle de la Sal, la Plaza de la Alianza, el Callejón del Agua, la Plaza de España, el Patio de Banderas, la Plaza del Triunfo, Las Dueñas y la playa de Puebla del Río son los escenarios de ‘La Otra Mirada’

La serie española cruza el Ecuador sin hacerse con el favor de la audiencia. No supera el 10 % de share, pero Sevilla luce espectacular con una luminosa fotografía y unas recreaciones muy logradas. 

La producción quiere centrarse en el feminismo en la Sevilla de los años 20, pero se materializa con poca hondura. Presenta anacronismos continuos y situaciones un tanto inverosímiles. Impostación, coletillas y frases hechas -que semejan tuits de una  influencer feminista- y alguna concesión a la ideología LGTB navegan en un estilo que recuerda a “Las Chicas del Cable” o “Tiempos de Guerra”.


El argumento se centra en Teresa, una enigmática mujer salpicada por un oscuro asunto que recala en la Sevilla de los años 20. Soltera e independiente, con pantalones y fumadora, sin curriculum ni referencias se convierte en profesora de literatura y arte. Con atípicos métodos de enseñanza revoluciona la vida de alumnas, profesoras y entorno. El personaje es un trasunto de María de Maeztu; y la academia sevillana, un reflejo de su Residencia de Señoritas, fundada en 1915, en Madrid.

Aunque también se ha rodado en emplazamientos en Madrid, Guadalajara y Toledo, La otra mirada’ cuenta con exteriores naturales de lujo y espectaculares localizaciones en Sevilla como Los Reales Alcázares, el Puente de Triana, el Muelle de la Sal, la Plaza de la Alianza, el Callejón del Agua, la Plaza de España, el Patio de Banderas, la Plaza del Triunfo, Palacio de las Dueñas y la playa de Puebla del Río. Para el decorado principal se ha recreado un palacete sevillano del siglo XVI  y para acercarse  al ambiente de 1920, se han reproducido suelos de barro, carpinterías con cuarterones para puertas y ventanas, zócalos de azulejos sevillanos pintados a mano y gran variedad de detalles de ornamentación. En el decorado también se han reproducido columnas de mármol de carrara genovés con capitel de castañuelas o moñas típicas del renacimiento andaluz. El gran valor de la producción también reside en la exquisita ambientación, vestuario, atrezzo, mobiliario, mantelerías. Como curiosidades, el espectador reconocerá las Vajillas de La Cartuja, la cristalería de La Trinidad, una Exposición del 29 en construcción o un gigantesco anuncio de Jabones de La Toja en la Calle Betis reflejándose en el Guadalquivir. 

Nueva York debe gran parte de lo que es al capital cinematográfico y las ayudas fiscales que atraen a los creadores audiovisuales. Sevilla ya tiene un pasado glorioso en este aspecto y debería seguir trabajando para convertirse en una de las grandes capitales de cine de Europa. Tiene fantásticos ingredientes: meteorología propicia, patrimonio, identidad y su mágico “color especial”