Estefanía Martín: “Soy mujer, madre, hija, empresaria… y desde una pequeña parte de este mundo quiero poder aportar a una sociedad cada vez más dañada y maltratada, dando un poco de luz”
Entrevista de Francisco José Solano

– Hola Estefanía, muchas gracias por dar tu testimonio para ayudar a las personas que sufren cáncer de mama para, desde tu propia experiencia, enseñarles que hay luz al final del túnel y ayudarlas en una situación tan difícil, de modo que la primera pregunta es obligada: ¿cómo sobrellevaste la enfermedad? 

– Cuando me diagnosticaron el primer cáncer (que fue de útero) tenía una visión muy negativa durante todo el proceso porque nadie te explica cómo te vas a sentir ni el miedo a lo inesperado, pero cuando vi que a mis hijos les podía afectar, y les afectaba, de hecho, cómo sobrellevaba la enfermedad, empecé a curarme. Me levanté una mañana y me pegué unas cejas y unas pestañas postizas y pintarme todos los días, y mi hija (de siete años) no se había dado cuenta de que se me había caído el pelo cuando le dije que me había operado. 

Mi quimio fue muy intensa y tuve que ir por semanas y no con carácter mensual, haciéndome quemaduras porque tengo la piel muy sensible, y cuando parecía que todo iba a acabar, me detectaron un tumor en ambas mamas, ya que haciéndome analíticas detectaron dos mutaciones genéticas (que es complicado): BCR1 y BCR2, y tomaron la decisión de extirparme los tumores. 

Cuando tuvieron todas las pruebas a su alcance, creía que me quitarían parte de la mama, pero finalmente me lo quitaron todo, incluido el pezón, en una operación que duró nueve horas, y por una hematina sangrante me intervinieron seis horas más. Recuerdo un dolor enorme pero no olvido la cara de mi familia, porque lo que empujaba a mi curación era que estuvieran allí. 

Me considero muy afortunada de ser muy fuerte por tener todo lo que no puedo comprar: mi familia, mis hijos, mi marido y el cariño de todos ellos. ¿Qué me faltó? Inversión y estudio en el cáncer y apoyo de la salud mental. Tenía todo lo que no podía comprar y podía utilizarlo para mi curación, pero no todos tienen esa suerte, y esas carencias a nivel de sociedad hacen que nos planteemos en qué tipo de sociedad vivimos. 

Me emociona mucho recordar en las salas de quimio el único apoyo de las enfermeras, dejando en gran valor a los médicos y a éstas, que son gran parte del tratamiento de cáncer de mama, debiéndose dejar de especular con todo el dinero que se recoge por el cáncer sin reinvertirlo en lo que realmente importa, que es la curación del cáncer. 

– ¿Qué mensaje trasladaría a las mujeres que lo sufren?

– Trasladaría a las mujeres, hombres y niños que sufren esta enfermedad que se intenta sectorizar y dividir con el género y los recursos se difuminan y no se centralizan en lo que se necesita. Hay hombres y mujeres que sufren cáncer de mama, y es doloroso que a una persona le extirpen una mama, que tengan que pasar mucho tiempo en lista de espera haciéndole después difícil la reconstrucción, y, además, sin apoyo psicológico. 

Es difícil ver que necesitaba una peluca por valor de 800 euros, y como hay mucha gente que sabe que se le va a caer el pelo, y al igual que hice yo, lo donan para que sean válido. En mi caso, de mi pelo se pudieron hacer dos pelucas que entregué en mano a dos adolescentes que sufrían leucemia. 

Creo que debería haber límites para mercantilizar ciertos sufrimientos, ya que es ahí donde se debe invertir y ahí se apoya a la mujer, al hombre y a los menores, porque es una enfermedad que no sufre sólo el enfermo, y me considero afortunada de haber sobrellevado dos cánceres, de tener tres hijos (dos de ellos con discapacidad) y de haber tenido a mi familia en todo el proceso, porque ese aprendizaje me ha hecho ser autosuficiente, muy consciente, y sobre todo, saber priorizar, teniendo en cuenta a qué dedico mis pensamientos, mi tiempo y la mentalidad que traslado a mi entorno como valor, y mi experiencia, si ayuda a una sola persona me habrá parecido suficiente, porque esa mentalidad también la implemento a mis empresas, teniendo en cuenta que la vida es un proyecto y tengo la suerte de poder dirigir el proyecto de mi vida. 




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