¿Elegir hipoteca a tipo de interés fijo o variable?

La caída del Euribor hasta mínimos históricos ha ocasionado un abaratamiento general de las hipotecas, puesto que en los últimos años incluso se ha situado en cifras negativas.

Ello ha ocasionado que los bancos y cajas de ahorro se pongan en guardia para evitar dejar de ganar cuando no directamente perder, comenzando pues a ofertar una nueva modalidad de préstamos para adquisición de inmuebles: la hipoteca a tipo de interés fijo.

Mediante esta entrada desvelaremos sus ventajas e inconvenientes, realizando asimismo una breve reseña comparativa entre éstas y las sometidas a las variaciones de tipos de interés.

  • ¿Cuál es el principal efecto de contratar una hipoteca a tipo fijo?

Las hipotecas a interés fijo suponen pagar la misma cuota todos los meses, desde el principio hasta el final de su duración, lo que supone no estar sometidas al alza y baja de los índices de referencia usuales (EURIBOR/IRPH).

Es también interesante exponer que con esta modalidad podemos evitar que el banco nos imponga un margen diferencial (el porcentaje a sumar al tipo de interés) demasiado alto, amén de que este elemento también es susceptible de subir o bajar dependiendo de que tengamos más productos o menos contratados con la entidad (nóminas, tarjetas, planes de pensiones, etc).

  • ¿Por qué han cobrado relevancia precisamente ahora?

Si hasta ahora su contratación no se ha visto aumentada es debido a que en España se comercializaban a un tipo de interés bastante alto (una media del 6%), proporcional a la situación del Euribor.

Es la situación tan baja de este durante los últimos dos o tres años lo que lleva a pensar que a partir de ahora no puede hacer más que subir, luego puede resultar conveniente blindarse ante futuras subidas, y más si se tiene en cuenta que la oferta a tipo fijo oscila entre el 2 y el 3%.

  • ¿Qué desventajas pueden conllevar?

Hasta aquí, todo pueden parecer ventajas, pero no debemos perder de vista algunas connotaciones negativas de esta modalidad:

1. Las comisiones habituales pueden ser más elevadas: este escenario suele repercutir de manera habitual sobre la comisión de apertura, ya que para capear la crisis muchas entidades han optado por no cobrarla en préstamos variables y sin embargo suelen cobrar una media del 1% si se contrata a tipo fijo.

2. Imposición de comisiones adicionales a las comunes: Si por ejemplo optáramos por cambiar la hipoteca de banco en el futuro, el prestamista originario podría obligarnos a pagar una comisión de hasta el 5% por causa de la subrogación.

3. Plazos de amortización más limitados: teniendo en cuenta que la media de duración de una hipoteca en nuestro país es de treinta años en general, el plazo ofertado si optamos por mantener el interés inamovible no suele ser superior a veinte años, lo que en tiempos de dificultad económica puede llegar a situarnos en un brete.

En resumen, debemos tener en cuenta que hipotecarnos para acceder a la vivienda no supone contraer una obligación hoy, mañana o los próximos cinco años, sino que hemos de tener muy en cuenta que es a largo plazo y por tal motivo observar amplitud de miras, amplitud que por un lado supone someterse a las tendencias alcistas o bajistas de la economía si optamos por el tipo variable.

Ahora bien, a tipo fijo nos comprometemos a pagar siempre la misma cantidad y por tanto no tenemos el margen de maniobra de eventuales bajadas de los tipos de interés, aunque bien es cierto que nos blindaremos si éstos despegan como en los tiempos de la burbuja inmobiliaria.




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