De panes y peces a mascarillas y batas

Cuando la pandemia doblegue su primer envite –vendrán nuevas oleadas- ¿quién recordará que el sistema de salud no colapsó no por sus medios sino por el coraje de sus profesionales y el apoyo de la sociedad? ¿quién recordará que hubieron sanitarios que se construían batas con bolsas de basura? ¿y quién que la buena gente se organizó para fabricar todo el material que se pudo para proteger a la primera línea en la que estaban los enfermos y el personal sanitario? Esperemos que –al menos- la red o lo que dentro de unos años sirva para informarnos en la libertad vigilada que se nos viene encima, al menos decimos, recuerde pequeñas historias como esta.

A un lado del teléfono está la directora del Departamento de Pediatría de un gran hospital y al otro una compañera atándose los machos mientras la oye decir que en las próximas horas los compañeros de UCI tendrían que entran a ver los pacientes sin batas desinfectadas porque se van agotar. En el whatsapp de al lado y del otro lado y del otro están un grupo de cofrades de los que –como miles- dejaban este año la túnica por descolgar. En mitad de todo se veían las empresas cerradas, los ERTEs multiplicándose y los reponedores de los supermercados entrando más pronto y saliendo más tarde de lo que establecía su contrato. La necesidad dice que agudiza el ingenio pero eso es sólo en parte, para que eso ocurra es necesario que el personal no se arrugue, que al mal tiempo se le ponga buena cara, que a la desolación se le aplique el cataplasma del afecto cercano y que a la desesperanza se le sobreponga la Fe en la victoria.

Pues así resultó que de whatsapp a whatsapp y tiro porque me toca uno escribió que si le ponen por delante los patrones de mascarillas y batas de quirófano es capaz de cortalo con la precisión de un cirujano. Es el dueño de un taller de ropa infantil que echó la persiana a golpe de cerrojazo pero que la levanta sin apenas hacer ruido y sin encender la luz de neón que pone “Azul de colibrí”. Eso estaba bien pero faltaba el material, la logística, los pedales eléctricos de las máquinas de coser, las pantallas protectoras de la empresa “Aquidel”, la autoridad municipal extendiendo salvoconductos y la patrulla de la Guardia Civil dando escolta.

Busca y hallarás dice la máxima. Busca pero no de cualquier forma. Busca material aséptico, cintas resistentes y pliegues bien cerrados. Y buscando se halló que el plástico lo tenía la Cooperativa de agricultores del pueblo. Y buscando aparecieron metros de cinta en las mercerías cerradas. Y buscando se echaron a andar las máquinas de coser. Y luego llegaron los salvoconductos y la escolta de la Guardia Civil. Era como el sermón de la montaña pero cambiando los panes y peces por mascarillas, pantallas protectoras y batas de quirófano.
Se contarán muchas historias como esta. En ninguna de ellas será posible saber cuántas vidas se salvaron impidiendo la infección por virus pero en todas se contaron por arrobas las buenas obras. Esta que contamos fue la historia de un grupo de devotos de la Hermandad de Jesús Nazareno de Paradas, en plena campiña sevillana. Su trabajo sirvió para llevar material de protección a los hospitales Macarena, Virgen de la Merced y Valme. Las grandes victorias a menudo fueron la suma de pequeñas acciones decididas y valientes.

 




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